DESCUBRIMIENTO EN TERUEL

La mejor ruta en moto de España atraviesa dos de los pueblos más bonitos del Maestrazgo: una villa amurallada y otra que fascinó a Pío Baroja


Un 'road-trip' de 63 kilómetros desde Venta La Pintada, en Gargallo, hasta el puerto del Cuarto Pelado, cerca de Cantavieja, la preciosa capital de esta comarca turolense. Tampoco queda lejos Mirambel, otra de las poblaciones más bellas de nuestro país.


villarluengo, the silent route, teruel
11 de agosto de 2026 a las 7:30 CEST

Teruel es, con permiso de Soria, la provincia más bella, solitaria y desconocida de España, un filón para los viajeros que buscan tesoros sin alejarse mucho de casa. En el sureste de Teruel, lindando con Castellón, se esconde el Maestrazgo, una comarca alta, abrupta, hermosa y vacía como ninguna otra de Aragón, con un paisaje estremecedor detrás de cada curva y con una densidad de población de solo 2,6 habitantes por kilómetro cuadrado, similar a la del desierto del Namib, entre Namibia y Sudáfrica. Es el Teruel de Teruel. Pocos coches, furgonetas y camiones se ven recorriendo la carretera A-1702, la ondulante espina dorsal que vertebra esta comarca desierta, huesuda y fantasmal. En cambio, abundan los moteros, sobre todo desde que fue galardonada como la mejor ruta nacional en los premios Mototurismo 2022. La llaman The Silent Route y es cierto que cuando paran sus máquinas no se oye nada en absoluto, solo el silbido de las alas de los muchos buitres leonados que sobrevuelan estas soledades. Claro, que si la llamaran La Ruta del Silencio o, mejor, A Rota d’o Silenzio, en aragonés, se entendería igual y sería más apropiado para un viaje de proximidad como este. 

monumento en el puerto de Los Degollaos, the silent route, teruel
Puerto de Los Degollaos.

EMPEZAR EL DÍA CON ENERGÍA EN VENTA LA PINTADA

La ruta comienza en el bar y restaurante Venta La Pintada, a 3,5 kilómetros de Gargallo, donde la tradición motera manda desayunar fuertecillo, tomando un par de huevos fritos con conserva. En Teruel, la conserva no es una lata de atún o mejillones, como en el resto de España, sino lomo, costilla y longaniza de la matanza fritos en aceite de oliva virgen extra y envasados en tarros. Esto de meterse 800 calorías entre pecho y espalda a primera hora de la mañana es una costumbre difícil de entender en verano, pero el resto del año, con frecuentes días de cierzo y temperaturas bajo cero en el altiplano del Maestrazgo, resulta hasta razonable.

Para comer, la especialidad de la casa son las judías blancas con chorizo, oreja y morro. Así no se pasa frío ni en enero. Y menos, si se agita luego bien el contenido del estómago tomando un montón de curvas, ¡233!, las que tiene la carretera A-1702, que arranca justo enfrente de la venta, junto a un cartel abarrotado de pegatinas que reza: “Bienvenido Rutas Aragón Slow Driving, The Silent Route”. Hasta el puerto del Cuarto Pelado, donde hay otro cartel idéntico para los que hacen la ruta en sentido contrario, son 55 kilómetros. Eso dicen Google Maps y los hitos kilométricos de la carretera. Si se toman algunos desvíos por el camino, como se propone en la web oficial de la ruta (thesilentroute.com), son 63. 

monumento al guante motero, ejulve, the silent route, teruel © Andrés Campos
Monumento del Saludo Motero, en Ejulve.

DOS MONUMENTOS MOTEROS EN EJULVE

Son muchas curvas (233), incluso para un motero experimentado. Por suerte, al poco de empezar la ruta, en el kilómetro 9 de la A-1702, justo antes de entrar en la población de Ejulve, hay un área de descanso perfecta para echar pie a tierra firme y calmar el mareo contemplando el monumento del Saludo Motero, una mano gigante enguantada, obra de Architecnica Creativos, que señala con los dedos índice y corazón hacia el cielo, haciendo algo como la uve de la victoria. En realidad, no es un signo triunfal, sino el gesto de camaradería que los moteros intercambian al cruzarse en cualquier carretera, con el brazo izquierdo extendido hacia abajo en un ángulo de 45 grados, aunque aquí se ha instalado la mano apuntando hacia arriba para que luzca mejor en los selfis.

buitre leonado© Andrés Campos
Buitre leonado.

En el puerto de Los Degollaos, 7,5 kilómetros más adelante, hay otra área de descanso invitadora, con unas vistas aún mejores que la anterior y con otro monumento icónico de esta ruta, en el que aparece una cabra montés —animal también característico del Maestrazgo, como el buitre leonado— encaramada en una cumbre picuda, avizorando el panorama inmenso y desolado del sureste de Teruel. Es el logotipo monumental de The Silent Route, delante del cual todos los moteros se retratan y comparan sus monturas con las de los que están delante y detrás en la cola para sacarse fotos.  

órganos de montoro, the silent route, teruel© Andrés Campos
Órganos de Montoro.

LOS ÓRGANOS DE MONTORO Y EL NACIMIENTO DEL RÍO PITARQUE

La siguiente parada para estirar las piernas y la mirada y para llenar el móvil de fotos que parecen tomadas en la Luna se hace en un mirador que hay frente a los Órganos de Montoro, en el kilómetro 27 de la A-1702. Aquí la carretera y el río Guadalope, largo e impetuoso afluente del Ebro, atraviesan una quebrada de roca caliza plateada cuyas paredes semejan cuchillos puntiagudos, altos como rascacielos, que a esta distancia semejan los tubos de unos órganos de viento. Por eso, y porque el pueblo más cercano es Montoro de Mezquita, este monumento natural se llama como se llama.

