El pueblo eslovaco que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y creció dentro de un volcán: tiene 24 lagos y un reloj con las agujas cambiadas


Galerías mineras bajo el casco histórico, una cervecería con calderas de cobre y cafés forrados de libros: así es Banská Štiavnica, la ciudad eslovaca que un día fue la tercera del reino de Hungría


Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco
13 de octubre de 2026 a las 19:41 CEST

Del techo de la galería cuelga una única bombilla, y su luz amarillenta apenas ilumina los primeros metros del camino: dos raíles que se adentran en la oscuridad entre vigas de madera. El aire huele a piedra húmeda, hace frío y nuestros pasos resuenan con un eco sordo. El ruido de la calle ha desaparecido por completo, a pesar de que solo a unos metros por encima de nuestras cabezas continúa la vida cotidiana de la ciudad, con sus terrazas y el ajetreo habitual del tráfico.

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco

Y es que la antigua mina en la que nos encontramos no atraviesa las entrañas de una montaña, sino el centro de Banská Štiavnica, una pequeña localidad en el corazón de Eslovaquia. Aunque la mina es aquí una de las principales atracciones turísticas, no es lo más sorprendente que esconde esta ciudad eslovaca. Las cifras del pasado llaman la atención: en 1782 vivían aquí unas veinticuatro mil personas, y Štiavnica era la tercera ciudad más grande del Reino de Hungría, solo por detrás de Pest y Bratislava. Hoy en día, la población ronda las nueve mil doscientas personas.

De aquel esplendor quedan una plaza inclinada, única en Europa, un laberinto de túneles reconvertidos en bodegas, dos docenas de lagos artificiales en cuyas aguas se bañan los eslovacos en verano y tres historias –la de un poema, un fotógrafo y un reloj con sus agujas cambiadas– de las que casi nadie ha oído hablar hasta que llega aquí.

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco

Una plaza en la ladera de un antiguo volcán

En Banská Štiavnica conviene empezar escudriñando su paisaje, porque su estampa sirve para explicar todo lo demás. Hace quince millones de años, en este rincón de los Cárpatos, un estratovolcán entró en erupción, dejando tras de sí una caldera que la erosión ha ido suavizando poco a poco. La explosión mezcló las capas geológicas y llevó el oro, la plata y el plomo casi hasta la superficie. La leyenda local ofrece una versión más sugerente: un pastor llamado Jan descubrió dos lagartos cuyas espaldas estaban cubiertas de polvo dorado y plateado, y los reptiles acabaron siendo el emblema del escudo medieval de la ciudad. Aún hoy se les puede ver, tallados en relieve en una pared del centro, con sendas pepitas de oro en la boca.

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco
Lagartos que forman parte del escudo medieval de la ciudad.

El corazón de la ciudad desciende por la ladera como si fuera un anfiteatro: una plaza estrecha y alargada, de forma trapezoidal, con una pendiente tan pronunciada que pasear por ella casi deja sin aliento. Es la Plaza de la Santísima Trinidad, sobre la que se eleva el monumento barroco más alto de este tipo de toda Eslovaquia: una columna coronada por santos, nubes y angelotes, que los vecinos erigieron en memoria de la peste de 1710, que se cobró la vida de más de la mitad de la población.

A solo un minuto a pie, en una pequeña plaza frente al Ayuntamiento, a los visitantes les espera otro detalle sorprendente: el reloj de la torre marca las horas con la manecilla larga y los minutos con la corta. Según cuenta la leyenda, un aprendiz cometió el error mientras lo montaba, y los burgueses encargados de supervisar los trabajos llegaron después del almuerzo, demasiado achispados por la cerveza como para darse cuenta de nada…

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco
Columna de la Santísima Trinidad en Banska Stiavnica.

Mientras tanto, bajo nuestros pies se extiende un mundo subterráneo que se convirtió en la fuente de riqueza de la ciudad. Cada casa nobiliaria de la plaza tenía su propia entrada a un túnel minero y, cuando sus propietarios las convirtieron en magníficos palacios renacentistas, esos pasadizos pasaron a servir como almacenes y bodegas. Así que estas fachadas no se apoyan hoy en cimientos, sino en grandes cavidades.

