Desde 20.000 euros es posible alojarse una noche en la exclusiva Tagomago, una de las pocas islas privadas que existen en España. Las encontramos en Baleares, Canarias, Galicia, Murcia e incluso en el interior de Castilla y León. Enclaves únicos que se mantienen al margen de los circuitos turísticos de nuestro país.
Lejos de la imagen de territorios reservados a multimillonarios, todas pueden verse desde la costa o rodearse en barco, aunque poner un pie en ellas no siempre es posible. En unas se levantan mansiones valoradas en decenas de millones de euros; otras son islas vírgenes sin construcciones, protegidas por su alto valor medioambiental y habitadas únicamente por aves. Algunas se alquilan por miles de euros la noche, mientras otras permanecen cerradas al público desde hace décadas. Todas comparten lo mismo: aparecen en los mapas… pero llegar hasta su orilla es otra historia.

TAGOMAGO (IBIZA)
Tagomago es el sueño de quienes fantasean con tener una isla para ellos solos. Durante años, el empresario alemán Mathias Kühn, pareja de Norma Duval, convirtió este islote privado en uno de los refugios más exclusivos del Mediterráneo, alquilándolo a celebridades y grandes fortunas. Justin Bieber y Christiano Ronaldo son algunos de los que han pasado unas vacaciones de lujo en esta isla a un kilómetro escaso de Ibiza y a solo media hora en barco de Formentera. Mide unos 1500 metros de largo por unos 900 de ancho y en sus 60 hectáreas de paisaje mediterráneo virgen, con senderos, calas rocosas, impresionantes acantilados y un faro en el punto más alto, una sola construcción: una villa contemporánea de estilo ibicenco chic con todas las comodidades que uno espera de un lugar así.
© ShutterstockLos privilegiados que pueden desembolsar 20.000 euros por alojarse cada día en ella tienen a su disposición cinco suites con amplias terrazas, piscina, zonas de estar al aire libre, área fitness y embarcadero propio. El alquiler de Tagomago ofrece, además, servicios premium como mayordomo, chef privado, capitán de barco, servicio concierge 24 horas y experiencias de bienestar, naturaleza o gastronómicas al mismo nivel (tagomago-island.com).

SA FERRADURA (IBIZA)
A pesar de encontrarse a escasos metros de la costa norte ibicenca, frente a la bahía de Port de Sant Miquel, Sa Ferradura permanece prácticamente invisible. Desde el mar se adivina una sucesión de terrazas escalonadas, piscinas y jardines, pero la vida que transcurre detrás de ellas pertenece a uno de los rincones más inaccesibles y exclusivos del Mediterráneo.
Aunque muchas veces se la describe como una isla, Sa Ferradura es en realidad una pequeña península unida a Ibiza por una estrecha lengua de arena. Pertenece al multimillonario ruso Mikhail Prokhorov, que la adquirió en 2013 y la transformó en una de las propiedades más lujosas de Europa (luxewellnessclub.com).

