“Será emocionante que mi padre me conduzca al altar”, confesaba ayer la Princesa
Ari Behn, visiblemente nervioso, esperó la llegada de su prometida
24 MAYO 2002
La princesa Marta Luisa entró en la catedral de Nidaros junto a su padre, el rey Harald de Noruega y mientras el coro infantil Schola Sanctae Sunnivae de Trondheim entonaba, –por deseo de la Princesa- Eg er glad (Estoy contento) del compositor Svein Moellerun, un salmo de peregrinos, en lugar de la tradicional marcha nupcial. Con el rostro serio y la emoción contenida reflejada en él, Marta Luisa se encaminaba hacia el encuentro de su prometido. “Será emocionante que mi padre me conduzca al altar”, confesaba ayer mientras imaginaba su recorrido durante los 100 metros que separan la puerta principal del presbiterio y hoy veía su deseo cumplido.
La novia no hizo esperar al novio ni a sus invitados. Llegó puntual a su cita y, curiosamente, no la esperaba el cortejo nupcial a cuando arribó al templo. Las damas y los pajes–vestidos de blanco las niñas y con frac, como el novio, los niños- la aguardaban en el interior del templo y ella misma recogía la cola de su vestido de novia al bajar del coche de caballos descubierto en el que se trasladó desde el palacio de Stiftsgaarden.
Ari Behn, vestido con frac, la esperaba junto al altar, visiblemente nervioso y acompañado de sus forloveres (padrinos), Marinne Ulrichsen y Kaare Condradi.
Detrás de él, arropándole, se situaban los representantes de las Casas reales europeas asistentes al enlace.