Sandra Miró (nacida en 1997) pertenece a la nueva generación de autoras de novela romántica que han hecho de la emoción y la vulnerabilidad su sello personal. Hija de la escritora Megan Maxwell, ha crecido entre libros e historias, pero ha construido su propia voz literaria lejos de la sombra de su apellido. Con siete novelas publicadas y un ritmo de trabajo de dos libros al año, se ha consolidado como una autora prolífica dentro del género. En su nueva obra, “Un beso al aire”, que publicará el próximo tres de junio, da un paso más hacia una narrativa más íntima y emocional, centrada en los sentimientos, las pérdidas y la forma en la que amamos.
Su escritura combina sensibilidad, disciplina y una clara voluntad reivindicativa, abordando temas como la identidad, el feminismo o el colectivo LGTBIQ+. En paralelo, defiende el esfuerzo constante detrás del éxito editorial, más allá del apellido familiar, y la construcción paciente de una carrera propia. Hoy, con su nueva novela a punto de publicarse, Sandra se reafirma como una voz joven en crecimiento dentro de la literatura romántica contemporánea, marcada por la emoción y la honestidad.
Estamos a las puertas del 3 de junio y en 'Un beso al aire' afirmas que 'querer a alguien es aceptar que tienes algo que perder'. ¿Sientes que en esta obra estás arriesgando más de tu propia esencia o es que, finalmente, el miedo al 'qué dirán' ha quedado en el olvido?
Yo creo que, de cara a la publicación, arriesgas en todo momento con cada obra. Al final, publicar es tirarte a la piscina sin saber si va a haber agua o no; para mí este es un riesgo, el siguiente lo será y el próximo también. Pero en este sí veo una diferencia: Un beso al aire es mi novela más emotiva. He ahondado mucho más en los sentimientos y espero que los lectores y las lectoras la disfruten.
Siempre has reivindicado esa faceta tuya de mujer decidida y sincera que no se calla ante las verdades incómodas. ¿Es Gabriela un reflejo de esa 'Sandra atrevida' o has preferido distanciarte de tu propia voz al construir a la protagonista?
No soy 100% Gabriela, pero sí que tiene alguna cosilla de mi personalidad. En todos mis personajes hay cosas mías, pero siempre considero que son más valientes de lo que yo soy en mi vida normal; le echan más ganas a todo. En cierta manera, aprendo mucho de ellos mientras los estoy creando y escribiendo.
Con el éxito de tus libros anteriores a las espaldas, ¿sentir que el público ya reconoce y valora tu nombre te ha dado la seguridad necesaria para escribir esta historia con total libertad creativa?
Ver que los lectores me apoyan, se animan a leer mis historias y nos dan una oportunidad tanto a mis novelas como a mí, es algo fundamental. Estoy superorgullosa de ser hija de Megan y lo estaré siempre —es el mejor piropo que me pueden decir—, pero también me estoy esforzando por encontrar mi propio hueco. Busco que confíen en mí ya no solo por mi apellido, sino por mi propia manera de escribir y mi literatura. Estoy en ello y yo diría que voy bien.
Te has marcado el reto de publicar dos novelas por año. Ahora que 'Un beso al aire' es una realidad, ¿sientes que ya dominas ese ritmo de producción o la hoja en blanco sigue siendo un desafío que te pone a prueba en cada nueva historia?
El folio en blanco es uno de los peores momentos para mí, porque significa empezar de cero; cuando todavía no tienes nada, ni personajes, ni personalidades, ni características definidas. Es un inicio bastante complicado. Sin embargo, una vez entras en la historia y vas creando una base para los personajes, todo empieza a fluir y te permite tirar hacia adelante.
¿Crees en el mito de la musa que llega de improviso o eres más delas que confía en la disciplina y en una rutina diaria frente al ordenador?
