Julia Otero da titulares prácticamente a diario desde los micrófonos de la radio, aunque en ocasiones también los protagoniza. Si hace unas semanas era su reconocimiento con la Cruz de Sant Jordi, sumando un nuevo galardón a su trayectoria profesional, en esta ocasión ha sido un hito familiar el que ha querido compartir y celebrar: la reciente graduación de su hija como cirujana vascular, un logro que ha vivido con especial emoción.
A raíz de este acontecimiento, Julia Otero ha querido también reivindicar el papel de la sanidad pública, no solo desde su entorno familiar —es esposa y madre de profesionales de la medicina—, sino también a partir de su propia experiencia personal. Desde que en 2021 fue diagnosticada de un cáncer de colon, se ha convertido en un ejemplo de resiliencia. Aun así, reconoce que las revisiones periódicas cada tres meses le generan “inquietud y ansiedad”, una sensación con la que convive desde la prudencia y la serenidad.
En ese contexto personal y vital, cobran fuerza sus raíces, que están en Galicia y explican su forma de pensar. Aunque siendo una niña se trasladó a Barcelona, dice que “con los años me he ido haciendo más gallega”, subrayando ese vínculo que ha ido ganando peso con el paso del tiempo y que la une a la pequeña aldea lucense de A Penela, pertenciente al municipio de Monforte de Lemos, donde nació y mantiene su hogar. A él regresa tres o cuatro veces al año para charlar con sus vecinos, caminar por el monte, ver cómo crecen los olivos que ha plantado. Descubre dónde nacen las raíces de Julia Otero.
¿QUÉ VER EN MONFORTE DE LEMOS?
Monforte es la capital de la Ribeira Sacra y conserva una grandeza monumental sorprendente, heredada en buena parte de su pasado medieval. Como ciudad fortaleza se organizaba alrededor de un monasterio, con un castillo en lo alto del monte San Vicente y un recinto amurallado con torres defensivas. De aquellos tiempos todavía conserva tramos de muralla, algunas torres y dos puertas históricas de acceso a la villa.
El conjunto monumental del monte San Vicente es el corazón histórico de Monforte. Allí se levanta el antiguo monasterio de San Vicente do Pino, cuya forma actual data de los siglos XVI al XVIII, aunque es llamativo el contraste de estilos: la fachada y el claustro de estilo neoclásico, la iglesia gótica y la portada renacentista.
La torre del homenaje del antiguo castillo medieval, con 30 metros de altura y muros de tres metros de espesor, y el antiguo pazo de los condes de Lemos también forman parte del conjunto. En la actualidad, una parte del complejo acoge el Parador de Monforte, un exquisito establecimiento de estancias señoriales, con un precioso claustro y un buen restaurante donde dar buena cuenta de la gastronomía del interior de Lugo.
EL BARRIO JUDÍO
Descendiendo del monte hacia el núcleo urbano, el paseo discurre por las encantadoras callejuelas que, siglos atrás, albergaron a una próspera comunidad sefardí. Monforte forma parte de la Red de Juderías de España, aunque con una particularidad, aquí los judíos no vivían segregados en aljamas, sino integrados con la población local, principalmente entre las calles Zapaterías, Falagueira, Pescaderías y la actual plaza de España.
En la angosta calle Falagueira aún se puede contemplar un edificio que, según documentos históricos, posiblemente acogió la antigua sinagoga, así como la noble Casa de los Gaibor, perteneciente a la familia judía más influyente de la ciudad.
EL ESCORIAL GALLEGO
La gran sorpresa de Monforte aguarda en el centro urbano, en el denominado Campo de la Compañía, donde está el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, que llaman El Escorial gallego por su evidente parentesco con el refugio madrileño de Felipe II. Esta extraordinaria joya herreriana, iniciada en 1593 por orden del cardenal Rodrigo de Castro, es uno de los legados más valiosos de la Compañía de Jesús en Galicia.
Su imponente fachada de granito, con 110 metros de longitud, es preludio de los tesoros que alberga en su interior: un claustro espectacular que impresiona pese a su deliberada sobriedad, una iglesia magistralmente inspirada en el Gesú de Roma y una escalera que parece desafiar la gravedad. Además, el recinto atesora un extraordinario museo ubicado en la antigua sacristía, donde se custodian dos lienzos originales de El Greco, junto a otras piezas artísticas de incalculable valor.
En un corto paseo se alcanza la Ponte Vella (Puente Viejo), que salva las aguas sobre el río Cabe e invita a seguir los paseos fluviales que bordean el río. Justo al otro lado del puente se encuentra el Museo de Arte Sacro de las Clarisas, con una valiosa y completa colección donada por los VII condes de Lemos y virreyes de Nápoles que lo convierte en uno de los más importantes de España en su género.
EN MONFORTE SE COME MUY BIEN
En la capital de la Ribeira Sacra, el tapeo siempre se acompaña de un buen vino de la zona, ya sea mencía o godello. Entre los sitios más recomendables para tapear está A Taberna, una de esas tabernas de siempre donde se come casero y se respira ambiente local.
¿Qué hay que probar? Por supuesto, la empanada monfortina, que muchos consideran de las más auténticas de Galicia, junto con el pan artesano hecho en horno de leña. Las hay de todo tipo: de atún, de carne, de zamburiñas, de congrio o las más caseras como las de zorza o iscos. También es habitual comprarlas en las panaderías y comerlas al aire libre, por ejemplo, junto al río Cabe.
Otro clásico es el pulpo á feira, que aquí defienden a capa y espada. En Monforte es habitual disfrutarlo en días de feria o en locales de siempre, como la Pulpería Os Chaos. Y, para terminar, nada como una larpeira, un dulce muy popular.
Para conocer mejor los vinos de la zona, merece la pena acercarse al Centro del Vino de la Ribeira Sacra, donde podrás degustar, comprar y aprender un poco más sobre esta tradición tan arraigada.
DE MONFORTE AL CAÑÓN DEL SIL
Como capital de la Ribeira Sacra, Monforte es el mejor punto de partida para explorar este mágico rincón del territorio gallego donde el río Sil ha esculpido, en la frontera entre Lugo y Ourense, un impresionante cañón de roca granítica y belleza sobrecogedora que se contempla en toda su magnitud desde miradores como Los Balcones de Madrid o As Penas de Matacás.
Una perspectiva distinta y no menos cautivadora se obtiene navegando por las serenas aguas del Sil a bordo de alguno de los catamaranes turísticos que recorren el curso fluvial entre montes verdísimos y paredes verticales dedicadas al cultivo de la vid, “viñedos heroicos”, los llaman.
Pero el cañón del Sil no solo destaca por su belleza natural y sus vinos, también por su rico patrimonio histórico y artístico, Los monasterios como Santo Esteve de Ribas de Sil o Santa Cristina de Ribas de Sil se esconden entre robles y castaños, testigos de la presencia de monjes eremitas que buscaron en estas laderas lugares tranquilos y apartados para el rezo y la meditación.












