Si hay un escenario capaz de dar grandes historias, ese es, sin duda, un colegio. Aulas, pasillos, reuniones de padres, profesores que dejan huella y alumnos que lo cambian todo… Barrio Esperanza, la nueva serie de La 1, parte de ese universo tan reconocible para construir una comedia social con humor ácido, emoción y mucho que contar. La ficción, que llega este domingo al prime time de la cadena, se adentra en el día a día de un centro público donde nada es tan sencillo como parece. Porque más allá de las clases y los horarios, lo importante ocurre entre las personas que forman parte de ese lugar: relaciones, conflictos, segundas oportunidades y decisiones que pueden marcar una vida entera.
La producción, que consta de ocho episodios, se mueve entre la redención, los prejuicios sociales, la convivencia y la realidad de la enseñanza pública con sus tensiones, sus contradicciones y también sus momentos divertidos, y lo hace invitando a la reflexión sobre todo lo que ocurre dentro y fuera del aula y que acaba marcando la vida de sus personajes.
En el centro de todo está Esperanza, el personaje al que da vida Mariona Terés. No es una profesora cualquiera ni llega a las aulas por un camino fácil. Su historia arranca lejos de la pizarra con fallos, malas decisiones y una vida que se le fue torciendo poco a poco. No fue una joven ejemplar y se equivocó en todo: con el novio, con las compañías y también en la forma de ganar dinero fácil. Un error tras otro que terminó llevándola a prisión por un delito relacionado con el tráfico de drogas.
Pero es precisamente ahí donde todo cambia. Durante su condena, lejos de rendirse, decide aprovechar el tiempo: estudia Magisterio, se prepara las oposiciones y consigue sacarlas adelante, lo que le brinda una oportunidad que nunca había tenido. Cuando recupera la libertad, lo tiene claro: siente que tiene una deuda pendiente con la gente de su barrio, el lugar en el que creció y al que ahora quiere devolver algo. Por eso decide regresar y empezar de nuevo como profesora en su colegio de toda la vida.
Sin embargo, partir de cero no es tan sencillo. A su llegada al CEIP Barrio Esperanza, su entusiasmo se topa rápidamente con los prejuicios del claustro, una comunidad desconfiada y una clase de alumnos tan rebeldes como impredecibles. Demostrar que merece estar allí se convierte, desde el primer día, en su mayor reto. Además, tiene una misión clara: ayudar a todas esas “Esperanzas niñas” que corren y juegan por el patio, que tienen sueños, anhelos y miedos, como ella los tuvo, para que, llegado el momento, tengan las armas necesarias para escoger un camino diferente al que ella tomó. “Como su nombre dice, es un personaje muy esperanzador, que se agarra y se aferra a la segunda oportunidad que ha tenido con mucha vocación, amor y empatía”, explicaba Terés en la rueda de prensa de la serie.
Su incorporación al centro no solo cambia su vida, también altera el equilibrio de todo el colegio. Porque su presencia no pasa desapercibida en un entorno donde cada gesto cuenta y donde la confianza no se regala fácilmente. Entre pasillos, clases y reuniones, pronto queda claro que no todo el mundo está dispuesto a darle una bienvenida fácil.
En esta nueva etapa tampoco la ayuda el peso de las heridas del pasado con su madre Juana (Carmen Balagué), que no pone fácil la reconciliación, su exnovio Lucho (Javier Pereira), que pone a prueba su estabilidad, y todo aquello que dejó atrás antes de entrar en prisión.
La protagonista no llega sola a este nuevo comienzo. En el colegio se encuentra con un claustro tan diverso como lleno de contrastes, donde cada profesor aporta una mirada distinta sobre la enseñanza… y sobre la vida. Uno de los primeros en cruzarse en su camino es Jerónimo “Jero” Caballero. Es el director del centro y vive pendiente de los números, la imagen y su posible ascenso dentro de la Consejería de Educación. Orden, control y estrategia son sus tres pilares, aunque la llegada de Esperanza le obliga a replantearse más de una certeza. "Tiene mucho que aprender de ella", aseguraba Alejo Sauras, encargado de darle vida en la pantalla.