Nunca se hace fácil ese primer momento, pero hasta que no te sientas no avanzas. Tienes que ponerte sí o sí, te apetezca más o menos, porque solo cuando te pones empiezas a rodar. La musa no va a aparecer sola; te tiene que pillar trabajando. Ahora mismo me dedico exclusivamente a esto y, como vivo con mi madre, me pongo delante del ordenador desde las diez de la mañana hasta las nueve de la noche. En ese tiempo escribo, gestiono redes sociales o contesto emails. Sino te obligas a sentarte, nunca vas a hacer nada.
Existe el mito de que estar en una gran editorial lo hace todo más fácil. Sin embargo, ¿qué hay de ese trabajo invisible que haces cada día y que poco tiene que ver con tu apellido, sino con tu propio esfuerzo?
Que te publique una gran editorial te facilita llegar a muchas librerías y a muchos sitios, pero eso no garantiza que tu libro vaya a ser el siguiente bestseller. Ojalá fuera así y publicar con ellos te asegurase ventas masivas, pero la realidad es distinta: tú también te lo tienes que trabajar. La editorial te da la oportunidad, pero el esfuerzo es tuyo. Sino te lo curras, no consigues nada. En eso estoy yo ahora mismo:buscando lo que me funciona, creando contenido en redes y contactando con todo aquel que pueda darme visibilidad. Hay gente que te contesta y otros que no, personas más simpáticas y otras menos... pero así es la vida y a nadie se lo ponen fácil.
En 2019, tras dejar tus estudios por agotamiento, surgió la oportunidad de escribir casi por azar. Mirando atrás, ¿qué mensaje le enviarías a esa Sandra que se sentía bloqueada y que no se veía capaz de enfrentarse a una hoja en blanco?
¡Uff! Le diría que se atreva, que no tiene nada que perder. Que no se crea lo que le dijeron durante toda su etapa en el colegio y el instituto. Mis compañeros, en un examen de historia, a lo mejor escribían un folio y medio para contestar una pregunta; yo, en medio folio, ya te lo había contado todo. Los profesores siempre me decían: “Sandra, es que desarrollas poco”. Eso se me quedó grabado y me pesaba mucho.Por eso, cuando surgió la oportunidad de escribir un libro, lo primero que me vino a la cabeza fue esa frase. Pensaba: “¿Cómo voy a escribir un libro si en cinco páginas ya te he contado todo lo que puedo decir?”.. Pero me tiré a la piscina, como te decía antes, sin saber si había agua y salió bien.
Después de aquello, ¿no has sentido el impulso de enviarles uno de tus libros con una nota que diga: 'Para los que pensaban que no desarrollaba lo suficiente... aquí tenéis 300 páginas'?
Pues no lo he hecho, la verdad. Alguna vez he pensado en volver de visita al instituto o al colegio, pero como ya no tengo contacto con nadie, no he ido. Pero sí que me haría ilusión volver a ver a esos profesores y decirles: "Mira, tú me ponías mala nota porque según tú no desarrollaba my ahora mírame, con una novela de 500 páginas como la que sale este junio".
Compartes techo, pasión y profesión con tu madre. ¿Cómo es ese proceso de 'ayuda mutua' en el salón cuando una de las dos se bloquea?
Tengo la suerte de dedicarme a lo mismo que ella, lo que favorece que nos entendamos al cien por cien. Antes, cuando yo no escribía, no comprendía del todo lo que me contaba de su trabajo, pero ahora entiendo perfectamente sus agobios y sus bloqueos. En casa, cuando me quedo atascada, voy a su despacho y le cuento por dónde va la historia; ella, que es una persona independiente con su propia personalidad y carácter, me propone enfoques distintos.A ella le pasa igual: cuando está bloqueada, viene y me lo cuenta. Como somos personas diferentes —aunque a mucha gente le guste compararnos—,le ofrezco mi punto de vista y eso nos ayuda a tener una visión más amplia de la historia. Es una suerte contar con esa otra persona que te entiende y en la que confías plenamente.
¿Quién suele rescatar a quién con más frecuencia?
