La princesa Máxima de Holanda se ha erigido en el Reino de los Países Bajos como la soberana de la alegría, la elegancia y la distinción y es ya, para miles de conciudadanos el verdadero corazón de la monarquía holandesa.
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Jamás en la historia de Holanda había existido una Princesa con tanto poder de seducción y jamás nadie se hubiera atrevido a imaginar que, en un año y medio de matrimonio, llegara a ejercer tanta influencia.

16 MAYO 2003
La princesa Máxima de Holanda (princesa de Orange Nassau y señora de Amsberg) se ha erigido en el Reino de los Países Bajos como la soberana de la alegría, la elegancia y la distinción y es ya, para miles de conciudadanos el verdadero corazón de la monarquía holandesa.
Jamás en la historia de Holanda había existido una Princesa con tanto poder de seducción y jamás nadie se hubiera atrevido a imaginar que, en un año y medio de matrimonio, llegara a ejercer tanta influencia. Las revistas de moda europeas así lo han entendido y sin excepción han comenzado a hablar del estilo Máxima: de su Charme y de su chic; de sus sombreros y de sus tailleurs; de su natural frescura y de ese toque “tan Máxima” como dirían sus conciudadanas... Las empresas (no importa el sector) se disputan su nombre para vender sus productos en todos los confines del reino y sus seguidores se multiplican por millones.
Los padres de Máxima (a los que no se les permitió asistir a la boda de su hija por las posibles implicaciones de su progenitor con el gobierno de Videla) no pueden creer que su hija (la visitan durante estos días para celebrar con ella su 32º aniversario) haya conseguido tanto poder y tanta gloria en menos de un año de “reinado”.
Máxima ha llenado el reino de aires latinos, de sonrisa, de fuerza, de inmensa alegría y ninguno de sus conciudadanos se ha podido resistir a tanta luz. Ella es ya el alma de los Países Bajos.
... Tan sólo en un año
Dotada de encanto irresistible, ha comenzado a escribir, seguramente sin saberlo, su propia leyenda: fascinante, rabiosamente independiente y con una personalidad arrolladora que deja entrever en su forma de dar la mano, en su mirada franca (acompañada siempre de una sonrisa abierta, que invita a hacer confidencias), en su alegría contagiosa. Poderosas armas que ha usado durante el primer año como Princesa para demostrar que sabe qué se espera de ella y que luchará por un espacio en la corte en el que, podrá ejercer un papel en libertad, sin dejar de tener siempre presente el espíritu que impregna, desde hace siglos, la monarquía de los Orange...
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