Un banco donde se custodia el amor

En una de estas casas del centro de la ciudad, un relieve de bronce representa a un hombre en actitud pensativa y sosteniendo una jarra de cerveza; a sus espaldas se adivina una mujer y abajo del todo una inscripción reza: «A. Braxatoris y su musa Marína». Braxatoris era el apellido real de Andrej Sládkovič, uno de los poetas más queridos de Eslovaquia, y Marína, la joven que le rompió el corazón.

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco
Banka lásky, el 'Banco del Amor'.

En realidad, la muchacha se llamaba María Pishlová y vivía en una casa que olía siempre a pan de jengibre. Sládkovič se enamoró de ella sin remedio, pero no tuvo suerte: cuando le entregó un manuscrito titulado Marína, ella ya se había casado con otro. El texto, redactado en 1846, estaba compuesto por una sucesión de versos que la World Record Academy reconoció como el poema de amor más largo del mundo. Aunque su romance era imposible, ella lo guardó en secreto hasta su muerte en 1899, entre esas mismas paredes.

Hoy la casa de Marína alberga la Banka lásky (el 'Banco del Amor'), una sala acorazada donde cualquiera puede alquilar una caja para guardar a buen recaudo una carta, una fotografía o un anillo, por un año o para siempre. En marzo de 2023, un incendio que se declaró en la Plaza de la Santísima Trinidad destruyó siete edificios del centro histórico, incluida la casa de Marína, pero la cámara subterránea se salvó. Las obras de restauración continúan todavía, pero el singular banco espera reabrir sus puertas en unos meses.

El fotógrafo que inmortalizó a The Beatles

Varias calles más arriba, en la cuesta de Pod Červenou studňou, una modesta casa guarda otra historia que nadie esperaría encontrar en un pueblo minero de los Cárpatos: allí nació, el 24 de mayo de 1912, Dezider Hoffmann, a quien el mundo conoció como Dežo.

Su vida parece sacada de una película de aventuras. Como corresponsal fotográfico, cubrió la invasión italiana de Abisinia y la Guerra Civil Española –donde conoció a Robert Capa y a Ernest Hemingway– y más tarde se instaló en Londres. Allí se unió a un grupo de pilotos checoslovacos que lucharon en la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial y, al terminar la guerra, comenzó a trabajar en la revista Record Mirror. A principios de los sesenta, un desconocido cuarteto de Liverpool se cruzó en su camino y así fue como Hoffmann se convirtió en el fotógrafo oficial de The Beatles y en el hombre que consolidó su imagen. Con su cámara también inmortalizó a los Rolling Stones, a Cliff Richard y a Marilyn Monroe, sumando más de un millón de fotografías en tres décadas de carrera.

La relación con The Beatles fue tan estrecha, que, tras su fallecimiento en 1986, Paul McCartney se hizo cargo de los gastos del funeral. Su casa natal, de la que se ocupa una asociación de vecinos, está actualmente abierta al público.

Veinticuatro lagos, una cervecería y un café forrado de libros

Si las profundidades de la tierra explican el pasado de Štiavnica, los lagos de alta montaña explican su presente. Para garantizar el funcionamiento de la maquinaria minera, los ingenieros y cartógrafos construyeron más de sesenta presas, unidas por decenas de kilómetros de canales: un sistema que funcionó hasta mediados del siglo XX. Actualmente se conservan veinticuatro de estos tajchy (embalses), y algunos de ellos tienen una función muy distinta a la original: se han convertido en playas de montaña. En verano, los eslovacos se tumban en sus orillas con una toalla y un libro, como si estuvieran en la costa del Adriático. El lago Klinger se encuentra a pocos minutos a pie del centro, mientras que el Počúvadlo, el más popular, se extiende a los pies del monte Sitno.

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco
Emblase en la ciudad de Banska Stiavnica.

De vuelta al casco antiguo, la vida se concentra en varios locales cuya animación desmiente la idea de una ciudad minera en decadencia. La cervecería ERB elabora su propia cerveza en calderas de cobre instaladas en medio de la sala; en la barra de madera hay cinco grifos alineados, y del techo cuelgan lámparas hechas con aros de barril. A pocas calles de allí, un escaparate anuncia en letras doradas «Chocolate - Praliné - Café», con bandejas repletas de bombones y dispuestas como si fueran joyas. En ese mismo edificio se encuentra el hotel Divná Pani, donde aguarda un salón-cafetería repleto de libros, con sillones y sofás de estilo clásico e inscripciones latinas en sus muros, donde uno puede pasar media jornada sin darse cuenta.