En el otro extremo está Don Antonio, interpretado por Mariano Peña. "‘Chapado a la antigua’, pero "muy entrañable, perfectamente reconocible y lleno de ternura”, explicaba el protagonista de Aída. A punto de jubilarse, representa la vieja escuela en todos los sentidos: experiencia, carácter y una forma de enseñar que ha resistido a todas las reformas educativas posibles. Para él, el aula es territorio conocido… aunque los tiempos ya no sean los mismos.
Claudia (Ana Jara) también forma parte del equipo como profesora de Infantil, es idealista, cercana y está convencida del poder transformador de la educación emocional, aunque el día a día en clase pondrá a prueba más de una de sus convicciones. Manu, al que encarna Guillermo Campra (Águila roja), aporta el punto más joven de los docentes. Profesor de Gimnasia, conecta fácilmente con los alumnos y se mueve con naturalidad en el patio, aunque no siempre encaja con la rigidez y la burocracia del centro. Completa el claustro Fátima (Laura de la Uz), cubana, directa y sin filtros, cuenta con una larga experiencia a sus espaldas. Su paso por contextos mucho más duros le da una visión muy distinta del sistema educativo, más cruda… pero también muy humana.
Más allá de los profesores, el día a día del colegio tampoco se entiende sin quienes lo sostienen desde dentro. Sin duda, uno de ellos es Gus (Ángel Héctor), el conserje de toda la vida. Guardián de las llaves, los pasillos y también de los pequeños secretos del centro, conoce cada rincón como si fuera su propia casa y se convierte en una figura imprescindible en la vida escolar. A él se suma Mar (Ruth Núñez), la jefa de cocina, encargada de que el comedor funcione a diario con recursos ajustados, convirtiendo ese espacio en otro punto clave de convivencia. A este microuniverso se suma Ricardo Cubillo (Juan Vinuesa), presidente del AMPA y padre hiperimplicado, cuya relación constante con la dirección del centro convierte cualquier decisión cotidiana en un posible conflicto colectivo.
Y si los adultos marcan el ritmo del centro, los alumnos lo transforman todo. En Barrio Esperanza los niños no son un simple telón de fondo, sino una parte esencial de la historia con sus propias emociones, conflictos y miradas sobre el mundo. Entre ellos destaca Nayeli (Chloe con H), una niña con altas capacidades que teme ser rechazada por ser diferente; León (Tian Tosas), sensible y afectuoso que vive con dificultad la separación de sus padres; y Martina (Nia Tosas), hija del presidente del AMPA, que crece bajo la presión de unas expectativas que no siempre le dejan ser niña. A través de ellos, la serie abre la puerta a temas como la diversidad, la inclusión, las familias en transformación o la necesidad de sentirse visto y escuchado, sin perder nunca el tono cercano y cotidiano del entorno escolar.
La infancia es una etapa que nos marca a todos. Somos como somos por esos primeros años de vida que nos fueron modelando y, también, por esos maestros que, en algún momento, nos hicieron creer en nuestras capacidades, que nos enseñaron, no nos dejaron tirar la toalla y nos hicieron sentir que podríamos alcanzar todo lo que nos propusiéramos. Y precisamente, esta comedia familiar de tono vitalista, pretende ser un homenaje a todos esos "héroes y heroínas sin capa que nos han marcado”, afirmaba Antonio Sánchez Olivas, creador de Barrio Esperanza junto a Iván Escobar (Vis a Vis).
Porque Barrio Esperanza convierte el día a día de un colegio público en mucho más que una serie: en un reflejo de la vida misma, donde cada historia, dentro y fuera del aula, deja huella.



















