Solo tiene una "adicción" —al trabajo—, pero es lo que tiene el "gen" de los Herrero. "Nos gusta demasiado", nos confiesa la periodista y escritora Nieves Herrero. Tras más de tres décadas en una profesión —la comunicación— que le fascina, tan solo echa en falta dos cosas: "Tiempo y manos para poder escribir todo lo que me atrae de nuestra historia reciente". Nadie lo diría, viendo algunos de esos libros —como Carmen o Lo que escondían sus ojos— en los que ha narrado la vida de algunas de las mujeres que han marcado época en España.
En esta ocasión, Nieves 'ha rescatado' a Fabiola de Mora y Aragón, la aristócrata madrileña que llegó a ser Reina de los belgas y conquistó el corazón del Rey Balduino. "En mi libro —nos advierte—, la realidad parece ficción y la ficción parece realidad. Todo esto que yo cuento de Fabiola es muy alucinante", nos asegura, mientras nos abre las puertas de su casa —y de su mundo— para contarnos los secretos de esta nueva novela.
Nieves, ¿por qué decidiste 'rescatar' esta historia ahora?
Es un personaje por el que yo siempre he sentido mucha atracción. Me da mucha rabia que pase el tiempo y olvidemos. Se trata de la primera mujer española que entra a formar parte de una Casa Real sin ser princesa ni tener sangre real. Abrió camino a otras mujeres que vinieron detrás. Fue pionera en muchas cosas, pero lo más importante era el corazón que tenía, era una bellísima persona. Se había formado como enfermera, cuidaba ancianos, en su casa hacía cola gente necesitada para pedir ayuda… La descubro como ser humano incluso antes de casarse con el rey. Dice mucho de ella que cuando una monja irlandesa le propone casarse con el rey Balduino (después de mucho hablar con él habían llegado a la conclusión de que se debía casar con una española y católica), que era la persona idónea... A ella aquello le pareció un engaño porque decía que, precisamente, por ser tan religiosa jamás se casaría sin estar enamorada. Dice: yo no me voy a casar con un rey, me voy a casar con un ser humano, con un hombre, esto era lo verdaderamente importante para ella. Lo más bonito que tengo de este libro es haber descubierto el ser humano que se esconde detrás de la reina de Bélgica, porque es una española muy bien formada, hablaba muchos idiomas, se interesaba por lo que pasaba en el mundo y a su alrededor. Cuando se casó y se fue a Bélgica, todo el mundo se alegró. Fue algo inesperado. Su madrina era la reina Victoria Eugenia de Battenberg, y ella conoció a Balduino en una intervención que tuvo la reina y que Balduino también estaba hospitalizado y ahí se conocieron, pero ella lo descartó. A ella le gustó el rey, pero lo descartó porque no estaba a su nivel social… Ni lo pensó. En otra ocasión, acompañó a la Infanta Pilar, que era la nieta de Victoria Eugenia, también a un acto social con el fin de que conociera a su nieta el rey Balduino, porque estaba convencida de que el rey pues podía emparentar con alguna. Y, claro, fue sorpresa para todos... No pasó nada porque la infanta Pilar y el rey Balduino no congeniaron. La infanta muy deportista y el rey siempre muy religioso. Ahí no hubo ninguna conexión, pero sí que es cierto que cuando ella se opone a un 'sí' abierto, no se oponía a conocerle y a ver si surgía el amor. Tuvieron diferentes encuentros. Siempre conectaron porque eran dos seres espirituales, muy religiosos. Conectaban rezando, por ejemplo, fueron dos veces a Lourdes. Y fue precisamente la segunda vez que fueron a Lourdes cuando ella ya le dijo que sí, pero después de haberle ido a conocer a Bruselas, quedar en la casa de la de la ex monja irlandesa, Verónica O Brien... Parece una película. Hay que ponerse en la época 1960. El rey Balduino tenía 29, 30 años. Él se casa con 30, ya era adulto para casarse, y ella con 31. Entonces tenía muchos problemas con el Congo que en ese momento adquiere la independencia. Entre problema y problema, él sabe que un rey tiene que dejar un legado, tiene que dar continuidad a sus apellidos y sabía que se tenía que casar… Además, el el pueblo belga, el gobierno belga le empujaba mucho a que lo hiciera. Entonces ya cuando se decide pide ayuda a al obispo Suenens le dice que él se sentiría cómodo con una persona que fuera española y católica y tiran de Verónica O Brien, que señala a Fabiola al venir a España.
