Lo primero que llega hasta el pueblo es el sonido: un tintineo agudo y desacompasado que desciende por la ladera, se cuela entre las fachadas de madera y va creciendo hasta llenar la calle. Solo en ese momento asoman los rebaños en la lejanía. Una mancha de color en la que poco a poco se pueden distinguir los cuernos, las flores y quienes acompañan a los animales. La procesión avanza lentamente hacia el centro de Charmey, entre dos filas de vallas metálicas tras las cuales los vecinos aguardan expectantes desde primera hora de la mañana.
Las vacas se presentan ante el público adornadas con llamativos ramos de flores y enormes cencerros que cuelgan de collares de cuero labrado. Al frente de los animales camina un armailli –uno de los pastores de la región– con un traje oscuro bordado con edelweiss blancos; algo más atrás, le sigue una joven de blusa clara, delantal rojo y botas de montaña.
¿Cuándo se celebra la Désalpe en Charmey?
Año tras año, la escena se repite el último sábado de septiembre en este municipio del distrito de La Gruyère, en el cantón suizo de Friburgo. Es la Désalpe, la fiesta en honor al regreso de los rebaños tras pasar el verano en las montañas. Las flores y los cencerros anuncian el final de una temporada que comienza unos meses antes, con la subida a los pastos de alta montaña.
En primavera, cuando los prados vuelven a llenarse de alimento, los animales abandonan la llanura y comienza la 'poya': así es como se conoce a la subida en patois friburgués, el habla local. Durante los meses siguientes, los rebaños van cambiando de pastos en busca de hierba, hasta que el otoño anuncia el momento de regresar al valle.
Esta trashumancia alpina, arraigada en la región desde la Edad Media, ha modelado un paisaje que requiere un cuidado constante. Los armaillis cuidan del ganado, pero también desbrozan la maleza, mantienen en buen estado vallas y caminos, reparan las construcciones y recogen la leña necesaria para elaborar los deliciosos quesos locales. Un trabajo que exige conocer a los animales tan bien como a la montaña.
Este conjunto de saberes, oficios y tradiciones relacionados con la temporada de pastoreo alpino de Suiza cuenta, desde 2023, con el reconocimiento de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco. La Désalpe es su celebración más destacada: el momento en que la vida de las montañas se encuentra de nuevo con la del valle.
Tres y media de la madrugada: comienza la preparación y el desfile
Para que el desfile atraviese el pueblo a media mañana, alguien tuvo que encender mucho antes la luz del establo. El día comienza hacia las tres y media de la madrugada con el ordeño. A continuación, hay que limpiar a los animales y preparar los adornos: ramos de flores, ramas de abeto y collares de cuero de los que cuelgan los cencerros. Solo entonces se abre el portón y la familia de pastores se pone en marcha: unas tres horas de descenso desde el alpage hasta Charmey. Es la rindya, la «restitución» en patois, porque los rebaños regresan a manos de sus dueños tras varios meses en los pastos de alta montaña.
Los adornos llaman la atención de los visitantes y suscitan una pregunta inevitable: ¿no son incómodos para los animales? Los ganaderos locales responden con una comparación: según ellos, llevar ese conjunto de flores, ramas y cencerros supone, para una vaca, lo mismo que un colgante para una persona. También destacan el carácter familiar de la Désalpe: cada grupo ayuda a bajar el rebaño vecino y, aseguran, los mejores momentos del día son los que se viven arriba, en el alpage, antes de llegar al pueblo.
En el descenso participan entre seis y doce ganaderos de los pastos vecinos, que van llegando escalonadamente desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la tarde. Visten el complet d’armailli, el traje tradicional de esta región, que incluye el bredzon –una chaqueta de manga corta, generalmente de color azul– y la loyi, una bolsa de cuero que cuelga del hombro. Como en tantos otros lugares, lo que nació como ropa de faena acabó convirtiéndose en el traje masculino del cantón de Friburgo.
La trashumancia alpina tiene siglos de historia, pero la fiesta de Charmey es mucho más reciente. El 6 de octubre de 1980, el Gremio de Comerciantes organizó la primera rindya para atraer visitantes al pueblo. La iniciativa fue todo un éxito y hoy es una de las désalpes más concurridas del cantón.
Cuatro meses en las alturas
Basta alejarse unas decenas de metros de la calle principal para contemplar el paisaje por el que descienden los rebaños y sus pastores. Alrededor de Charmey se extienden laderas tapizadas de hierba, bosques frondosos y cumbres que la niebla oculta durante varios días. Allí, en los pastos de alta montaña –los alpages–, el ganado pasa los meses de verano.
En Friburgo se conservan unas 1.350 construcciones de alpage, la mayoría situadas a más de mil metros de altura. Más de un millar son chalets, la mitad levantados en los siglos XVIII y XIX. En torno al 40 % de estas construcciones conserva tejados de tavillons, pequeñas tablillas de madera que se montan unas sobre otras a modo de escamas, y cuya fabricación y colocación recae en unos pocos artesanos. Al frente de la vida y el trabajo en los chalets está el maître armailli, que coordina todas las tareas, desde el cuidado del ganado hasta la elaboración del queso.
