Ana Garcés se convirtió en uno de los rostros más queridos de la televisión gracias a su papel de Jana Expósito, una joven que llegaba a La Promesa con un claro objetivo: vengar a su madre y a su hermano. Durante más de dos años, los espectadores siguieron su intensa historia de amor con Manuel (Arturo García Sancho), sus secretos familiares y todas las tragedias que marcaron a uno de los personajes más importantes de la exitosa serie diaria de La 1. Por eso, cuando su personaje moría de forma dramática en brazos de su marido, embarazada y después de recibir un disparo, muchos fans no lograron entender por qué la actriz había decidido abandonar la ficción en uno de sus mejores momentos. Ahora, más de un año después, la intérprete ha roto su silencio y ha explicado qué había realmente detrás de aquella inesperada salida.
No es fácil que un personaje cale de esa manera en el público, pero ella lo consiguió. Sin embargo, el éxito no lo es todo. La actriz ha desvelado que su marcha estuvo motivada por su deseo de seguir progresando en su carrera y por la necesidad de abrir una nueva etapa profesional, aunque eso implicara asumir un enorme riesgo. “Yo ya quería como ver mundo. Había estado dos años y medio ahí, ya me había hecho ‘mayor’”, ha contado en el pódcast Mister Chaise Longue, presentado por el actor Nacho Guerreros, al recordar su decisión de dejar la serie que cambió su vida.
Lejos de tratarse de una decisión impulsiva o marcada por conflictos internos, la intérprete reconoce que sentía la necesidad de explorar otros registros y enfrentarse a nuevos retos. “Quería probar cosas nuevas, ilusionarme también por otros proyectos”, pese a encontrarse plenamente feliz dentro de la serie. “Es verdad que en La Promesa yo estaba genial y me podía haber quedado eternamente. Pero también creo que, a veces, hay que dar saltos al vacío y jugársela”, ha asegurado.
Y eso fue exactamente lo que hizo. La actriz desvela que dejó atrás el personaje de Jana sin tener ningún proyecto cerrado en ese momento. “Di un salto al vacío sin saber lo que iba a suceder. Luego, afortunadamente, me fue bien también. Pero no tenía nada cuando yo salí”, ha confesado con honestidad.
Una decisión especialmente valiente si se tiene en cuenta que La Promesa no solo se había convertido en un fenómeno televisivo, sino también en el proyecto que la descubrió e hizo despegar su carrera. Antes de fichar por la serie de época de TVE y como contó a ¡HOLA!, Ana había estudiado Arte Dramático y se había mudado de su Valladolid natal a Madrid persiguiendo el sueño de convertirse en actriz. Mientras acudía a castings, trabajaba en una tienda de ropa para poder pagar el alquiler hasta que apareció la oportunidad que lo cambió todo: Jana Expósito.
La intérprete recuerda además que nunca había estado en un rodaje antes de La Promesa y que llegó a hacer hasta cinco pruebas antes de conseguir el papel protagonista. Lo que no imaginaba entonces es que acabaría formando parte de una de las ficciones más exitosas de los últimos años y creando un vínculo tan fuerte con sus compañeros, con los que estuvo más de 550 capítulos. “Somos muy familia”, ha explicado sobre el ambiente que se vivía tras las cámaras.
“Una diaria es como la vida, nunca sabías qué iba a pasar”, ha relatado, destacando la intensidad del rodaje y el aprendizaje constante que supuso. Aun así, asegura que no quería acomodarse. Y aunque despedirse de Jana fue difícil, sentía que necesitaba seguir creciendo fuera de la serie.
Tras su salida de la producción de época de La 1, la actriz ha comenzado una nueva etapa con proyectos como Oasis, la serie de Netflix producida por Bambú Producciones y rodada en Tenerife, un thriller con ecos de The White Lotus que marcará un cambio de registro en su carrera y que llegará el 19 de junio a nuestras pantallas. Además, también ha cumplido otro de sus objetivos profesionales: subirse a los escenarios con la obra Panorama desde el puente, algo difícil de compaginar con el ritmo de una ficción diaria.
Ahora, mientras en La Promesa la trama en torno a la muerte de Jana vuelve a cobrar fuerza —tras descubrir Pía (María Castro) que Cruz (Eva Martín) no fue la responsable, sino que Leocadia (Isabel Serrano) es en realidad Mercedes del Amor, la verdadera asesina—, Ana Garcés sigue demostrando que está decidida a construir su camino lejos de su zona de confort, aunque para ello tuviera que arriesgarlo todo sin ninguna garantía.











