Hay noticias para las que nunca existen las palabras adecuadas. La muerte de Iván Sanz Cid, director general de la histórica bodega Dehesa de los Canónigos, ha dejado profundamente conmocionado tanto al sector vitivinícola como a la sociedad en general. El empresario vallisoletano, de 48 años, falleció este domingo junto a su mujer, Irene Garijo, de 45, y dos de sus hijos, de 17 y 14 años, en un devastador accidente de tráfico ocurrido en la autovía A-67, a la altura de Herrera de Pisuerga (Palencia). La única superviviente fue la hija menor del matrimonio, de nueve años, que fue trasladada en helicóptero al Hospital Universitario de Burgos, donde permanece estable dentro de la gravedad tras ser intervenida quirúrgicamente.
La noticia ha provocado una profunda conmoción no solo por la relevancia de Iván Sanz de la Ribera del Duero, sino por el inmenso drama humano que hay detrás de la tragedia. Una familia que regresaba de pasar unos días en Cantabria vio truncado su futuro en apenas unos segundos, dejando un vacío imposible de llenar entre quienes compartieron con ellos su vida personal y profesional.
¿Cómo ocurrió el accidente?
El accidente se produjo alrededor de las 16:20 horas de este domingo, cuando el Servicio de Emergencias 112 recibió el aviso de que un vehículo se había salido de la calzada en el punto kilométrico 83 de la A-67, en sentido Palencia. En el interior viajaban cinco miembros de una misma familia.
Según las primeras investigaciones, el todoterreno, un Ford Bronco de última generación, chocó contra la mediana antes de dar varias vueltas de campana y quedar detenido en el sentido contrario de la circulación. No hubo más vehículos implicados.
Las primeras hipótesis apuntan a un posible episodio de somnolencia o despiste del conductor, aunque será la investigación abierta por la Guardia Civil de Tráfico la que determine las causas exactas del siniestro.
Los equipos sanitarios solo pudieron certificar el fallecimiento de Iván Sanz, su mujer y dos de sus hijos adolescentes. La única superviviente fue la hija menor, de nueve años, evacuada en helicóptero al Hospital Universitario de Burgos, donde continúa ingresada.
¿Quién era Iván Sanz Cid?
A sus 48 años, Iván Sanz Cid representaba el relevo generacional de una de las familias más influyentes de la Ribera del Duero. Ingeniero técnico agrícola y formado también en dirección de empresas, había asumido la Dirección General de Dehesa de los Canónigos junto a su hermana Belén Sanz Cid, responsable de la Dirección Técnica y de Enología.
Ambos recogieron el testigo de sus padres, Luis Sanz Busto y María Luz Cid, con un objetivo claro, continuar con la esencia del proyecto familiar mientras impulsaban su crecimiento internacional.
Su paso por Estados Unidos le permitió adquirir una visión empresarial que resultó decisiva para abrir nuevos mercados y consolidar la presencia de los vinos de la bodega en más de una veintena de países. Quienes trabajaban con él destacan su discreción, su cercanía y una forma de entender el vino basada en el respeto por el viñedo y por la historia de su familia.
El sueño familiar que Iván Sanz estaba llamado a continuar
La historia de Dehesa de los Canónigos es también la historia de la familia Sanz Cid.
La finca, situada en Pesquera de Duero (Valladolid), pasó a manos de la familia Cid en 1931, aunque no sería hasta finales de los años ochenta cuando Luis Sanz Busto y María Luz Cid impulsaron definitivamente el proyecto vitivinícola que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes referentes de la Denominación de Origen Ribera del Duero.
Con el paso de los años, la bodega hizo de su filosofía, "Antes uvas que cubas", una auténtica declaración de principios. La apuesta por el viñedo, el cuidado extremo de la materia prima y una producción ligada a la finca permitieron convertir a Dehesa de los Canónigos en una de las casas más prestigiosas del panorama nacional.
Sobre ese legado trabajó durante años Iván Sanz, convencido de que la mejor forma de honrar el esfuerzo de sus padres era continuar creciendo sin perder la identidad que siempre había definido a la bodega.
Un futuro truncado
La pérdida resulta todavía más dolorosa porque llega apenas un año después del fallecimiento de Luis Sanz Busto, fundador de Dehesa de los Canónigos y padre de Iván.
Tras la muerte de su padre, Iván asumió el reto de ponerse al frente de la bodega familiar para continuar el legado construido durante décadas. Un futuro lleno de proyectos que ha quedado truncado por una tragedia que nadie podía imaginar.
A ello se suma el enorme drama familiar que deja el accidente. La pérdida de cuatro miembros de una misma familia y la lucha por la recuperación de la hija menor han convertido este suceso en uno de los más impactantes que se recuerdan en los últimos años en Castilla y León.
Una oleada de dolor en el sector del vino
Desde que se conoció la noticia, las muestras de cariño y condolencias no han dejado de sucederse. Instituciones, representantes políticos, bodegas, hosteleros, periodistas especializados y numerosos profesionales del sector vitivinícola han querido despedirse de un hombre muy querido y respetado.
El presidente de la Junta de Castilla y León, el ministro de Transportes, Óscar Puente, además de numerosos empresarios y restauradores, han trasladado públicamente su pésame a la familia.
No era únicamente el director general de una de las bodegas más importantes de la Ribera del Duero. Era también una figura habitual en ferias, encuentros gastronómicos y actos del sector, donde siempre defendió el valor del vino como parte de la cultura, el paisaje y la identidad de Castilla y León.
Un vacío difícil de llenar
Todavía resulta difícil asumir que un viaje de regreso a casa terminara de la forma más cruel. Queda una niña de nueve años luchando por recuperarse, una familia profundamente rota y una bodega que pierde a quien estaba llamado a liderar su futuro.
Mientras la Guardia Civil continúa investigando las circunstancias exactas del accidente, la Ribera del Duero despide a uno de sus nombres más representativos. En Dehesa de los Canónigos permanecerán para siempre el legado que Iván Sanz Cid ayudó a construir y el recuerdo de una familia cuya ausencia deja un vacío imposible de medir.