Pues no sabría decirte, porque hubo una época en la que sí era algo muy mutuo, pero últimamente, con estos libros que ambas sacamos en junio, nos hemos bloqueado poco. Parece que estamos en un momento en el que las historias fluyen solas.
Escribir bajo la sombra de un referente mundial como es Megan Maxwell tiene su miga. ¿En qué momento sentiste que habías encontrado tu propia voz, esa que suena a Sandra Miró y no a un eco de tu madre?
Más que buscar mi voz, estoy luchando por asentarla; por lograr queme escuchen y me tengan en cuenta más allá de ser “la hija de”, que es todo un honor. El momento en el que me di cuenta de que estaba haciendo las cosas bien fue en mi primera presentación, cuando vi que venía gente específicamente a verme a mí y a que les firmara mi libro. O en la Feria del Libro, cuando tenía mi propia cola de lectores que no venían por Megan, sino por mi trabajo. Esos momentos son muy especiales porque ves que tu esfuerzo vale la pena. Cuando alguien me dice que mi libro le ha enseñado a entender mejor a su hija, o que se ha animado a hablar de sus sentimientos con sus padres, es cuando digo: “Vale, todo lo que estoy haciendo merece la pena”.
¿Existe algún 'pacto de estado' entre vosotras sobre no leerse hasta que el manuscrito esté terminado, o sois las primeras críticas feroces (y honestas) la una de la otra?
¡Qué va! No hay ningún pacto; somos críticas la una con la otra, pero nos leemos sin problema. Mientras trabajamos nos vamos contando por dónde va la historia, pero no esperamos al final. Ella, por ejemplo, ya se ha leído Un beso al aire. Me lo pidió en cuanto me pasaron las correcciones porque le apetecía mucho y terminó emocionadísima, llorando. Ahora me toca a mí con el suyo. En cuanto le pasen el PDF corregido me lo quiero llevar a nuestro viaje a Latinoamérica para leérmelo. Como las dos publicamos en junio, tenemos pensado hacer presentaciones conjuntas y, lógicamente, si cada una se ha leído el libro de la otra, todo será mucho más fácil y fluido
Dicen que los mejores consejos no se dan en conferencias, sino en el día a día. ¿Qué recomendación de tu madre llevas grabada a fuego y te sirve de guía para no perder el rumbo en tus historias?
Me aconseja muchísimas cosas, pero lo que más me resuena ahora mismo es que confíe en mí y en lo que yo creo que es correcto. Me dice siempre que no me deje llevar por las modas. Por ejemplo, se pueden poner de moda los vampiros, pero si a mí no me gustan o no se me da bien escribir ese tipo de fantasía, por mucho que lo intente no va a salir bien. Puedo leer sobre el tema o ver una película, pero a la hora de desarrollarlo no sería mi fuerte y no lograría transmitir nada. Así que mi mantra es ese: no dejarme llevar por las modas, confiar en mi instinto y, sobre todo, trabajar mucho.
En tus historias siempre te posicionas con claridad: colectivo LGTBIQ+, feminismo, bienestar animal... ¿Sientes que 'Un beso al aire' es tu obra más reivindicativa hasta la fecha o todavía te guardas algún as bajo la manga?
Creo que todos mis libros son igual de reivindicativos. No siento que haya uno que destaque por encima del resto porque, en realidad, en todos me involucro al máximo. Escribo sobre lo que me nace y sobre lo que considero justo; me gusta estar siempre en el lado correcto dela historia. Por eso, en cada página dejo pinceladas o afirmaciones en las que creo ciegamente, especialmente viviendo en pleno 2026. En Un beso al aire sigo "metiéndome en los mismos charcos" de siempre. Siempre digo lo mismo: si a alguien no le gusta la trama, no pasa nada, es cuestión de gustos. Pero si lo que no le gusta son mis posturas sobre el feminismo o el colectivo LGTBIQ+, entonces el problema no es mío. Si alguien no está de acuerdo con derechos humanos básicos a estas alturas del siglo XXI, es esa persona quien debería hacérselo mirar.
