Por primera vez, Oriol Cardona y Amaia Aberasturi posan juntos, irradiando la complicidad y el cariño que han ido construyendo a lo largo de dos años y medio. Él, esquiador de 31 años, nacido en Banyoles (Girona), acaba de vivir el momento más brillante de su carrera: conquistar el oro —54 años después del histórico triunfo de Paco Fernández Ochoa— y el bronce, junto a Ana Alonso, en los recientes Juegos Olímpicos de Invierno. Ella, de 28 años y natural de Gautegiz Arteaga, un pequeño y tranquilo municipio de Vizcaya, se consolidó como una de las grandes promesas del cine español tras ser nominada al Goya a mejor actriz, en 2021, por su trabajo en la película Akelarre.
Su historia es el encuentro de dos mundos que, a simple vista, parecen distintos, pero que comparten algo esencial: disciplina, exigencia y pasión por lo que hacen. Entre entrenamientos, competiciones y rodajes, han sabido encontrar un equilibrio que combina admiración mutua, apoyo constante y la sencillez de los pequeños momentos cotidianos, lejos del foco mediático. En este primer posado juntos, no solo muestran su unión, sino que revelan que, más allá de la fama y los éxitos, lo que realmente los une es el respeto y la alegría de vivir cada instante de su historia como pareja.
Un gran alivio
Oriol, hace apenas un mes viviste uno de los momentos más importantes de tu carrera. Con algo de distancia, ¿cómo recuerdas ahora aquellos días?
Con el paso de las semanas, sigo pensando que fue una experiencia muy positiva y, sin duda, uno de los momentos en los que me he sentido más feliz. Esa sensación se hizo especialmente intensa con la primera medalla, el oro, justo en el instante en que crucé la meta. Sentí una enorme plenitud y, al mismo tiempo, un gran alivio: después de tanta presión, esfuerzo y dedicación, por fin podía relajarme.
¿Hubo algún instante en el que realmente tomaste consciencia de la magnitud de lo que habías conseguido?
Cuando llegué a España. Ya sabía que competía como favorito para la medalla de oro y también me habían contado que la última se había conseguido hace 54 años. Sin embargo, no fue hasta toparme con todo el revuelo, el interés y la cantidad de gente pendiente de lo que había logrado cuando comprendí de verdad la magnitud de mi hazaña.
El apoyo de los cercanos es clave en este camino. ¿Quiénes han sido las personas que más han marcado tu carrera hasta ahora?
Hay muchísima gente detrás, pero, para estos juegos, me he apoyado especialmente en mi pareja. También en todo el grupo de entrenamiento que tengo a mi lado: Kilian Jornet, Víctor López y Andrés Arroyo, que me acompañan y me ayudan desde hace ya muchos años. Son las cuatro personas que han estado más cerca de mí.
¿De qué manera te ha acompañado Amaia?
Ha estado a mi lado de muchas formas. Literalmente me acompañaba en los entrenamientos, pero, sobre todo, ha sido un apoyo emocional constante. Hay momentos de bajón y etapas difíciles, y, durante todo ese tiempo, Amaia ha estado a mi lado, apoyándome y ayudándome en todo lo que he necesitado.
Amaia, te incorporo a la conversación, ¿dónde estabas cuando viste a Oriol cruzar la meta y conseguir el oro?
Estaba en la grada, acompañada por su familia y sus amigos, y pude verlo en directo.
¿Qué sentiste en ese momento al ver cumplido un sueño tan grande?
Fue una mezcla de felicidad, satisfacción y, sobre todo, de paz por él, porque conocía toda la presión que llevaba y sabía que iba a por el oro. Ver que lo había logrado fue como quitarme un peso a mí misma, porque, aunque es su logro, de alguna manera, lo sientes como propio.
¿Cómo es Oriol durante los meses de preparación para una competición tan exigente?
Durante esos meses, muestra claramente su lado más autoexigente, algo que lo define por completo. También es exigente con los demás, pero siempre de manera positiva, porque le permite dar lo mejor de sí mismo. Es cierto que, a veces, eso puede hacerle parecer más irascible, pero gestiona muy bien sus emociones y sabe manejarse en todo momento. De hecho, diría que incluso cuando tiene hambre puede estar más borde que tras ganar un oro olímpico (risas).
El público lo ve compitiendo en la montaña, pero, en la vida cotidiana, ¿cómo es?
