De pronto, entre la confusión de los olivos, emerge un delirante cubo rojo con un cuerno de acero, media aceituna incrustada y un gigantesco ojo fundido en hormigón que desprende, cual locomotora a vapor, infinitas columnas de humo. Una visión insólita que barniza de surrealismo a la Serranía de Ronda, aquella que fue para los viajeros del siglo XIX todo un manantial de inspiración.
¿Pero qué es realmente esta locura que despunta hoy en este entorno malagueño de límites imprecisos? "Es nada menos que la primera almazara de autor del planeta", responde Jorge Amat, director de marketing de este proyecto inclasificable diseñado por Philippe Starck y encumbrado por la revista TIME en su 2025 World's Greatest Places como uno de los mejores lugares del mundo. "Aquí no solo se produce el aceite de oliva ecológico de LA Organic, sino que, además, se brinda una experiencia sensorial que aúna arte, diseño y gastronomía", añade a los pies de esta mole, bajo una luz abrasadora.
Y es que la última hazaña del prestigioso diseñador francés, famoso por su minimalismo funcional, trasciende a su mero uso de almazara, como ocurre también con las bodegas en el universo del vino. Por eso no solo contiene un molino para la elaboración del oro líquido, sino también un museo en el que se desgranan los usos históricos de este néctar, una Green House en la que comprar productos de la tierra y un restaurante en el que comer de lujo mientras las aceitunas descienden por un tubo hacia una colosal tolva. Todo ello impregnado de una atmósfera de alquimia en la que confluyen el cubismo y la tauromaquia, Picasso y Dalí, la tradición y la tecnología. El propio Philippe Starck lo definió como "la cristalización de las pasiones españolas".
ES TIEMPO DE OLEOTURISMO Y RELAJACIÓN
LA Almazara es el lugar ideal donde realizar una cata de aceite en medio de los olivares, entre los que se esconden esculturas vanguardistas que juegan con el simbolismo. Y también es el lugar donde entregarse a propuestas mindfulness (yoga, meditación, baños de bosque…) que persiguen el equilibrio entre el cuerpo, la mente y la energía. Después, para dormir está el Cortijo, restaurado asimismo por Starck y con vistas a Grazalema. Se encuentra en medio de un océano de olivos y se alquila por completo, ideal si visitas la zona en familia.
Pero hay mucho más que hacer en la Serranía de Ronda, donde la calma balsámica del entorno propicia un sinfín de actividades relacionadas con la naturaleza: desde emprender senderismo hasta montar en bici, pasando por la escalada, los paseos a caballo o los vuelos en globo con vistas a esta sierra, que es, más bien, un conjunto de varias encadenadas. En ellas, el paisaje se arropa con desordenadas dehesas de encinas y alcornoques, y con tupidos bosques de castaños y quejigos.
Este territorio está horadado por carreteras de sinuoso trazado y salpicado de pueblos cegadoramente blancos, en los que reside la auténtica esencia serrana. Algatocín, Benadalid, Cartajima, Gaucín, Genalguacil, Júzcar… y así, hasta más de una veintena de pequeños caseríos aparecen detrás de cada curva, mostrando orgullosos su ascendencia morisca, más allá de sus nombres enrevesados.
Por encima de estas poblaciones, altiva y poderosa, destaca Ronda, que acapara la quintaesencia de la belleza. Siempre es buen momento para visitar la ciudad que tenía para Cernuda «un cielo de color inexpresable» y para Borges «un cóncavo silencio de patios y un ocio de jazmín». La ciudad tajada por un desfiladero de más de cien metros de profundidad, por el que los siglos han visto discurrir, lento y silencioso, al río Guadalevín. Hay que pasearla una y otra vez para, tarde o temprano, desembocar en el hito por excelencia: el robusto Puente Nuevo, construido entre 1751 y 1793 para unir a las dos Rondas que se miran por encima del abismo. Y después de alimentar la vista, agasajar por fin al estómago con la deliciosa gastronomía del que está considerado el enclave más impactante de Málaga.
COSAS QUE NO TE DEBERÍAS PERDER
- Producir tu propio aceite en un pequeño molino es una de las actividades que ofrece LA Almazara (almazaralaorganic.com).
- Contagiarse del animado ambiente de El Lechuguita, el templo del tapeo de Ronda.
- En Benaoján se encuentra la Cueva de la Pileta, un yacimiento prehistórico con arte del Paleolítico.
- El pueblo pitufo de Júzcar está completamente pintado de azul.
UN ALTO PARA DEGUSTAR LA GASTRONOMÍA
Merece mucho la pena explorar los maravillosos restaurantes que hacen de Ronda una ciudad deliciosamente gastronómica. Uno imprescindible es Tragatá (tragata.com), la versión informal de Bardal (restaurantebardal.com), poseedor de dos estrellas Michelin y dos soles Repsol. Ambos locales, comandados por Benito Gómez, exponen una cocina creativa y personal, basada en sabores reconocibles transformados en sabrosos contrastes y texturas. Deliciosa es también la carta de Casa Ortega (restauranteortega.es), con una gastronomía puramente andaluza en la que destaca el cabrito asado. Y otro clásico que no falla es el restaurante Pedro Romero (rpedroromero.com), frente a La Maestranza, especializado en rabo de toro.