Yo me imagino esa Fabiola con 30 cuando empieza todo esto, que se quedara con la boca abierta. Tuvo incluso que llamar al nuncio de Su Santidad en España porque creía que todo esto era como una mentira. Ella se queda como en shock explicando que lo primero que hay que hacer es conocerse, a ver si sintonizamos, y a partir de ahí, empiezan sus viajes a Bruselas, pero, claro, las mujeres en los años 60 no podían viajar si no tenían el permiso paterno o de una figura masculina. En este caso era su hermano mayor, el marqués de Casa Riera, porque el padre había muerto hacía un año. Tenía que inventarse unas cosas increíbles, pero la propia Iglesia le ayudaba. La hermana de Balduino era la duquesa de Luxemburgo y estaba en el ajo, y tenía una hermana, la pequeña Mariluz, que sabía lo que estaba ocurriendo, pero el resto de la familia no sabía nada porque no podía trascender. Incluso cuando ella ya lo comunica, se retrasa por el tema de la independencia del Congo, pero ella ya se lo había dicho a la familia. A todos, menos a Jaime de Mora.
A la 'oveja negra'
Claro, porque, cuando se destapa todo, hay un interés mediático, yo creo que muy similar al que despertó Diana de Gales o la reina Letizia… Todo el mundo quería saber algo de esta mujer tan desconocida. Las colas de periodistas en la casa, en el palacete de Zurbano, eran inmensas. Allí estaban los periodistas mañana, tarde y noche. Y a Jaime Peñafiel y a Jesús Hermida, no se les ocurre otra cosa que dar 500 pesetas de las de los años 60 a Jaime de Mora para que les deje entrar en su habitación y les deja solos. Jaime Peñafiel abre un cajón, ve 'Mi diario' y lo coge. Me llamaba el otro día Jaime porque le mandé el libro y dio las gracias por esas 17 páginas, porque me decía: es tal cual lo cuentas. Acabó Jesús Hermida en el calabozo y Jaime Peñafiel durante toda la noche en comisaría, porque se armó una… A todo esto, la prensa no sabía nada de que se había robado el diario y que se había producido un desencuentro diplomático entre España y Bélgica. Franco dijo: "Aparece o aparece". Tiene que aparecer sí o sí. Al final se supo dónde estaba el diario y todo se silenció, pero estuvo a punto… Fíjate lo que te digo. Si se hubiera sabido el contenido del diario con todo este plan tan surrealista, porque hoy no pasa nada por saberlo, pero en aquella época yo creo que hubiera sido un escándalo. El tema de las exclusivas era muy potente. Yo creo que hoy lo sigue siendo, pero creo que, poco a poco, la vida nos ha ido enseñando a que hay temas muy íntimos que no pueden salir, pero no fue tanto como por romper una intimidad como por conocer a un personaje del que nadie sabía nada.
"El tema de las exclusivas era muy potente. Yo creo que hoy lo sigue siendo, pero creo que, poco a poco, la vida nos ha ido enseñando a que hay temas muy íntimos que no pueden salir"
Ese diario, ¿se sigue conservando?
Ese diario lo cogió Fabiola y se lo llevó. Ese diario dudo que exista ya, pero sí que la historia de amor de ellos fue tan potente... Tenía muchísimos sobrinos y cuando llegaban a veranear en Motril, en Granada, de la casa se tenía que ir el servicio, alquilar una casa al lado porque había más de 100 personas que se iba con la familia. Tenían que poner turnos para desayunar, para comer, para la piscina… para todo, pero les encantaba estar en familia. Y los sobrinos pasaban mucho tiempo también en el Palacio de Laeken con su tía, que era muy niñera. Fabiola escribió escribió cuentos para sus sobrinos y lo hacía muy bien, por cierto. Fue una reina muy comprometida con los más desfavorecidos, y yo creo que eso es lo que realmente enamoró también a Balduino. Él se quedó huérfano, siendo muy pequeñito, porque su madre muere en un accidente de tráfico, siempre se especuló si había estado enamorado de la madrastra… Y que era por eso que no se casaba, pero, en realidad, él estaba muy en shock desde que murió su madre. La madrastra para él fue su segunda madre. Era tan religioso que creían todos que se iba a meter a cura. Y ella, Fabiola, tan religiosa que creían que se iba a meter a monja porque todos sus hermanos se habían casado. Excepto ella.