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco
Cervecería ERB.

Kremnica: donde la plata se convierte en moneda

A cuarenta y cinco kilómetros de Štiavnica, apenas cuarenta minutos en coche por una carretera sinuosa que discurre entre bosques, espera la segunda parte de esta historia. En las minas de Štiavnica se extraía el metal, pero era en Kremnica donde se convertía en dinero: el mineral de mejor calidad se pesaba, se analizaba y se registraba en el Kammerhof –la sede de la administración minera– y, a continuación, se transportaba hasta aquí.

Ciudad de Kremnica, Eslovaquia© Javier García Blanco
Ciudad de Kremnica.

Desde 1328, cuando Carlos Roberto de Anjou otorgó a Kremnica el estatus de ciudad real libre, aquí funciona una de las casas de la moneda más antiguas del mundo aún en activo, y que a lo largo de los siglos ha acuñado millones de ducados. Se pueden visitar sus instalaciones históricas y el Museo de Monedas y Medallas del Banco Nacional de Eslovaquia, donde hay una sala entera dedicada al papel moneda.

Ciudad de Kremnica, Eslovaquia© Javier García Blanco

Kremnica cuenta también con su propia mina, la štôlňa Andrej –la galería de Andrés–, hoy convertida en un museo minero, donde la temperatura no supera los ocho grados en ningún momento del año. Provistos de casco y linterna frontal, los visitantes pueden pasear durante casi una hora entre la roca desnuda, emulando a los antiguos mineros. En un momento de la visita, el guía enciende un viejo candil –igual que las que iluminaban a los mineros antes de la llegada de la electricidad– y la penumbra se tiñe de color naranja.

Kremnica. mina Andrej Stolna© Javier García Blanco
Mina Andrej Stolna.

De regreso a la superficie, Kremnica se extiende en torno a una de las plazas más bonitas de Eslovaquia, presidida por otra gran columna barroca y flanqueada por casas de colores. La plaza se puede contemplar en todo su esplendor desde el castillo de la ciudad, cuya torre regala la mejor panorámica de todo el valle. Viendo la calma que desde allí se respira, cuesta creer que este apacible rincón del Viejo Mundo acuñó la moneda de media Europa durante siglos.

Ciudad de Kremnica, Eslovaquia© Javier García Blanco
Kremnica.

GUÍA PRÁCTICA PARA VISITAR BANSKÁ ŠTIAVNICA

CÓMO LLEGAR

El aeropuerto de Bratislava es una buena puerta de entrada. Desde allí, algo más de 170 km por la autopista R1; en tren, con transbordo en Hronská Dúbrava.

TRES IMPRESCINDIBLES

  • Bajar a una galería minera bajo el propio casco urbano.
  • Buscar, en la torre del ayuntamiento, el reloj de agujas cambiadas.
  • Una tarde de baño a orillas del Klinger o del Počúvadlo.

QUÉ PROBAR EN BANSKÁ ŠTIAVNICA

Los bryndzové halušky —ñoquis de patata con queso de oveja—, plato nacional eslovaco, y las cervezas de la ERB, entre ellas la Braxatoris, que lleva el apellido verdadero del poeta Sládkovič.

Gastronomia de Eslovaquia© Javier García Blanco

DÓNDE ALOJARTE

Divná Pani, en un palacio burgués del casco histórico: diez habitaciones concebidas como galerías de arte, cada una dedicada a un movimiento artístico y sin aparatos electrónicos que rompan el encanto.

Banska Stiavnica, la ciudad más bella de Eslovaquia y que casi nadie conoce© Javier García Blanco
Divná Pani.

DÓNDE COMER

En la cervecería ERB, con cocina pensada para acompañar la cerveza que elabora en sus propias calderas de cobre. Abre a diario.

Ciudad de Kremnica, Eslovaquia© Javier García Blanco

IDEAL PARA...

Una escapada cultural lejos de las rutas trilladas, con cerveza artesana y baños de montaña.

EL CONSEJO DEL EXPERTO VIAJERO

Deja el coche fuera del casco antiguo –sus calles son estrechas y muy empinadas– y lleva calzado cómodo. Reserva con antelación las visitas a las minas y guarda medio día para Kremnica, a 45 km.