
Harald de Noruega y la reina Sonia son, desde hace diez años, los Reyes de una monarquía constitucional y la cabeza visible del Estado. Los monarcas que, de la mano de los noruegos, han logrado consolidar el prestigio de su monarquía. Fieles a las tradiciones establecidas en los reinados de sus antepasados, los Monarcas cumplen con sus obligaciones cotidianas, prestan su aval al Gobierno y representan a Noruega de una manera simbólica.
El Soberano es el maestro de ceremonias por excelencia y mantiene vivos los anhelos de ensueño de los noruegos... Como los mismos sueños que arropan su memoria en estos momentos de grandes cambios personales: la boda de Haakon, el príncipe heredero, con Mette-Marit, una joven de sangre no real. Un enlace con el que, de alguna forma, se repite la historia de amor que vivieron ellos contra Olav V, el Rey, y el mundo; Y el dejar atrás la finca ganadera y agrícola en la que habitaron durante décadas y en la que han criado a sus hijos. Harald y Sonia regresarán al Palacio Real, recién restaurado, junto a la princesa Marta Luisa, y cederán su hogar, siguiendo la tradición, al heredero de la corona y a su futura mujer, Mette Marit, para que empiecen a escribir un nuevo trozo de historia para Noruega.