El mirto es un arbusto de un color verde intenso con unas pequeñas flores blancas de estambres amarillos que, en otoño, se reemplazan por unas bayas azules comestibles. Además, desprende un aroma fresco y balsámico de lo más agradable. Pero no, la intención no es hablar de botánica, sino entender por qué esta planta se ha convertido en una tradición dentro de las novias de la realeza británica. Y es que, con un origen que se remonta al siglo XIX y que sigue vigente, con matices, son muchas las que llevan una ramita de mirto en su ramo de novia.
El origen de una tradición que llega hasta nuestros días
El punto de partida de esta tradición está en la reina Victoria. La monarca no solo fue una de las figuras más influyentes en la consolidación de la monarquía moderna británica, también marcó un punto de inflexión en el mundo nupcial. Cuando se casó con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha el 10 de febrero de 1840 en la Capilla Real del Palacio de St. James, llevó un vestido de novia blanco —algo inusual hasta la fecha—, se casó con unas zapatillas de ballet y una corona de flores de azahar decoraba su peinado.
Además, llevó un ramo de novia muy similar al bouquet que ahora eligen muchas prometidas, compuesto exclusivamente por campanillas de invierno. Esta especie, muy abundante en esa época del año, era la favorita del príncipe y, según la floriografía (la lengua de las flores, muy en boga en la época victoriana), tenía un significado muy especial. La campanilla de invierno simboliza la esperanza, pues rompe la barrera del frío y el hielo para anunciar los primeros indicios de vida nueva.
Aunque muchos piensan que ella fue la primera en incluir el mirto en su ramo, no fue así. Pero sí tiene mucho que ver en el origen de esta costumbre. En 1845, la reina Victoria recibió un manojo de mirto de manos de la abuela del príncipe Alberto durante una visita a Gotha, Alemania. Aquel mismo año, la pareja compró Osborne House como residencia de descanso en la Isla de Wight, y una ramita del ramillete original se plantó contra las paredes de la terraza, donde aún continúa creciendo.
Volviendo a la floriografía, el mirto adquirió un significado especialmente poderoso: amor duradero, fidelidad, matrimonio feliz y fertilidad. Un lenguaje perfecto para el relato idealizado de la vida matrimonial. Por eso no sorprende que cuando la hija de la reina Victoria, la princesa Victoria, se casó en enero de 1858 incluyera una ramita de esta planta en su ramo, iniciando así la tradición.
De Isabel II a Meghan Markle: ellas incluyeron mirto en sus ramos
Desde ese momento, el mirto de Osborne House se ha convertido en una especie de "planta dinástica". De él se han tomado esquejes para diferentes ramos de novia de la familia real a lo largo de generaciones, convirtiéndolo en una especie de hilo invisible que conecta a las prometidas desde hace más de un siglo y medio.
Una de ellas fue Isabel II. Aunque las orquídeas blancas fueron las grandes protagonistas de su ramo, esta composición también incluía una ramita de mirto, igual que lo haría el diseño en cascada y de tamaño XL de Diana de Gales. Ambas composiciones, aunque muy diferentes entre sí, fueron creadas por el mismo florista, Doris Wellham. El de Lady Di también tenía orquídeas, rosas, gardenias, fresias y lirios.
La elección de la actual princesa de Gales marcaba un punto de inflexión en los ramos que, hasta ese momento, habían llevado las royals. No tanto por su diseño, como por su tamaño. Se decantó por una composición de lirios del valle, jacintos, hiedra y mirto. El ramo fue creado por Shane Connolly, que también diseñó el de la reina Camilla. En una entrevista concedida a ¡HOLA!, el florista irlandés explicaba que ninguna de las dos necesitaba impresionar a nadie, y por eso creó para ellas diseños sencillos. En cuanto al tamaño, se decantó por bouquets pequeños porque, aseguraba, nunca le han gustado los grandes por lo incómodos de llevar que resultan para la mayoría de mujeres.
Una de las últimas en seguir esta tradición fue Meghan Markle. Se decantó por una composición creada con algunas flores que el príncipe Harry recogió en el jardín privado del palacio de Kensington –aunque luego la florista Philippa Craddock fue la encargada de dar el toque final al arreglo–. Entre ellas había arvejillas aromáticas, jazmín, astilbe, astrantia y lirios del valle. También mirto, y una flor muy especial: nomeolvides, la favorita de Diana de Gales.