Tienes una mirada muy milenial y honesta. ¿Qué prejuicio de los que has tenido que enfrentar personalmente te ha servido como combustible para esta nueva trama?
Más que un prejuicio externo, fue el reto de recuperar la fe en el proyecto. Un beso al aire es una historia que preparé hace dos o tres años, pero en aquel momento alguien me dijo que no, que buscara otra cosa. Ese rechazo me hizo dudar. Sin embargo, cuando le presenté el proyecto a mi editora este año, su reacción fue clave. Me preguntó: "A ti te gusta, ¿no?". Le dije que sí y ella me respondió: "A mí también, así que vamos adelante". Esa confianza externa fue el combustible definitivo. Esta es mi primera historia de sentimientos puros, algo que va directo al corazón, y saber que mi editora creía en ella tanto como yo me dio la fuerza necesaria para lanzarme a escribirla.
La música es clave en tu proceso creativo. ¿Qué canción o artista ha estado en 'bucle' constante para ayudarte a crear la atmósfera de este libro?
La música es parte de mi ADN; crecí en una casa donde mi madre escuchaba de todo, desde Michael Jackson y Whitney Houston hasta Shakira o George Michael. Ese eclecticismo me permite saltar de Taylor Swift a Lady Gaga o Harry Styles sin prejuicios, y eso siempre se refleja en lo que escribo. Sin embargo, para mi nueva novela, hay un artista que ha sido omnipresente: Dani Fernández. De hecho, su colaboración con Walls en la canción Vulnerable fue la que me inspiró el título del libro. Al empezar a escribir, me di cuenta de que sus letras resonaban con esta historia mucho más de lo que esperaba y terminé incluyendo varias de sus canciones en la trama. Aunque en la novela también suenan referentes como Olivia Newton-John, Donna Summer, Aitana, Álvaro de Luna o Bruno Mars, el latido principal de este libro es, sin duda, la música de Dani.
Te defines como una persona hermética en redes sociales por evitar a los 'cotillas'. ¿Es la escritura tu forma de soltar todo lo que callas en tu vida diaria?
Más que hermética, me considero reservada. Comparto bastante en mis redes, aunque últimamente me cuesta más conectar con las pantallas; creo que ese exceso de tiempo digital no nos beneficia mentalmente a nadie. Además, mi vida es mucho más normal de lo que la gente imagina, no tengo esa existencia extraordinaria que algunos esperan ver en redes. Sin embargo, en mis novelas sí me permito soñar. No suelo volcar vivencias personales directas, aunque siempre hay excepciones: en Tú eres mi persona, por ejemplo, compartí un episodio muy triste que nos ocurrió a mi madre y a mí hace unos años. Salvo eso, prefiero inspirarme en historias de amigos o en la ficción pura.
Pero hemos leído que te cuesta expresar tus sentimientos...
Eso sí es cierto. No se me da del todo bien la expresión emocional en el tú a tú. Me comunico mucho mejor a través de mis libros que en persona; escribir es, sin duda, mi mejor canal para decir lo que a veces no me sale con palabras.
¿Resulta más fácil decirle 'te quiero' a alguien a través de un personaje que en la vida real?
Creo que es algo que nos pasa a todos. Hoy en día parece más sencillo decir "te quiero" a través de un mensaje que sosteniendo la mirada, cuando lo verdaderamente importante es tener a la persona frente a ti. El otro día comentaba en una presentación en Murcia cómo las redes sociales y los teléfonos han hecho que todo se vuelva mucho más frío e impersonal. Yo nací en los 90 y siento que esa magia que teníamos antes se ha diluido; ahora la gente no parece capaz de hablarse mirándose a los ojos. Somos valientes tras una pantalla, pero nos falta ese arrojo en el cara a cara. Lo bonito es pasear y conversar con alguien sin la interrupción constante del móvil. Expresar sentimientos por chat es más fácil porque, en cierto modo, sedes personalizan; es como si le quitáramos valor a lo que decimos para protegernos. Por eso, aunque cueste más, siempre defenderé que no hay nada como mirar a alguien a los ojos y hablar en persona. Siempre.