El sabor de los pastos de altura
El trabajo en la montaña encuentra su recompensa en la mesa. En unos cincuenta chalets de la región se elabora el Gruyère d’alpage AOP (Denominación de Origen Protegida, por sus siglas en francés), junto a los pastos donde se alimenta el ganado. A diferencia del Gruyère AOP, que las queserías del valle elaboran todo el año, esta variedad se prepara solo en verano, mientras los rebaños se alimentan en las alturas.
François lleva ya treinta y nueve años haciendo queso de alpage en Moléson-sur-Gruyères, usando una técnica que apenas ha cambiado en siglos. La leche cruda se recoge dos veces al día de vacas alimentadas con hierba y flores alpinas. Para elaborar una sola «rueda» se necesitan unos 400 litros de leche. La cuajada se trabaja en cubas de cobre y, a continuación, la masa se prensa durante veinticuatro horas y pasa otras tantas en salmuera. Por último, el queso madura entre cinco y dieciocho meses en una cava fresca y húmeda.
Junto a las grandes ruedas de queso, en los puestos de la Désalpe se vende otra emblemática especialidad de la comarca: la crème double de Gruyère, una crema espesa que ronda el 50 % de materia grasa. Se sirve en un pequeño recipiente de madera, con cuchara tallada, y se vierte sobre los merengues. El queso y la crema eran también los obsequios que los pastores solían llevar al párroco al regresar al pueblo, en señal de agradecimiento por las misas celebradas durante la temporada.
Cencerros, cornos y un canto de 1545
Pero la Désalpe se escucha tanto como se mira. Al repique de los cencerros se suman los cuernos alpinos, con sus largos tubos de madera alineados en la calle y apoyados en el suelo. Bajo las banderas suizas tocan los integrantes de Ac’Cors des Alpes, un grupo de aficionados de la vecina Treyvaux. La Fanfare de Charmey abre el desfile, mientras un antiguo armailli va comentando por megafonía el paso de cada rebaño.
Los pastos tienen también su propia canción: el Ranz des vaches, conocido como Lyoba, que los armaillis entonan a capela durante los ascensos y descensos de la montaña. Este canto combina la llamada a las vacas, la enumeración de sus nombres y algunos versos improvisados. Documentada desde 1545, la melodía está ligada a una historia que roza la leyenda: se cuenta que a los mercenarios suizos se les prohibía interpretarla bajo pena de muerte, porque la morriña que despertaba en ellos los llevaba a desertar.
Mientras los rebaños atraviesan Charmey, el mercado anima las calles desde el punto de la mañana con puestos de artesanía y deliciosos quesos de alpage. La fiesta también permite contemplar antiguos tractores y otros vehículos de labor y acercarse al prado de animales junto a la cour des Lévanches. Allí, una cabra engalanada con flores rojas y blancas recuerda al visitante que la vida en los pastos de altura no gira únicamente en torno a las vacas.
Al acabar el día, el sonido de los cencerros se va alejando hasta convertirse en un tintineo apenas perceptible. Charmey recupera la calma al pie de las montañas, y arriba quedan los pastos donde los rebaños han pasado el verano, a la espera de que la primavera les obligue de nuevo a ponerse en camino.
GUÍA PRÁCTICA
CÓMO LLEGAR A CHARMEY
El aeropuerto de Ginebra es una buena puerta de entrada. Desde allí, la red ferroviaria permite llegar, con transbordos, a Broc-Village, donde el autobús 260 continúa hasta Charmey.
MEJOR ÉPOCA PARA VIAJAR
El último sábado de septiembre, cuando se celebra la Désalpe: en 2026 será el día 26. Conviene reservar alojamiento con antelación.
TRES IMPRESCINDIBLES
- El desfile de los rebaños engalanados.
- El mercado de quesos y artesanía.
- Un baño con vistas a las montañas en Les Bains de la Gruyère.
QUÉ PROBAR EN CHARMEY
El Gruyère d’alpage, la fondue moitié-moitié —con Gruyère y Vacherin Fribourgeois— y los merengues con doble crema de la comarca.
DÓNDE ALOJARTE
Le Sapin, con habitaciones de ambiente alpino en el centro del pueblo, o el Romantik Hôtel L’Étoile, con interiores de madera y habitaciones familiares.
DÓNDE COMER
En Nova, el restaurante de L’Étoile, con cocina de temporada. Su brasserie ofrece también fondue elaborada con queso de la lechería de Charmey.
IDEAL PARA...
Una escapada de montaña para quienes disfrutan de las tradiciones locales, los paseos entre pastos y la gastronomía quesera.
EL CONSEJO DEL EXPERTO VIAJERO
Llega antes de las nueve y prioriza el transporte público: el descenso de los rebaños condiciona la circulación. Dormir la víspera en Charmey permite disfrutar de la fiesta desde primera hora.















