El heredero del Trono de los belgas dijo de su mujer: 'Fue un amor a primera vista. Mis ojos se clavaron en ella cuando la vi entre mucha gente en un salón del palacio real'
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La princesa Matilde, la bella logopeda que en su día será la primera Reina de Bélgica nacida en este país, define al príncipe Felipe como «un hombre cabal, sencillamente… perfecto»
9 OCTUBRE 2004
En este despacho es donde la duquesa de Brabante suele recibir a las personas que colaboran con ella en el Fondo Princesa Matilde, dedicado a la defensa de las personas más débiles: mujeres, niños, gente que vive sola o que sufre, o que se encuentran en una precaria situación. En esta labor, la princesa vuelca todos sus conocimientos adquiridos durante sus estudios de Psicología en la Universidad Católica de Lovaina, donde hizo también su tesina dedicada a los adolescentes en crisis. Defender a los más vulnerables es también una lucha que el duque de Brabante comparte con su esposa. Así como el saber escuchar. Y al igual que sucede con Matilde, lo único que para el príncipe Felipe cuenta es la cualidad de la persona en corazón, la honestidad... Esa es para ambos la forma de nobleza que más reconocen.
El día de la presentación del segundo bebé
Desde su nacimiento, la princesa Elizabeth se convirtió, además de en futura Reina de los belgas, en el «juguete» de toda la Familia Real. Veintidós meses después nacía su hermano, el príncipe Gabriel, y al menos por un día —el de la presentación del bebé a los medios de comunicación— la pequeña princesa le cedió todo el protagonismo a su hermano tras posar con él y con su madre. No quiso, sin embargo, abandonar el salón en el que tuvo lugar la sesión fotográfica y se fue a sentar en el suelo, justo detrás del sofá en el que posaba su madre con su hijo recién nacido en brazos. Y mientras arreciaba el resplandor de los flashes, ella se entretenía jugando con una pequeña cámara.
Los mejores embajadores de Bélgica
En su libro «Felipe y Matilde: Bélgica es su oficio», el escritor Marcel Leroy afirma: «Todo en sus gestos expresa la fuerza de su amor. Felipe y Matilde comparten una misma visión de la vida, una idéntica búsqueda de valores fundamentales, de tiempo compartido. Matilde se revitaliza en la tranquila fuerza de Felipe. Y el brillo de la princesa se refleja en el príncipe. Juntos, por otra parte, encarnan una manera de ser abierta al mundo, independiente y tolerante. Y también muy digna». En el ámbito privado, Felipe y Matilde, que sin duda alguna son los mejores embajadores de su país en el mundo, comparten, asimismo, la misma ferviente religiosidad, una religiosidad que, con frecuencia, se ve potenciada con sus visitas, de forma absolutamente
privada, al monasterio de Silos, con cuyo abad, don Clemente de la Serna, mantienen largas charlas sobre espiritualidad.