Hablemos de la 'tropa'. Con tres perros y dos gatos, ¿quién es el responsable de haberte 'borrado' más frases al saltar sobre el teclado en el momento más inoportuno?
Sin duda, mis gatas. Peggy es la principal sospechosa; está conmigo las veinticuatro horas. Se sube a la mesa, me tira las cosas, me robalos post-its y, por supuesto, le encanta aporrear las teclas. A veces me vuelve un poco loca porque, dependiendo del momento, me obliga a estar más pendiente de proteger el orden de mi escritorio que de la propia escritura. Tengo que escribir a contrarreloj para que ella no me la líe demasiado.
Escribes para la Sandra de 12 o 13 años. ¿Qué crees que pensaría esa niña al ver que ahora es ella quien crea los referentes para otras jóvenes?
Si a mi yo de doce años le dijeras que iba a lograr todo esto, sencillamente no se lo creería. Al crecer viendo a mi madre escribir, yo también sentía esa curiosidad; me encerraba en mi habitación e intentaba imitarla, pero a lo mejor escribía medio folio y pensaba: "Buah, ya no tengo nada más que contar". Por eso, ver que hoy soy capaz de construir historias completas le parecería una auténtica locura, algo casi increíble. Pero, sobre todo, estoy segura de que esa Sandra estaría muy orgullosa. Orgullosa de lo que estamos haciendo, de la batalla que estamos dando y de todo lo que, quiero creer, estamos consiguiendo juntas.
Como lectora, cuando cierras el ordenador, ¿qué género literario te sirve para desconectar por completo de tu propio universo romántico?
Lo cierto es que no me cierro a nada; todo depende de lo que me pida el cuerpo en ese momento. Puedo seguir en la línea de la romántica o, de repente, sumergirme de lleno en un thriller. Tengo una forma de elegir mis lecturas muy particular: no suelo leer las sinopsis. Prefiero dejarme guiar por el título, por una portada que me atrape o por una recomendación que me haya despertado curiosidad. Me encanta entraren una historia totalmente a ciegas, sin expectativas, y dejar que el libro me sorprenda por sí mismo.
Como amante de la comida italiana... si Gabriela y Adrián tuvieran una cita decisiva, ¿qué plato de pasta les pondrías delante para que terminaran confesándoselo todo?
¡Mmm! Una buena pasta lo arregla todo. Sin duda, unos espaguetis ala carbonara; es un plato que nunca falla y que siempre sienta bien. Aunque, si me fijo en lo que ocurre en la novela, donde la boloñesa aparece un par de veces, quizá esa sería la opción ganadora. O incluso una lasaña bien hecha... cualquiera de esos platos tiene el poder de ablandar el corazón y ayudar a que las confesiones fluyan.
Para cerrar: si pudieras mandar un 'beso al aire'; a la Sandra que estaba en tercero de carrera pensando que no podía más, ¿qué le dirías sobre la mujer decidida y exitosa que es hoy?
A esa Sandra que sentía que necesitaba dejar la carrera le diría que, en cuanto se lo plantee por primera vez, lo haga; que no le dé tantas vueltas. Aunque, si cambiase algo de lo que pasó, quizá hoy no estaría haciendo lo que amo, así que nunca se sabe.Le diría que sea valiente y que no alargue una situación que la hace infeliz, porque eso es una pérdida de tiempo. Que se anime a probar cosas distintas. La vida, si tenemos suerte, es muy larga y estamos aquí para experimentar, para descubrir qué nos gusta y qué no, y encontrar nuestro camino. Al final, la vida es aprender, y entender que no existen los errores, sino los aprendizajes necesarios para llegar a donde estamos hoy.










