Curro y Ángela por fin se han casado y, después de tantos sobresaltos, tocaba una luna de miel a la altura de los Luján. La pareja ha puesto rumbo a Lisboa, donde Máximo, padre de ella y duque de Buenaventura, les ha ofrecido una de sus residencias, que deja a los recién estrenados marido y mujer con la boca abierta: jardines inmensos, paredes cubiertas de cerámica y techos ornamentados. Y no es para menos. Este escenario no es un decorado, sino uno de los palacios más singulares de Lisboa.
Se trata del Palácio Fronteira, una antigua quinta de recreo del siglo XVII que todavía conserva buena parte de su aspecto original. Pero tranquilos quienes lo visiten hoy, porque no serán recibidos, como en la ficción, por el estricto João, secretario del duque de Buenaventura, ni tendrán que vérselas con la agenda de compromisos que les espera a Curro y Ángela.
El palacio nació para disfrutarlo en verano y terminó convirtiéndose en la residencia principal de una familia aristocrática. Su origen se sitúa hacia 1670, cuando Dom João de Mascarenhas, primer marqués de Fronteira, y su esposa, Madalena de Castro, mandaron levantar el núcleo central de la casa y buena parte de los jardines.
La finca fue concebida como quinta de recreo y pabellón de caza, en las afueras de la Lisboa de entonces. Después del terremoto de 1755, que destruyó buena parte de la ciudad, el palacio fue ampliado y pasó a ser la residencia principal de los Mascarenhas. Y aquí sigue la familia. Aunque funciona como museo y es Monumento Nacional, detrás de sus puertas sigue habiendo vida, porque continúa habitado por los descendientes del primer marqués.
AZULEJOS CON HISTORIA
Si hay algo que hace inconfundible a este lugar, es la cerámica portuguesa, que aparece por todas partes. Hablamos de la mayor colección de azulejos portugueses del siglo XVII que permanece en su emplazamiento original, tanto en el interior como en fachadas, terrazas y jardines. Hay escenas mitológicas, batallas, personajes, alegorías y paisajes, en una sucesión de azules y blancos que convierte cada rincón en una pequeña sorpresa.
La visita permite asomarse a varias de las grandes salas del palacio, entre ellas la Sala de las Batallas, la Sala de los Paneles, la de las Cuatro Estaciones y la de Juno, además de la biblioteca, el Terraço das Artes (Terraza de las Artes) y la capilla. La Sala de las Batallas es especialmente espectacular, con azulejos que recuerdan las batallas de la Guerra de Restauración. La decoración sirve también para contar la historia y el poder de la familia Fronteira.
No faltan los estucos, las pinturas, el mobiliario de distintas épocas y piezas de procedencias diversas. Esa mezcla entre decoración exuberante y casa todavía habitada es precisamente la que hace que la visita resulte bastante diferente de la de un palacio-museo convencional.
DOS JARDINES PARA PERDERSE
Pero si el interior impresiona, los jardines son otro capítulo. El conjunto se organiza en varios espacios, entre ellos el Jardín Formal y el llamado Jardín de Venus o Jardín de Cima. El primero es uno de los grandes ejemplos portugueses de jardín de gusto italiano del siglo XVII. Está ordenado geométricamente y tiene cinco fuentes, mientras que al fondo aparecen dos de los elementos más reconocibles del conjunto: el Tanque de los Caballeros y la Galería de los Reyes, con bustos de mármol de los monarcas portugueses.
El Jardín de Venus ocupa un nivel superior y cuenta con el llamado Tanque de las ‘S’ y la Casa del Fresco o Casa del Agua. Más arriba todavía aparece el Ninfeo o Tanque de los Pretos, rodeado por esculturas de divinidades menores.
Es aquí donde las imágenes de La Promesa resultan tan reconocibles. Muros de azulejos, escaleras, fuentes, estanques, esculturas y vegetación forman un conjunto que parece diseñado expresamente para una serie de época. Solo que aquí no hay decorado: todo esto lleva siglos en el mismo sitio.
UN PALACIO CON VIDA CULTURAL
El Fronteira no se limita a abrir sus puertas a los visitantes. La Fundación de las Casas de Fronteira y Alorna, responsable de su conservación y gestión, mantiene una programación cultural que incluye recitales de poesía, conferencias, cursos, coloquios, encuentros literarios e investigación sobre el patrimonio de las casas Fronteira, Alorna y Távora.
También se organizan paseos temáticos por los jardines, algunos centrados en los azulejos y otros en las figuras literarias vinculadas al palacio. Y determinados espacios del conjunto pueden alquilarse para actividades y acontecimientos, siempre bajo las condiciones establecidas para proteger el patrimonio, como ha sido el rodaje de La Promesa.
Así que, mientras Curro y Ángela intentan descubrir Lisboa y esquivar la agenda de compromisos que les ha preparado João, este palacio sigue con su propia agenda: conservar, enseñar y, sobre todo, seguir siendo una casa. Una bastante extraordinaria, eso sí.
PARA APUNTAR ANTES DE IR
- Dónde está: Largo São Domingos de Benfica, 1, en la zona de São Domingos de Benfica, cerca de Sete Rios y del Parque Florestal de Monsanto.
- Qué se puede visitar: el interior del palacio solo mediante visita guiada; los jardines pueden recorrerse por libre, también con audioguía.
- Precio: La visita de palacio + jardines cuesta 17 €; jardines con audioguía, 10 €, y jardines por libre, 8 €.
- Horarios: Abre de lunes a sábado y festivos. Hay visitas guiadas en español a las 12:30 y 17:00.
- Un detalle práctico: la estación de metro más cercana es Jardim Zoológico (línea azul), desde donde hay unos 15 minutos andando; también llega el autobús 770 y hay un pequeño aparcamiento gratuito frente al palacio.










