Agua es la canción que vuelve a juntar a Shakira y Maluma y que sonará por primera vez en directo en Madrid. Será este lunes 12 de octubre, en Macondo Park, durante el concierto con el que la cantante colombiana cierra su residencia en la capital. Una nueva colaboración entre dos artistas que comparten país, éxitos y algo más difícil de explicar con una simple canción: sus raíces. Porque si hay que seguirle la pista a Maluma, el camino lleva inevitablemente hasta Medellín, la ciudad donde nació y a la que él sigue llamando cariñosamente Medallo, como tantos paisas, la misma en la que vino al mundo también Sebastián Yatra. Allí están sus orígenes y también ese vínculo con una tierra que reivindica siempre que tiene ocasión: “orgullosamente latino”.
ENTRE MÚSICA Y CABALLOS
Antes de convertirse en Maluma, estuvo Juan Luis Londoño, un niño que creció entre los suyos, con la música como sueño y los caballos como una de sus grandes pasiones. Aquellos primeros años acabarían llevándolo a los grandes escenarios, pero Medellín siempre ha estado muy presente. Tanto que la lleva incluso en la piel: tiene tatuado el nombre de su ciudad en el pecho. También aparece en las fotografías que comparte de sus regresos a casa, muchas de ellas junto a caballos y con ese sombrero que forma parte de una imagen muy ligada a él.
Sus padres, su hermana Manuela y su abuela han tenido además un papel importante en su vida. Y aunque su carrera le ha llevado muy lejos de Colombia, Maluma ha hablado en numerosas ocasiones de lo que significa volver. “No dejen que nadie les diga que no se puede, los límites están en la mente», escribía en una de sus publicaciones. Y añadía: “Yo vengo de donde vienen muchos de ustedes”. Una frase que dice mucho de la manera en que sigue mirando hacia el lugar del que salió. Incluso cuando luce los colores de su país: “Que viva mi Sele”, escribía junto a una fotografía con la camiseta de la selección colombiana.
MEDALLO, LA CIUDAD QUE TAMBIÉN SUENA
Medellín también está en su música. En 2019, Maluma —que acaba de estrenarse por segunda vez como padre— llevó el nombre de su ciudad natal al pop internacional con Medellín, la canción que grabó junto a Madonna. Un año después fue todavía más directo con Medallo City, un tema incluido en Papi Juancho en el que habla de sus calles, sus barrios y de esa forma de hablar que identifica a los paisas.
Para acercarse a ella, hay que empezar por el centro, en la plaza Botero, donde se reúnen 23 esculturas monumentales de Fernando Botero, el artista nacido también en Medellín, cuyas figuras de formas rotundas se han convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. El recorrido puede continuar en el Museo de Antioquia, que conserva una importante colección de su obra.
Al norte, el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe ofrece un respiro en la ciudad, especialmente por su Orquideorama, una espectacular estructura de madera que cobija una importante colección de orquídeas.
ENTRE MONTAÑAS
Medellín está encajada entre montañas y sus barrios ascienden por las laderas, de ahí que el Metrocable se haya convertido en mucho más que un medio de transporte. Sus cabinas permiten desplazarse hacia las zonas más elevadas y, de paso, contemplar el enorme valle urbano.
En la Comuna 13, uno de los antiguos barrios más castigados por la violencia, el arte urbano ha adquirido un protagonismo especial. Murales, música, baile y pequeños negocios se suceden alrededor de las escaleras eléctricas que conectan sus calles. Es una de las caras más conocidas de la Medellín actual y también una muestra de cómo la cultura ha transformado algunos de sus espacios.
Y LUEGO ESTÁ EL TANGO
Pero hay otra Medellín, más ligada a las tradiciones. En el cerro Nutibara se encuentra el Pueblito Paisa, la recreación de una pequeña población antioqueña, con su plaza, su iglesia y sus casas de colores. Es un buen lugar para acercarse a la cultura paisa, con la que Maluma se identifica cuando habla de sus orígenes, y también a su gastronomía tradicional, con la bandeja paisa como una de sus especialidades.
Al caer la tarde, el tango empieza a sonar en lugares como el Salón Málaga. Este café-bar del centro, abierto desde 1957, conserva una importante colección de discos de 78 revoluciones y fotografías de artistas que pasaron por allí. En sus mesas se escucha a Gardel, pero también boleros, bambucos y otros sonidos que forman parte de la memoria musical de la ciudad.
El tango tiene además una historia especial en Medellín. Carlos Gardel murió aquí en 1935 y su recuerdo sigue vivo en Manrique, donde está la Casa Gardeliana, hoy museo y centro cultural dedicado al cantante argentino.