Para estirarlas de nuevo —las piernas y la mirada—, los moteros se desvían cuatro kilómetros después por la carreterilla TE-V-8042 y hacen otra parada en los túneles de Pitarque —formidables arcos de roca que fueron esculpidos con pico y barrena hace más de 70 años para abrirse paso por la angostura del río homónimo, afluente del Guadalope­— y otra más en el pueblo del mismo nombre. Aquí, los moteros más andarines pueden aparcar su montura y echarse a pasear por el sendero SL-TE 30, un itinerario bien señalizado de poco más de diez kilómetros y tres horas ­­—incluida la vuelta por el mismo camino— que permite adentrarse en el cañón rocoso donde el río brota de sopetón con un caudal de hasta 1.500 litros por segundo, formando cascadas y pozas cristalinas.

río pitarque cerca de su nacimiento, pitarque, the silent route, teruel © Andrés Campos
Río Pitarque cerca de su nacimiento.

A medio camino entre el mirador de los Órganos de Montoro y el desvío hacia Pitarque, en el kilómetro 28 de la A-1702, se encuentra el hotel La Trucha (gargallo-hotels.com), un rústico y no hace mucho modernizado cuatro estrellas con piscina de verano, restaurante distinguido con un Solete Repsol y, algo que atrae como un imán a las motos: aparcamiento cubierto. Ocupa las antiguas Fábricas de Villarluengo, un complejo industrial de 1789 donde con la fuerza del río Pitarque se hizo papel continuo antes que en ningún otro sitio de España y donde había casas, capilla y escuela para más de 200 familias. Dicen que fue la primera fábrica de papel moneda de España y que 24 burros lo transportaban a Madrid, echando un mes de viaje. ¡Y pensar que hoy solo se tarda cuatro horas en cubrir la misma distancia con una burra de dos ruedas!

villarluengo, the silent route, teruel© Andrés Campos
Villarluengo.

EL FORASTERO Y EL CAIMÁN 

La ruta continúa por la carretera A-1702, bordeando precipicios y bonitos pueblos de casas colgadas como Villarluengo y Cañada de Benatanduz. El Balcón de los Forasteros, en Villarluengo, recuerda a los que vienen de fuera a finales de agosto para correr delante de las vacas por las calles del pueblo, en particular a uno que saltó al vacío desde este vertiginoso mirador cuando estaba a punto de ser cogido, librándose de una caída seguramente mortal al aferrarse en el último momento a las rocas del borde. La vaca saltó detrás de él, pero la pobre no tenía manos prensiles con las que agarrarse, como aquel primate.

Cañada de Benatanduz, Teruel, The Silent Route© Andrés Campos
Cañada de Benatanduz.

Otro recuerdo tragicómico es el que asalta a los viajeros en el kilómetro 50 de la A-1702, al poco de pasar por Cañada de Benatanduz. Allí se descubre a mano derecha El Caimán de las Montañas, una réplica del autobús de línea de color verde —de ahí su nombre— que recorría a diario esta carretera hace ya 90 años, yendo de Alcorisa a Cantavieja. El autobús es gracioso, porque cualquiera puede retratarse asomado a las ventanillas sin que parezca lo que es: un decorado hueco. Pero viajar en el autobús de verdad no era tan divertido. Un panel informativo ubicado en este punto cuenta cómo el 17 de febrero de 1948 los maquis desvalijaron a los pasajeros y tirotearon al propietario del autobús, y eso que iban escoltándolo dos guardias civiles.

Cantavieja, Teruel© Shutterstock
Cantavieja.

EL MAESTRAZGO DE PÍO BAROJA

Cuatro kilómetros y medio después, se llega al final de la carretera A-1702 y de la ruta. Aquí, ya casi en el puerto del Cuarto Pelado, muchos moteros dan media vuelta para regresar viendo lo mismo con otra luz y para comer, cenar y dormir en el hotel La Trucha o en Venta La Pintada —muy recomendable también Fonda Josefina, en Villarluengo—. Otros prefieren bajar por la carretera A-226 para admirar dos de Los Pueblos Más Bonitos de España: Cantavieja y Mirambel. La amurallada y encastillada Cantavieja, que es la capital de la comarca y lo fue del carlismo en Aragón —aquí tuvo su primer centro de operaciones el general Cabrera, el Tigre del Maestrazgo—, impresionó a Pío Baroja.

Mirambel, Teruel© Mirambel, Teruel
Mirambel, una joya medieval

Pero, sobre todo, al escritor le fascinó Mirambel, que “ha seguido siendo —decía— un pueblo cerrado, hierático, misterioso. Parece un animal muerto dentro de su concha”. En 1931, en la novela La venta de Mirambel, Baroja comparaba también los cerros de piedra caliza que rodean esta población con “ruinas de inmensos palacios y castillos, de ciudadelas de cíclopes o de gigantes”. Un año antes, había hecho un road trip por estas tierras imponentes, recogidas y silenciosas, adelantándose casi un siglo a los moteros que hoy recorren The Silent Route. Nada cuesta imaginarlo tomando notas de cuanto veía —como siempre hacía—, arrellanado en el asiento de un lujoso coche Hispano Suiza, que era un auténtico trono rodante, mientras conducía su sobrino Julio. En una moto no hubiera podido.