Desde que hace ochos años Bohemian Rhapsody (2018) revitalizara de manera exponencial el género de las películas sobre la vida de míticos cantantes y bandas, hemos asistido a tres tipos muy diferenciados de biografías en la gran pantalla. Están las que han gozado de gran presupuesto y, por ende, el resultado ha sido más que sobresaliente. Luego, las que no están mal del todo, pero que se han quedado un poco a medias. Y después las que parecen haberse hecho deprisa y corriendo, con menos recursos, con el previsible afán de subirse a la ola. Si hablamos de Michael, hay que ponerla por encima de todas ellas.
No esperábamos menos, la verdad, puesto que se trata del film que cuenta la obra y milagros de la mayor estrella que se ha visto jamás en la historia de la música. Por algo le llamaban el Rey del Pop. Porque era mucho más que un artista. Era un visionario, y también un gigantesco imperio financiero en sí mismo (tal y como se le llega a definir en una de las escenas). Tras ver este largometraje en la sala -imprescindible verlo así para disfrutarlo a tope-, se nos ocurre muchos adjetivos pero todos en la misma línea: sublime, espectacular, grandiosa... como ustedes prefieran, para catalogar lo que es un verdadero acontecimiento cinematográfico.
Se ha estrenado este miércoles, y no en viernes como suele ser habitual y ha llegado cargada de una enorme expectación. Si eres fan del intérprete de Billie Jean, Thriller, Beat it o Bad, te emocionará a raudales, te pondrá los pelos de punta y te entraran unas ganas locas de ponerte a cantar y bailar en la butaca. Porque de eso va la 'peli', de tocar la fibra de los millones de seguidores que tuvo y sigue teniente el artista, un genio que puso banda sonora con sus temas a varias generaciones a lo largo y ancho del planeta.
Dirigida por el experimentado Antoine Fuqua (Training Day, Objetivo: La Casa Blanca y la saga The Equalizer), está protagonizada por Jaafar Jackson, sobrino del cantante. Al ver su interpretación, solo podemos decir una cosa. Bravo. No es que esté mimetizado con su tío, directamente es que está poseído por él. En cada uno de sus gestos, en sus coreografías imposibles, en el poderío y la fuerza única que despliega en todas y cada una de sus actuaciones... pero también en la fragilidad y los permanentes miedos de alguien que era extremadamente sensible a lo que le rodeaba. De alguien que vivió buena parte de su vida bajo el yugo de un padre déspota y maltratador, personaje este último que resulta abominable en la mayor parte del metraje.
Se hace un recorrido vital en Michael que empieza con la irrupción de los Jackson Five, así que ya de inicio es imposible no sonreír o tararear para uno mismo canciones tan legendarias de los cinco hermanos como el I Want You Back, ABC o I'll Be There. Es ahí donde uno se da cuenta pronto que estábamos ante un niño prodigio, fuera de lo normal, con una voz increíble y un don especial para cautivar a las masas. Un talento descomunal que se haría aún mayor si cabe con su paso a la edad adulta, donde se nos muestra cómo tuvo que transitar un camino de sangre, sudor y lágrimas hasta poder independizarse artísticamente de su familia.
Para, como él quería y soñaba, consagrarse en solitario como un icono planetario de la industria musical. A partir de aquí, no faltarán entonces las maravillosas secuencias de cómo se hicieron sus videoclips más icónicos o sus conciertos más legendarios. Eso sí, la película llega hasta donde llega, y no pasa más allá de la década de los 90 (se entiende que habrá continuación en una segunda parte que ya estaría rodada, pero aún no confirmada).
Hablamos por tanto de una superproducción mayúscula, que tiene entre sus mentes pensantes al oscarizado Graham King, quien ya deslumbrara con el filme dedicado Queen. Porque, como decíamos, el biopic de Michael Jackson está en la cima de todos los que se han hecho hasta ahora. Tampoco queremos desmerecer otros de gran nivel, como el citado de Freddy Mercury -con un Rami Malek íncreíble en la piel del cantante-. Tras ella, llegaron otros que también nos dejaron muy buen sabor de boca como Rocketman (2019), dedicada a la figura de Elton John; Elvis (2022), con un deslumbrante Austin Butler; o Better Man (2024), el retrato más íntimo que se hacía de Robbie Williams.
Debajo de ellas, se sitúan Respect (2021), sobre Aretha Franklin; A Complete Unknown (2024); sobre Bob Dylan, con un excepcional Timothée Chalamet; también la de Maria Callas (2024), con Angelina Jolie; o Springsteen: Deliver Mune from Nowhere (2025), sobre el Boss; o Straight Outta Compton (2015), sobre el influyente grupo de N.W.A y el surgimiento del gangsta rap. En el lado opuesto, no fueron igual de acertadas I Wanna Dance with Somebody (2022), sobre Whitney Houston: tampoco Milli Vanilli: Girl You Know It's True (2023); ni One Love (2024), de Bob Marley; o Back to Black (2024), sobre Amy Winehouse.
Mucho antes de todas ellas, antes de que estallara el boom por este género, hubo películas muy destacadas como La Bamba (1987), con ese tema tan popular, sobre el éxito y la trágica muerte de Richy Valens en accidente de avión; la que se hizo sobre Jerry Lee Lewis en Great balls of fire! (1989); o The Doors (1991), con Val Kilmer haciendo de Jim Morrison; y la de de Johny Cash en Walk The Line (2005), con Joaquin Phoenix. En el horizonte,. desde hace ya bastantes meses, se está preparando otra que promete dar mucho que hablar, a cargo del reputado Sam Mendes, una que seguro formará parte de las que están mejor consideradas: la que se está haciendo de Los Beattles, que nos tiene ya impacientes por verla aunque no llegará hasta el 2028.