Ahora casarse a los 30, no es tanto… pero en aquella época, se consideraría tarde
Hombre, la gente se casaba con 18, 19, 20, 21… Pero con 30 ya eras una mujer muy hecha, ¿sabes? Ella decía que su ilusión era tener hijos. La gran frustración de Fabiola fue no dar un heredero a Balduino y lo intentó cinco veces, tuvo cinco abortos. Ya la última vez peligró la propia vida de Fabiola y no pudo ser.
Incides mucho en lo de que Fabiola siempre se mantuvo firme, que se casaría por amor. Aunque fuese muy devota, ¿ese punto de rebeldía a su manera?
Ella ya tenía un carácter y una personalidad muy, muy fuerte. Ella no se iba a casar sin amor, lo tenía clarísimo. Ya había dicho que no a un pretendiente que tuvo muy joven para irse a Washington a vivir con él, que era diplomático, y dijo que no sobre todo también porque no estaría enamorada, pero sobre todo porque ella era muy familiar y no iba a abandonar a su familia. De hecho, otro de los hándicaps que tuvo cuando surge todo esto es que no iba a abandonar a mi madre porque ya había muerto su padre y ella cenaba todas las noches con ella. Fíjate si era pionera, que no vivía en el palacete. Luego, cuando se supo todo, volvió al palacete, pero vivía con la cuñada de su hermano mayor y vivía con Pilar Sástago en un piso en Bárbara de Braganza. Antiguamente no era tan fácil que las mujeres que no se habían casado se fuesen a vivir con una amiga. Se llevó además muchos cuadros de su casa. Eran muy amantes de la pintura. Cuando Verónica o’Brien llega de Bélgica para visitarla y conocerla y hacerle esta propuesta se encuentra con un cuadro que ella había soñado la noche anterior y se quedó petrificada. Dijo: 'Verónica, esta es una señal, este es el cuadro de mi sueño'. Entonces... bueno, estas cosas que pasan es una novela donde la ficción, como te digo, y la realidad, la columna vertebral, es esta historia tan increíble de Fabiola de Mora y Aragón, pero se da la mano con la ficción, con mi detective, Margot San Peters, que también pertenece a la alta sociedad y conoce a Fabiola. Va a ayudarla en determinados momentos donde tiene que resolver dos casos: una desaparición inquietante de una mujer de alta sociedad que lleva cinco años ausente; y por otro lado, un asesinato que se produce casi al final del libro y que tiene que resolver. Y también ella va a ayudar al Comisario a resolver este conflicto entre países por el robo del diario del diario. Ella va a tener clarísimo que habían entrado periodistas y que el hermano estaba detrás. Fabiola retira el saludo y la palabra a su hermano y es el único que no fue a la boda. Sí que es cierto que al final de su vida Fabiola lo perdonó y habló con él, pero para ella fue como algo increíble que un hermano abra las puertas y deje entrar en su habitación y que de hecho se cojan sus pertenencias. Aquello fue…
Todo un escándalo en la época
Bueno, como estaba la censura, en lo que se centraron fue en la boda de la reina Fabiola, o sea de Fabiola de Mora y Aragón. Y en este caso se echó tierra encima, lo que pasa que se supo entre la prensa y de hecho se hizo una foto para que quedara constancia, porque claro, los periodistas también se tenían que cubrir las espaldas. Se hizo una foto haciendo entrega del diario.
