Blanca Suelves y el rescate que le cambió la vida: la conmovedora historia de Olga, su galga abandonada


Marcada por el maltrato y el abandono, gracias a su entrega y cariño, se convirtió en el miembro más especial de la familia


Blanca Suelves con su galga© CECILIA RENARD
13 de abril de 2026 a las 21:12 CEST

Invierno de 2015. Mis hijos madrugaban para ir al colegio cuando mi hija Blanca escuchó un ruido entre los arbustos del jardín. —¡Ahí se esconde algún animal! Pasaban los días y seguían los ruidos, pero nadie conseguía saber qué se escondía hasta que Blanca al fin lo vio: —¡Es un perro! ¡Pobrecito! Era solo huesos y piel; tenía gran parte del cuerpo despellejado y prácticamente sin pelo. Un espectro huidizo de ojos saltones. Poco a poco identificamos al perro malherido: tenía cicatrices en el cuello sin cerrar, era un galgo maltratado que se escondía durante el día en la entrada de nuestra cocina.

"Olga apareció en casa herida y delgada, era prácticamente huesos y piel. Pasaron meses hasta que me dejó acercarme a ella. Ese día fue una celebración"

En El Soto los animales son muy queridos, así que inmediatamente Ioannes decidió que había que dejarle comida con los antibióticos necesarios para que se fueran curando sus heridas. Le fue saliendo de nuevo su pelo y quizá eso fue lo que le ayudó a dejarse ver, aunque rápidamente se escabullía. Empezamos a convivir con una presencia ausente en la casa, vigilante. Su aspecto imponía; no sabíamos si podía ser agresiva, por miedo o por defensa. Todos estábamos alerta. Fuimos descubriendo que el animal no atacaba a mis otros perros: Tesio y Kilo.

Blanca Suelves posando en el jardin© CECILIA RENARD

Empezó a seguir en la distancia a Ioannes en su trabajo diario con sus entrenamientos de los caballos de carreras. La cosa se complicaba. Se la estaba jugando porque hacía dos cosas complicadas para la convivencia: cazar las liebres —muy protegidas en la finca— y correr entre los caballos que entrenaban en la pista. Decidí dedicarle tiempo. Cada noche, con un frío pelón y después de cenar, salía afuera y me quedaba sentada con alguna galleta por si acaso aparecía. Pasé muchos ratos sin éxito, hasta que empezó a salir del matorral.

Desde lejos me miraba erguida e inquieta y rápidamente volvía a esconderse. Nos fuimos de veraneo sin poder acercarnos y sin saber qué sería de ella. Pero al volver, ahí seguía. Continuó mi plan nocturno hasta que un día salió  y me observó. Yo quería darle una suculenta salchicha y ella, muy estoica, se resistía hasta que yo se la dejaba lo suficientemente cerca de ella. Ese día fue una celebración. Hice una foto que puse en mi Instagram de pura emoción. Nunca imaginé que la historia de Olga —que así la llamamos— iba a llegar a tanta gente.

"Ha superado el miedo y se ha convertido en una perra feliz y agradecida. Es la reina de la casa"

Una noche Olga decidió entrar en casa. Habíamos dejado la puerta abierta de par en par como bienvenida. Moría de miedo, temblaba, quería huir,  pero mis perros la acogieron tan bien como todos nosotros y poco a poco encontró su sitio. Es una perra elegante, educada por instinto, cariñosa con distancia y agradecida cuando le hacen mimos. Cuando sale al campo Olga corre pero nunca se escapa. Olga hoy es la reina, está guapa y fuerte, sabe como disfrutar con los caballos y ya no caza liebres. Han pasado los años. Yo ya no vivo con Olga. Borré aquellas fotos de mi Instagram pero no de mi memoria. Todavía hoy me escriben preguntando: "¿Qué tal está Olga?" Y yo siempre digo lo mismo: "¡Feliz!"

Consejo experto

Irene Pérez, experta en adiestramiento, docente en la escuela de formación veterinaria Nubika y directora de su propio centro de adiestramiento, nos da una serie de tips para ayudar a un perro adoptado:

  • Paciencia y espacio para su etapa de adaptación: dale tiempo; un entorno tranquilo y rutinas predecibles le ayudarán a sentirse seguro.
  • Trabajo de vínculo: actividades cortas y positivas, como buscar premios o juguetes, fomentan la confianza y las interacciones positivas. Refuerza cada avance.
  • Empatía ante sus miedos: no lo fuerces. Observa su lenguaje corporal y respeta sus tiempos.  
  • Disfrutar momentos juntos adaptados a su físico: paseos y actividades sin estrés, que refuercen su bienestar y vuestra conexión.