Esta pasada Semana Santa, nos hemos encontrado a Ernesto de Hannover, su hijo Christian y su nuera Sassa de Osma en Chinchón. Allí, han pasado el Sábado de Pasión, día grande de las festividades del municipio madrileño, en el que sus vecinos escenifican los últimos momentos de Jesucristo. Junto a ellos, ha estado Otto de Hannover. Se trata del sobrino más desconocido de Ernst, que cuenta con una durísima historia personal que conmocionó a Europa a finales de los 80: quedó huérfano con sólo nueve meses.
Otto es el único hijo del príncipe Ludwig Rudolf de Hannover, que el menor de los hermanos de Ernest de Hannover –además de primo carnal de la reina Sofía–, e Isabelle Valsassina-Como-Verceli, la tercera de los dos hijos de los condes Thurn und Valsasina, que trabajaba entonces como modelo. La pareja contrajo matrimonio el 4 de octubre de 1987, en el castillo que los padres de la novia poseían en Bleiburg, en la localidad austriaca de Carintia –en los Alpes Julianos–. El enlace fue todo un acontecimiento social al reunir las casas nobiliarias más importantes de toda Europa.
Como curiosidad, el hermano de Ernst tuvo que pedir primero aprobación de la reina Isabel II de Inglaterra para casarse, ya que él era protestante y su mujer, católica. Era condición tener su consentimiento, tal y como establece la Ley de Matrimonios Reales de 1772, dado el estrecho parentesco de los Hannover y la Familia Rea británica.
Ludwig Rudolf e Isabelle no tardaron en convertirse en padres: su único hijo, Otto, nació en febrero de 1988, a los pocos meses después de casarse. Todo parecía ir sobre ruedas en la vida del hermano de Ernst de Hannover, que se había formado en Los Ángeles y Londres para trabajar como productor de música Sin embargo, la felicidad de la familia se desvaneció por completo cuando el príncipe y su mujer fallecieron de manera muy trágica en diciembre de ese año, en cuestión de sólo unas horas. Otto, que tan sólo tenía nueve meses, quedó huérfano.
Tras fallecer su hermano pequeño, Ernest de Hannover solicitó la custodia de su sobrino, porque así se lo había expresado Ludvig Rudolf antes de morir. Sin embargo, los abuelos maternos de Otto se opusieron a ello y declararon la guerra en los tribunales para poder hacerse cargo de su nieto. Finalmente, tras dos años de disputas legales, la Justicia dictaminó el bebé se criara con sus abuelos maternos en Austria.
Después de punto de partida tan difícil, el sobrino de Ernst pasó su infancia entre Salzburgo y el castillo de Bleiburg, fortaleza del siglo XII que se transformó en un palacio de estilo renacentista tardío en el siglo XVII. Criado entre pinturas y esculturas centenarias, terminó estudiando en la Universidad de Bellas Artes de Braunschweig, situada en la Sajonia Baja, en Alemania. Finalizada la carrera, expuso su obra en Londres, mientras empezaba a hacer sus pinitos con la música electrónica y como productor, al igual que su padre.
Sin embargo, en la actualidad, la carrera de Otto poco tiene que ver con el arte: se dedica al sector inmobiliario en Madrid, junto a su primo Christian de Hannover, marido de Sassa. Y es que, pese a la guerra en los tribunales que protagonizaron sus abuelos con su tío, el joven aristócrata siempre ha mantenido una estrecha relación con la familia de Ernst de Hannover.
De ahí que, en las pocas veces que Otto se deja ver públicamente, lo suela hacer en compañía de su primo Christian y la mujer de éste, Sassa de Osma. Y es que, antes de pasar juntos la Semana Santa, Otto también acudió con ellos hace un mes a la inauguración de Vega Members Club, el nuevo negocio de Iñigo Onieva, Cristiano Ronaldo y Manuel Campos Guallar.
Por otro lado, el sobrino de Ernst de Hannover cuenta un lado muy humano. Suele colaborar con la Fundación Recal, la asociación que fundó Maximiliano de Austria, primo suyo, para ayudar a personas con adicciones. De ahí que, en sus contadas salidas sociales, se encuentren las cenas benéficas que la mencionada fundación celebra anualmente. De hecho, en las últimas ediciones, le hemos visto con Maximiliano Windisch-Graetz, hijo de Sofía de Habsburgo, y con Jaime Ardid, hijo de Mariola Martínez Bordiú, quien también se dedica a los negocios inmobiliarios.