Y también hablas de la tiara 'falsa' que le regaló Carmen Polo
En nombre de todo el gobierno y del pueblo español. Una tiara que compró Carmen Polo a un anticuario. Era una tiara muy bonita, con esmeraldas y rubíes. Me contó Carmen Franco y sale mi libro, Carmen (y aquí lo he puesto, porque claro, es que es un tema interesante), que fueron inmediatamente, al saberse la noticia… Para el gobierno de Franco era importante que una española se casara con el rey belga. El país estaba en este momento abriéndose hasta el punto de que Eisenhower, el presidente de Estados Unidos, visita España después de que se le dejase instalar bases norteamericanas en el suelo español. Vienen los reyes de Tailandia y justo una española se casa con el Rey. Pues eso, para España, era importante, así que le hicieron un regalo en nombre de todo el pueblo español. Ella prometió ponérsela la noche de gala anterior a la boda y los joyeros belgas evaluaron todo lo que ella trajo de España y le dijeron que las piedras no eran lo que parecían y que eran falsas. Entonces se quedó la cosa muy… Pero ella, a pesar de eso, se puso la tiara porque era el regalo del pueblo de España. Y, con el tiempo, les dijeron a Carmen Polo y a Carmen Franco, con la que tenían más relación, lo que había pasado. Inmediatamente Carmen Polo sustituyó las piedras preciosas por unas auténticas, pero este episodio nunca se supo. Se quedó ahí. O sea, no se supo y se llevó con discreción, y entonces entendieron lo que había pasado y es que esa corona la compró el anticuario a unas monjas de un convento que habían vendido piedra a piedra y las sustituyeron por otras falsas para subsistir durante la guerra.
¿Cuánto te lleva a hacer cada novela? Porque están muy bien ambientadas
Tengo que decirte una cosa. Como es una época muy determinada, la tengo muy estudiada. Tengo mucha documentación del final del XIX, principio del XX, todo hasta Segunda Guerra Mundial, Posguerra, todo lo que 60, 70… Todo lo que es el siglo XX a mí me atrae. Yo, por ejemplo, estuve en el Congreso de los Diputados el día que juró la princesa Leonor la Constitución porque sabía que era una página de la historia. Me gusta estar presente en momentos clave para para la historia de nuestro país. Escribí un libro que se llama Leonor. Ha nacido una reina cuando ella nació junto a Almudena de Arteaga. La sigo muy de cerca y la miro 'con lupa'.
"No pido dinero, programas… yo lo que pido es vida para escribir páginas de la historia que probablemente a lo mejor otros escribirán, pero a lo mejor no y se pueden perder"
¿Podemos esperar entonces una nueva novela sobre Leonor?
No lo sé, no lo sé, pero yo he seguido con lupa a la Reina Sofía, a la Reina Letizia, por supuesto, al rey Felipe, con el que he coincidido en muchos lugares, sitios y afortunadamente sí que he podido hablar con él. Con la Reina Sofía también. Ambas reinas también han sido muy generosas conmigo, han estado siempre, hemos podido conversar. Entonces yo procuro no perderme porque los miro con otros ojos. No miro para contar inmediatamente lo que acaban de decir, no… yo lo estoy mirando con los ojos del que está siendo testigo de ese momento de la historia. A mí lo que me gusta es yo estaba ahí y pude ver lo que pasó, cómo fue, qué ocurría, qué no, quién aplaudió… Porque luego los libros históricos no lo detallan tanto. ¡Me faltan tiempo y manos para escribir todo lo que me atrae de nuestra historia reciente! Hay tantas cosas que todavía tienen que ver la luz, que yo sólo pido a Dios vida… No pido dinero, programas… yo lo que pido es vida para escribir páginas de la historia que probablemente a lo mejor otros escribirán, pero a lo mejor no y se pueden perder. Entonces mi agobio es: ay, esto se tiene que saber… Me encanta rescatar mujeres de la historia. Sobre todo, quitar el polvo del tiempo y rescatarlas de un olvido injusto. Eso me da mucha rabia.
Hay muchas historias que se quedan en el olvido…
Es que en cuanto pasan 50 años, ya hemos olvidado. Pero, vamos, ponle diez, cinco años… de repente, las nuevas generaciones te preguntan quién era a lo mejor un cantante que hace diez años era lo más… Es que el tiempo es implacable, pero, a la vez, terriblemente injusto. Se olvida muy rápido. Me gustaría parar el tiempo, que es lo que hago con cada novela. Porque, por ejemplo, también con Margot yo estoy contando la historia de una periodista que colabora con la policía y que se hace detective. Y en realidad sí me inspiré en Margarita Landi, pero me he inspirado en todas esas mujeres periodistas que abrieron otros caminos para los que estábamos llamados a escribir. Nosotras, teníamos que escribir de moda sí o sí, o de asuntos muy sociales muy de… Y, de repente, hay mujeres que se salieron de ese carril, se metieron en política, en economía, en deportes, en toros… Salieron al extranjero o se metieron en sucesos y colaboraron con la policía porque no había mujeres policías hasta el año 79. Entonces también abrir esos melones me gusta mucho porque es retratar una sociedad donde las mujeres pues estaban abocadas sobre todo a casarse, porque si no eran solterona… casarse con amor era lo de menos, la posición social lo más importante. Esas mujeres que iban rompiendo esos clichés, a mí me encantan.
