Parece que la pesadilla interminable de Lindsey Vonn va llegando a su fin. La tres veces medallista olímpica tuvo que pasar por quirófano por cuarta vez a principios de mes tras una aparatosa caída en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026. Fue el pasado 8 de febrero cuando la esquiadora hizo su esperado regreso a esta competición aunque, sin embargo, la jornada no se desarrolló como la deportista esperaba y terminó con una tibia fracturada tras golpear una puerta y salirse del recorrido a solo 13 segundos de comenzar la prueba.
"Después de casi dos semanas en una cama de hospital, casi completamente inmóvil, por fin estoy lo suficientemente bien como para irme a un hotel", compartía en sus redes sociales la esquiadora, subrayando que por fin le habían dado el alta; y, si bien aún no podía marcharse a su casa, ve este avance como "un gran paso". "Básicamente tuve una fractura compleja de tibia", ha expresado en su vídeo, indicando que "todo estaba en pedazos".
Las consecuencias
Debido al gran calibre de la operación, Lindsey deberá mantener reposo absoluto durante dos meses, en los que tendrá que movilizarse en silla de ruedas (ya que también se fracturó el tobillo derecho en su fatal accidente). La esquiadora ha desvelado en su comunicado que a raíz de esta lesión padece de síndrome compartimental en la pierna fracturada, y que por culpa de esto tenía "demasiada sangre" en un área de su extremidad "aplasta todo", incluidos sus "músculos, nervios y tendones".
Lindsey ha recordado que "cuando me lesioné, la situación fue bastante complicada en muchos sentidos", pero que, al final "se controló" gracias a la ayuda del doctor Tom Hackett, quien ha estado junto a ella en todo el proceso quirúrgico y en el post operatorio. "Me siento muy afortunada y agradecida por él", ha indicado la esquiadora en su vídeo, reconociendo que, sin él, tendría que haber renunciado a su pierna. "Me salvó la pierna de la amputación", ha admitido, sorprendiendo a todos con esta revelación. "Me hizo una fasciotomía, donde me abrió ambos lados de la pierna y la fileteó", ha explicado el proceso, indicando que entonces "la dejó respirar y, bueno, me salvó".
Centrada en la recuperación
De ahora en adelante, Lindsey promete estar centrada en la rehabilitación para así poder minimizar el tiempo en el que debe usar silla de ruedas, y pasar de esta a "las muletas en unas semanas". Además, la esquiadora ha explicado que "tardará alrededor de un año en sanar todos los huesos" y que, tras este tiempo, tendrá que decidir "si quiero quitarme todo el metal o no". Sin embargo, este proceso no termina aquí, ya que tras esto tendrá que volver a pasar por quirófano "para, finalmente, repararme el ligamento cruzado anterior".
Un proceso que ya ha asumido que será largo y tedioso, pero no desiste en ánimos y reitera que "lo conseguiré". "Voy a ponerme a trabajar en la rehabilitación de inmediato y ver qué puedo hacer, e ir paso a paso, como siempre lo hago", ha indicado. Además, ha lamentado su paso por estos Juegos Olímpicos, ya que "definitivamente no es la forma en que quería terminar"; indicando que habían sido unos días "muy difíciles". "No puedo expresar lo doloroso que ha sido", ha confirmado.
Su anterior lesión
Días antes de poder participar en los Juegos Olímpicos, Lindsey sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior (de la que la operarán una vez esté curada de esta intervención) el 30 de enero. Ocurrió durante una carrera de la Copa del Mundo en Suiza y, si bien fue el comienzo de una pesadilla, está agradecida ya que en este momento fue cuando coincidió por primera vez con el doctor Tom Hackett, quien le ha salvado la pierna.
"Siempre digo que todo pasa por algo, pero si no me hubiera roto el ligamento cruzado anterior... Tom no habría estado allí", ha barajado, explicando que, entonces, "no habría podido salvarme la pierna". Una intervención que duró seis horas y que salió "increíblemente bien", pero que, sin embargo, permaneció en el hospital más tiempo del esperado. "Tenía la hemoglobina baja por la pérdida de sangre en todas las cirugías", explicó al respecto, subrayando que "estaba sufriendo mucho, el dolor era un poco incontrolable". "Tuve que recibir una transfusión de sangre, y eso me ayudó mucho. Superé la etapa difícil y ahora estoy fuera", ha concluído.