Yo creo que la gente tiene una imagen de él como si fuera más frío, pero no lo es. En la vida diaria es una persona muy cariñosa, que necesita mucho contacto físico y es muy cercana con los demás. Al ser introvertido, quienes no lo conocen pueden pensar que es distante, pero en realidad es todo lo contrario.
Oriol, escuchando a Amaia hablar de ti, ¿qué dirías que es lo que ella entiende mejor de tu manera de vivir el deporte?
Creo que lo que entiende mejor es el nivel de exigencia y dedicación que requiere. Su trabajo también tiene horarios poco convencionales y demanda mucho esfuerzo, así que, en ese sentido, ambos vivimos de manera parecida.
Después de un mes tan intenso y lleno de emociones, ¿habéis podido celebrar juntos estos logros?
Sí, hemos celebrado las medallas tanto en familia como a solas. Pero, sobre todo, con tranquilidad, que era casi lo que más deseábamos. Más que grandes festejos, preferíamos volver a nuestro hogar y preparar la cena para nosotros mismos.
Sí, recuperar la normalidad y la vida que teníamos antes de los juegos, con nuestra rutina y la tranquilidad de estar en casa —añade Oriol.
Aficionado al cine
Vuestros mundos profesionales son muy distintos: deporte de élite e interpretación. ¿Cómo ha sido descubrir el universo profesional de Amaia?
Es un mundo que yo desconocía totalmente, así que al principio todo me resultó muy nuevo e interesante. Pronto me di cuenta de que, realmente, es un trabajo muy duro y exigente, y por eso me puse las pilas para aprender sobre su labor. Aunque al principio fue un descubrimiento, al final resultó ser una experiencia muy bonita y ahora la admiro mucho como actriz.
¿Eras aficionado al cine?
Sí, siempre me ha gustado mucho ver películas, sobre todo buenas películas, y desde siempre me he interesado por todo lo relacionado con el cine.
¿Qué es lo que más admiras del trabajo de Amaia?
Admiro mucho cómo gestiona sus altos y bajos, sus buenos y malos momentos. Al final, creo que ser actor o actriz implica períodos largos en los que puede haber vacíos de trabajo, y manejar eso no es nada fácil. Siempre aparecen nuevas oportunidades y cada proyecto suele ser mejor que el anterior, pero durante esos tiempos de pausa se necesita una fortaleza mental enorme, y yo creo que ella la gestiona muy bien.
¿Es igual de exigente que tú?
Incluso mucho más. Como actriz es impresionante. Aún no la he visto en un rodaje, pero sí he podido observar cómo se prepara y la verdad es que alucino con lo que hace.
"Oriol y yo nos conocimos gracias a una película mía. Él vio Akelarre y empezó a seguirme, pero en ese momento yo estaba en otra relación, así que no le presté atención"
¿De qué manera la apoyas?
Estando a su lado, que para mí es lo más importante. Yo no domino mucho el mundo actoral, así que la ayudo como puedo y la respaldo en todo lo que me pida. Incluso le doy la réplica cuando prepara un papel en casa.
¿Dirías que Amaia también es un poco actriz fuera de la pantalla o separa mucho su trabajo de quién es ella realmente?
No, no finge. Es muy natural y superespontánea. Me fascina su autenticidad. También tiene un carácter muy divertido y alegre, aunque, al mismo tiempo, con un punto de dramatismo.
El primer encuentro
Amaia, ¿qué es lo que más admiras de Oriol, tanto como deportista como persona?
Lo que más admiro es su tranquilidad y la calma que siempre me transmite. No sé si tiene que ver directamente con su trabajo, pero es parte de su manera de ser: es seguro, no tiene miedo a nada y afronta todo con mucha serenidad. Quizá tenga cierta relación con lo que hace, porque lanzarse como se lanza en una competición y jugársela en un adelantamiento requiere no sentir miedo y actuar desde la calma, como si nada pasara. Por eso, cuando estoy estresada o nerviosa, él consigue gestionar la ansiedad mucho mejor que yo y siempre logra transmitir tranquilidad, incluso cuando también lo está sintiendo.
Retrocedamos un poco en el tiempo, ¿cómo y cuándo os conocisteis?