En tu caso, cuando empezabas, notabas esas cosas… como mujer, ¿has visto un avance en la profesión?
¿Sabes qué me pasa? Que yo he estado rodeada de hombres tan grandes... pero, evidentemente, mis jefes eran hombres. Salvo una mujer que fue mi jefa en Radio Nacional y luego ya vino también un director. Yo he tenido solo hombres a mi alrededor, jefes y todos eran tan generosos, tan extraordinarios... Qué te voy a decir de Tico Medina, de Jesús Hermida, Manolo Martín Serrat, Ramón Pradera, Pepe Cavero... He tenido mucha suerte porque todos mis jefes han sido grandísimos periodistas, y lo primero que me encuentro nada más empezar en periodismo es con un señor que ya había triunfado en la tele que se llamaba José María Íñigo y que me dijo que si quería ser su redactora jefe. Yo tenía veintipocos y en una revista de aviación. Le dije que sí y yo no sabía ni cómo era el avión, igual que cuando estuve en una revista de deportes y el director me dijo que tenía que entrevistar al pichichi. Y mi Google en ese momento era mi padre. Yo le llamaba y le decía: '¿Pero ese quién es?' No tenía ni idea de que era el máximo goleador. Hoy ya lo sabemos. Fue una época donde me dieron muchas manos, grandes hombres, y yo solo les conocía por entrevistarles… a Jesús yo le hice una entrevista y él entonces cuando llega a Antena tres Radio me llama.La vida me ha dado muchas oportunidades porque no he caído al lado de nadie que fuera impresentable y si he caído en manos impresentables, lo he olvidado.
Tampoco te has puesto límites
Bueno, sobre todo que si sabía que tenía que entrevistar al presidente de una compañía aérea, yo, cuando me enfrentara al personaje, iba a saber todo de esa compañía. Yo he aprendido mucho y sigo aprendiendo. No hay día que no aprenda de algo y estoy en la profesión que amo. Soy adicta al trabajo. Es verdad, lo confieso. Tengo una adicción brutal. Me encanta estar en el ordenador, escribir, ponerme delante de un micrófono, delante de una cámara... no me canso. No sé lo que es eso de 'qué cansada estoy'. Sólo deseo que esa curiosidad no me falte nunca porque eso es signo de que tengo ilusión por vivir. Si eso me faltara, yo creo que empezaría a morir poco a poco. Hay que aprender que vivir es toda una aventura. No hay mayor aventura que el aber que pasan cosas a tu alrededor y eres capaz de detectarlas, tampoco hay un tema pequeño, ni ni tema menor.
Pero ninguna de tus hijas siguieron tus pasos, ¿a ti te haría ilusión que la tercera generación quizá continúe? Aunque son todavía muy pequeños
Mis dos hijas tenían mucha vocación de escritoras. Las dos son muy lectoras y escriben requetebién. Ambas están escribiendo novelas que yo les digo que algún día tienen que ver la luz. Fui yo la que les aparté, porque les dije: tenéis que prepararos con algo que os dé un conocimiento que no tengan los demás porque vais a entrar en un mundo muy competitivo. Formaros en otra profesión y luego hacemos periodismo porque os van a convalidar muchas asignaturas. Entonces una, Blanca, hizo Administración de Empresas y Derecho; y Ana, Administración de Empresas en inglés. Les dije que había que trabajar desde el primer curso, aprendiendo desde cero y se pusieron a trabajar. Son tan jovencitas y trabajan mucho... Y digo: Caray, ya estamos con el gen de los Herrero, porque yo veía a mi padre todo el día haciendo números... Tenemos un 'problema' y es que nos gusta mucho el trabajo... Y la tercera generación... Pues no lo sé porque Nico, que tiene cinco años, y yo escribimos muchos cuentos, alguno volverá otra vez a ver la luz. Siempre jugamos a hacer cuentos o a leerlos, y la chiquitina, Olivia, tiene su propia biblioteca a la que va y coge cuentos para que yo se los lea.









