EL TERCER PAÍS MÁS MINÚSCULO DEL MUNDO

Castillos, perfumes y raviolis: un viaje a San Marino, el diminuto país encajado en el medio de Italia


Con un maravilloso entramado medieval coronado por tres torres y repleto de plazoletas, miradores y terrazas al sol, este discreto microestado es un diamante en bruto que merece ser descubierto


San Marino, uno de los países más pequeños del mundo© Shutterstock
Noelia FerreiroPeriodista de Viajes
22 de junio de 2026 a las 7:27 CEST

Viene a hacer gala de aquello que afirma un viejo dicho popular: las mejores esencias se guardan en frascos pequeños. Y es que su superficie es apenas cuatro veces menor que la ciudad de Toledo. Este desconocido país encajado en el medio de Italia tiene el honor de ser el tercero más minúsculo del mundo, apenas por detrás de Mónaco y el Vaticano. Se llama San Marino y, aunque a menudo pase desapercibido en el circuito turístico, es un destino plagado de sorpresas.

Tan solo 61 kilómetros cuadrados ocupan el territorio de este microestado, que presume de ser, además, el más antiguo del mundo. En un mapa en el que las fronteras se mueven desde tiempo inmemorial, San Marino se mantiene inalterado desde el 3 de septiembre del año 301, día de su fundación. Ni las guerras, ni las conquistas, ni ningún otro capricho de la historia han podido modificar su independencia y soberanía. Hoy, como entonces, sigue siendo un botón escondido en un pliegue perdido del país de la bota, entre las regiones de Emilia-Romaña y Las Marcas.  

Calles de San Marino, uno de los países más pequeños del mundo© Shutterstock

No es Italia, pero se le parece mucho

Impecable, armonioso, evocador, San Marino se recuesta sobre el monte Titano para extender un entramado medieval con el que rebobinar en el tiempo. Porque, aunque no es Italia, sí se le parece mucho. En el idioma, en la moneda, en la gastronomía. En una arquitectura dibujada con arcos y soportales, con murallas y monumentos solemnes a los que el sol de mediodía confiere una tonalidad dorada.  

San Marino, uno de los países más pequeños del mundo© Shutterstock

Hacia el cielo, siempre ocupando todas las miradas, tres torres fortificadas definen su silueta, cada una de ellas posada sobre los tres picos del monte. Guaita, Cesta y Montale, construidas entre los siglos XI y XIII, son la imagen icónica de este destino, que despuntan en el perfil urbano con un aire de cuento infantil. Especialmente en el llamado Passo delle Streghe (Paseo de las Brujas) que se extiende entre la primera y la segunda: nada puede ser más mágico que este sendero rocoso y arbolado, a menudo envuelto por la niebla y azotado por el viento de las cumbres.

San Marino, uno de los países más pequeños del mundo© Shutterstock

Borgo Maggiore, el paseo más bonito para exprimir la buena vida

Es desde el coqueto municipio de Borgo Maggiore, que bien merece un paseo, desde donde se accede a la ciudad amurallada a través de un funicular que parte cada 15 minutos y conduce a una de las cinco puertas que aún quedan en el centro histórico. A partir de este punto, todo será ejercitar las piernas: comienza un empinado y sinuoso recorrido a través de un escenario fantástico.

Fortaleza de San Marino, uno de los países más pequeños del mundo© Shutterstock

Calles empedradas, pequeñas plazoletas, rincones floreados y encantadoras terrazas al sol se suceden a lo largo del trayecto, con ese sabor tan mediterráneo que invita a exprimir la buena vida. Y a cada tanto, un mirador que recuerda que nos hallamos sobre un monte y que deja que la vista se pierda entre verdes colinas que ejercen de antesala de los majestuosos Apeninos. Al fondo, en los días claros, hasta se puede divisar el Adriático.

En la ruta por el caso viejo no hay que perderse la iglesia de San Francisco, la más antigua del país, cuyo claustro alberga una muestra de arte sacro. Tampoco la Piazzetta del Titano, un poco más adelante, donde está el Museo del Estado y su valiosa colección de joyas de los siglos VI y VII, entre otras muchas reliquias pictóricas. Tarde o temprano, aparecerá la Piazza della Libertà, en la que se erige solemne el palazzo Pubblico, sede del Parlamento, un edificio de estilo neogótico frente al que figura una estatua de la libertad que, curiosamente, fue construida diez años antes de la de Nueva York.

Basílica de San Marino, uno de los países más pequeños del mundo© Shutterstock

Dónde comer y qué comprar en tu visita a San Marino

La imponente Basílica de estilo neoclásico (con una escultura de San Marino en el altar), la pequeña iglesia de San Pedro y el palacio Pergami Belluzzi, que acoge el Museo del Estado, son otros monumentos que asaltan en el camino, mientras se disfruta de placeres más mundanos. Porque también en San Marino abundan las tiendas exquisitas en las que entregarse a unas compras que, gracias a su régimen fiscal, ofrecen precios generalmente más bajos.

Hay cerámicas pintadas a mano, encajes, cristalería, marcas internacionales de electrónica, productos cosméticos y perfumes artesanales como los de MCM (mcmparfum.com), donde Cristina Marcellini elabora fragancias con las flores ligadas al territorio: lavanda, menta, romero y una extraña variedad llamada ephedra nebrodensis. Y también hay, claro, productos de la tierra como los que se venden en Emporio degli Agricoltori: vinos autóctonos (como el Brugneto o el Moscato di San Marino), licores locales de hierbas (como el licor de tilo) y repostería típica como la torta tre monti, el postre nacional, que consiste en múltiples capas de galletas tipo barquillo u oblea, intercaladas con un delicioso relleno de cacao y avellanas.

Raviolis rellenos de queso y carne con salsa de mantequilla
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Raviolis rellenos de queso y carne con salsa de mantequilla

¿Se ha abierto el apetito? Bueno, es otra de las grandes experiencias por las que se viene a San Marino, donde la gastronomía tiene, claro, una total influencia italiana, pero con sus particularidades. Es este el país de los raviolis, que preparan exquisitos en el restaurante Spingarda (ristorantespingarda.sm) desde cuyas mesas se vierten unas vistas fabulosas. Más sofisticado es Cesare (hotelcesare.com), donde el chef Graziano Canarezza deleita con un menú inspirado en la cocina de Emilia Romagna, pero con un toque creativo. Y más romántico es Brace da Donati (bracedadonati.com), donde vivir un viaje de sabores en una encantadora cueva. La Terrazza (ristorantelaterrazza.sm), dentro del palacio histórico del Hotel Titano, combina elegancia y refinamiento con una cocina de autor.  

Ya solo queda dormir y qué mejor que hacerlo en el Grand Hotel San Marino (grandhotel.sm) que se yergue sobre el valle del Montefeltro, en pleno centro histórico de este país diminuto en tamaño pero inmenso en belleza y hospitalidad.