En sus 35.000 metros cuadrados se reparten jardines tropicales, dos piscinas, un spa, gimnasio, salas de yoga y una villa contemporánea con seis dormitorios y capacidad para una docena de huéspedes. Una plantilla de más de 20 personas —desde chef privado hasta personal de seguridad— se encarga de que los visitantes apenas tengan que preocuparse de nada.
Y sí, es posible alojarse en Sa Ferradura, aunque no precisamente a precios convencionales. La propiedad se alquila de forma íntegra y exclusiva, normalmente por semanas, y en temporada alta las tarifas alcanzan los 300.000 euros la semana, lo que la convierte en una de las villas vacacionales más caras de España. Entre sus huéspedes han figurado algunas de las mayores fortunas del mundo y celebridades que buscan algo cada vez más escaso en Ibiza: una península entera para ellos solos (lushexperiences.com).
© ShutterstockS’ESPALMADOR (FORMENTERA)
Varias veces al día, los ferris parten desde el puerto de La Savina hacia este islote paradisíaco y virgen al norte de Formentera que condensa la esencia más pura de la isla. Sin hoteles ni chiringuitos con música chill out que alteren su atmósfera de nirvana, Espalmador forma parte del Parque Natural de ses Salines y, aunque es de propiedad privada, su acceso es de uso público.
Con unas 137 hectáreas —casi 3 kilómetros de longitud y apenas 800 metros de anchura—, está coronado por la Torre de Sa Guardiola, presenta una costa acantilada, salinas, una laguna curiosa, tres playas y un conjunto de atolones dispuestos como un anillo. Pero lo más valioso es su excepcional riqueza biológica, que hace las delicias de ornitólogos y naturalistas.
Es un territorio idílico para actividades náuticas como el paddle surf en aguas de transparencia imposible, con todas las gradaciones del azul, o al esnórquel en la mayor pradera de posidonia del Mediterráneo, declarada Patrimonio de la Humanidad.
© @isladelburguilloISLA DE EL BURGUILLO (ÁVILA)
Nadar, montar en canoa, hacer paddle surf, navegar en velero… Todo eso se puede hacer en el embalse del Burguillo, al sur de la provincia de Ávila. Un oasis cerca de Madrid formado con las aguas del río Alberche y rodeado por la naturaleza de la Reserva Natural del Valle de Iruelas.
En medio del embalse se encuentra la isla privada más curiosa de esta lista, porque no está en el mar sino en un pantano, y su hectárea de extensión está completamente amurallada. Su vivienda, conocida como El Castillo, se alquila y tiene capacidad máxima para 10 personas y cuenta con embarcadero, viñas, frutales, pinos y acceso a las playas. Pasar una noche aquí cuesta 1400 €. El lujo de esta isla está en la sensación de estar completamente aislado (isladelburguillo.es).
© Shutterstock, islasISLA DEL BARÓN Y PERDIGUERA (MURCIA)
La historia de este pequeño tesoro del Mar Menor es, cuanto menos, curiosa. Conocida también como Isla Mayor, toma su nombre del IX Barón de Benifayó, un aristócrata del siglo XIX que la transformó en una finca privada de recreo y caza, donde construyó un palacete y una torre de estilo mudéjar.
Más allá de su valor arquitectónico, este territorio de 93 hectáreas destaca por su entorno natural y por ser uno de los enclaves ecológicos más singulares del Mar Menor, además de refugio de aves acuáticas.
Vecina de la isla del Barón es la volcánica y semi-salvaje de Perdiguera, de unas 25 hectáreas y con pasado militar y turístico. Hoy este enclave de alto valor ecológico y arqueológico es propiedad privada del empresario Tomás Fuertes, del grupo El Pozo.
© ShutterstockSA CONILLERA (IBIZA)
El mayor de los islotes de poniente de Ibiza, frente a la bahía de Sant Antoni, es una isla baja y rocosa de unos 2 kilómetros de longitud, con vegetación mediterránea —pinos, sabinas y matorral— y un faro histórico del siglo XIX que sigue en funcionamiento. Forma parte de un espacio natural protegido dentro del entorno de Es Vedrà y los islotes cercanos, por lo que tiene un alto valor ecológico, especialmente por sus aves marinas y especies endémicas como la lagartija de Ibiza. Vinculada a la familia Matutes según fuentes locales, no es una isla turística, ya que no hay población estable ni servicios, por lo que el desembarco está restringido y solo puede contemplarse desde el mar o desde la costa oeste de Ibiza.
© ShutterstockISLA DE TORALLA (PONTEVEDRA)
Aunque en España la Ley de Costas defiende que el litoral debe ser de acceso público, en la isla de Toralla ocurre una situación bastante polémica porque, pese a estar en plena ría de Vigo y ser costa, el acceso está controlado por una urbanización privada con un puente vigilado, lo que limita la entrada solo a residentes y personas autorizadas.
A partir de ahí, la isla es básicamente un pequeño espacio urbanizado en medio del mar, con un edificio tipo torre y varias viviendas, conectado a tierra firme por un puente. Antes de convertirse en urbanización privada, tuvo ocupación antigua, con restos de un castro y presencia romana, pero con el tiempo pasó a manos privadas y acabó desarrollándose como la vemos hoy.




