Tiene fama de ser inaccesible, uno de los clubs más exclusivos y herméticos del mundo, sólo apto para aristócratas y grandes fortunas… aunque no sólo eso basta para pertenecer al Club Corviglia. A algo más de 2.000 metros de altura de St. Moritz, el destino invernal preferido de la alta sociedad, se encuentra esta selecta sociedad que apenas cuenta con 130 miembros, y uno de ellos es Fernando Martínez de Irujo, hijo de la recordada Cayetana de Alba.
El marqués de San Vicente del Barco fue quien introdujo a sus sobrinos, los duques de Huéscar, en este club -al que sólo se puede acceder por invitación personal- en su última escapada a los Alpes suizos, como mostramos en exclusiva hace una semana.
La ‘hermandad’ de esquiadores más elitista del planeta va camino de celebrar un siglo de vida, pero guarda con tanto celo su privacidad que continúa siendo un auténtico misterio. “El club rehúye publicidad de cualquier tipo”, llegaría a decir David Webb Carter, secretario del club, a W Magazine. Y esto es lo que se sabe de su fascinante -y enigmática- historia.
El lugar más elegante del viejo continente
Hoy lo conocemos como el destino invernal de la jet, pero St. Moritz fue, en realidad, un sitio de veraneo hasta que a principios del siglo pasado, una familia -los Badrutt- supo ver que el Valle de Engadin podría ser, también, el lugar perfecto donde pasar los meses de invierno.
Caspar Badrutt compró el Hotel Beau Rivage, un complejo que después ampliaría y pasaría a llamarse The Palace -hoy Badrutt's Palace Hotel-, el ‘templo’ donde herederos de sangre azul -el conde Rudi Schönburg fue uno de sus huéspedes cuando era niño- y dinastías empresariales se hospedaban cuando el esquí pasó a ser el deporte de moda en las altas esferas.
Por eso, sólo podía ser allí donde, en febrero de 1930, se encontraría un grupo de aristócratas y empresarios decididos a formar un club para ayudar a los esquiadores a organizar competiciones. El nombre elegido fue Ski-Club Corviglia, y construyeron, también, un centro de reunión sólo para ellos: una cabaña en la que podían almorzar -se llevaban su propia comida- y encontrar calor entre descenso y descenso.
Entre sus fundadores estaban el Duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart -padre de Cayetana de Alba y abuelo de Fernando Martínez de Irujo-, grandes financieros -como los Rothschild- y exitosos industriales -como Gianni Agnelli, que, a veces, cogía el avión sólo para pasar un día St. Moritz-.
Sin embargo, tras su fundación, llegaron los años difíciles. El mundo se desangraba en una cruenta Segunda Guerra Mundial -en 1945-, y St. Moritz pasaba a convertirse en un refugio idóneo para espías y multimillonarios.
Sólo una vez acabada la contienda, el pueblo “más elegante” del viejo continente volvía a recuperar el glamour de antaño y, también, el Corviglia.
En 1951, se reconstruía la legendaria cabaña, que pasaba a ser un elegante club y restaurante con vistas espectaculares. Era el renacer de un club privado de élite.
Una lista casi secreta
Cada mes de febrero se celebra la reunión para elegir nuevos socios del club del que el príncipe Augusto Ruffo di Calabria, sobrino de la reina Paola de los Belgas, es presidente desde 1995 -siendo el más joven de su historia-. Según desvelaba W Magazine, hay dos tipos: los vitalicios y los de temporada, que, si bien son más ‘accesibles’ que los anteriores, no son tan fáciles de conseguir. Se cuenta que el rey Faruq de Egipto intentó entrar, pero fue rechazado, así que los requisitos de acceso no se ciñen a sangre azul o imperios millonarios.
Uno de los que sí logró entrar fue el príncipe Eduardo, actual duque de Edimburgo, sumándose así a una lista de aristócratas británicos -como los Duques de Beaufort y Marlborough- que, según se cuenta, forman parte del Corviglia.
La lista completa nunca se ha hecho pública, pero sí se conoce que magnates navieros como los Niarchos -Stavros era tan buen esquiador que hasta dio su nombre a una de las pistas más rápidas- o los Livanos, el alemán Gunter Sachs, los Guinness… engrosan sus filas, aunque, hace unos años, se rumoreaba que era Charlene de Carvalho-Heineken, su socia más rica.
La representación española llega de la mano de Fernando Martínez de Irujo, que toma así el legado de su madre y de su abuelo. Cayetana ‘reinó’ en las pistas de St. Moritz, donde aprendió a esquiar y hasta ganaría un trofeo de velocidad en categoría junior; y ahora es su hijo quien continúa la tradición.
Sus 'chicas glamourosas'
El Club suele celebrar sus grandes aniversarios -en 2022, publicamos las fotos de la gran fiesta que organizaron por su 90 cumpleaños-, pero otra de sus tradiciones legendarias es la elección de sus Glamour Girls.
Desde 1939, el Corviglia escoge a su ‘chica más glamourosa’, un título que han ostentado la recordada Christina Onassis (en el 71), la vizcondesa Jacqueline de Ribes (en el 51), la baronesa Denise Thyssen-Bornemisza (en el 80) o la princesa Carolina de Mónaco (en el 86).
Hace cuatro años, fue Olympia de Grecia la que hizo un guiño a la historia, luciendo un jersey rosa -en el que se podía leer ‘Glamour Girl’- y una corona de flores en su pelo, como antes hicieron sus antecesoras. A la princesa helena le encanta deslizarse por sus largas pistas junto a sus padres -Pablo y Marie-Chantal de Grecia- y sus hermanos, y es otra de las habitués del club -en el que también hemos visto a Pierre y Andrea Casiraghi, hijos de la princesa Carolina, que también ha viajado muchas veces a la estación helvética-.
St. Moritz sigue siendo la estación más famosa y exclusiva del mundo, y el Corviglia, el privado refugio de empresarios, aristócratas... La leyenda continúa, y también su secreto -que, desde hace años, muchos intentan desentrañar-. Lo que pasa en el Corviglia, se queda en el Corviglia.