Oriol y yo nos conocimos gracias a una película mía. Él vio Akelarre y empezó a seguirme, pero en ese momento yo estaba en otra relación, así que no le hice caso. Aun así, me fijé en él y se me quedó en la cabeza, aunque decidí no contestarle ni seguirle. Pasó un año, o quizá dos, y entonces yo ya estaba soltera. Me acordaba de que él me había empezado a seguir y de que algo en él me había llamado la atención, así que, por primera vez, decidí escribirle y lanzarme.
¿Qué recordáis de aquel primer encuentro que os marcó?
Yo estaba muy nerviosa. Él, en cambio, es todo lo contrario: mucho más abierto que yo, muy espontáneo y desenfadado.
Al final tuve que hacer siete horas en coche de Girona hasta Euskadi para verla. Tuve tiempo para pensármelo, pero al final todo fue bastante natural. Y sí, aunque al principio estaba un poco nerviosa, enseguida se relajó todo —recuerda Oriol, entre risas.
¿Qué fue lo que te gustó de ella al verla en Akelarre?
Como actriz la vi genial, pero lo que realmente me atrajo fue su presencia. Y cuando empezamos a hablar, todo fluyó muy rápido; enseguida nos entendimos muy bien.
Oriol: "Ha salido el tema de la boda y, quizá, nos casemos en el futuro, pero ahora es pronto; vamos poco a poco"
Cuando queréis desconectar de todo, ¿qué os gusta hacer juntos?
Tenemos un equilibrio muy concreto entre naturaleza, deporte y tranquilidad. No nos gusta estar con mucha gente; somos muy caseros y campechanos. Así que nuestros planes suelen ser sencillos: quedarnos en casa, ver una película o salir a dar una vuelta en bici.
Sí, totalmente. Además, con mi trabajo paso todo el día entrenando, así que, cuando no entreno, lo que más me apetece es estar tranquilo y disfrutar del tiempo con ella —añade Oriol.
Todo un show
¿Qué tipo de actividad física soléis hacer juntos?
En general, bastante deporte: esquiamos, salimos en bici y también vamos al gimnasio.
¿Habías esquiado antes, Amaia?
Me puse los esquís por primera vez con él y ¡fue todo un show! Recuerdo que íbamos a Madrid y me tuve que levantar superpronto porque él entrenaba. Me dijo: “Ponte los esquís y sube”. El problema fue que luego no sabía descender y, al final, me tuvo que bajar él.
Los primeros días fueron divertidos, pero enseguida le cogió el truco. Antes había hecho snowboard alguna vez, pero solo un día con la escuela, así que realmente tampoco sabía mucho. Aprendió muy rápido —comenta Oriol.
"Como actriz es impresionante. Aún no la he visto en un rodaje, pero sí he podido observar cómo se prepara y la verdad es que alucino con lo que hace"
¿Qué es lo que más te gusta de Amaia?
Lo que más me gusta de ella es su luz y su energía. Tiene un carácter muy agradable, es fácil tratar con ella y mantiene una actitud positiva frente a la vida y el día a día. No siempre está alegre, claro, también tiene sus bajones, pero, aun así, afronta todo con optimismo. ¿Defectos? Tiene muy pocos. Quizá uno sea que a veces puede ser un poco dramática con cosas que no lo merecen.
Y a ti, Amaia, ¿qué es lo que más te gusta de Oriol y qué es lo que menos te gusta?
Tiene muchas virtudes, pero destacaría su sinceridad y la forma en que se piensa cada respuesta; me encanta cómo combina honestidad y cuidado en las palabras. También es muy cariñoso. Lo que menos me gusta es que siempre vamos con prisa a todas partes, lo que me pone un poco de los nervios.
Y hablando de planes profesionales, ¿en qué estás ahora mismo?
En Navidades terminé de grabar una película de la que todavía no puedo contar mucho. Creo que pronto saldrá el tráiler, así que espero poder compartir más pronto. Estoy muy contenta con el resultado: es una película bastante diferente y tenía muchísimas ganas de hacerla. Además, ahora tenemos también un pequeño personaje que vamos a empezar a grabar, y, de cara a final de año, hay otro proyecto que me hace muchísima ilusión.
Hablando de planes futuros más cercanos, ¿tenéis pensado casaros?
¿Qué? Contesta tú, que yo no sé qué decir —dice Amaia.
Ha salido el tema de la boda y, quizá, nos casemos en el futuro, pero ahora es pronto, vamos poco a poco.












