Las maletas se llenan estos días de ropa y accesorios de esquí en pleno auge de la temporada. Algunos se dirigen a Formigal, en el norte; otros se concentran en Navacerrada o quizá bajan a Sierra Nevada. Sin embargo, son muchos los que buscan este año un lugar distinto, alguna estación fuera de lo convencional que aporte un plus a deslizarse sobre la nieve. Descender por un volcán con el mar a los pies, esquiar entre ‘monstruos’ de nieve al anochecer o cambiar el telesilla por un burro. El contraste entre el lujo exótico de Oriente Próximo y los paisajes de un parque natural europeo son la tónica de estas ocho opciones para vivir un invierno activo y muy diferente.
© ShutterstockGambarie (Calabria, Italia)
En la década de los 50, cuando el sur del país vecino vivía la efervescencia del turismo por ser un paraíso de sol y playa, el Parque Nacional del Aspromonte estaba a punto de hacer historia con una de las primeras estaciones de deportes de invierno de la región: Gambarie. Sin embargo, las cumbres nevadas no son un obstáculo para disfrutar del litoral de Calabria, pues, desde lo más alto, el Mediterráneo se deja ver como una bella contradicción.
Entre las laderas del Monte Scirocco y otras elevaciones, el complejo suma alrededor de 7 km de pistas, entre las que destacan la Nino Martino y la Telese, una pista roja con pendientes emocionantes que despliegan ante los ojos del esquiador las vistas del estrecho de Mesina, las islas Eolias y la silueta del volcán Etna. El pequeño pueblo que acoge la estación, rodeado de bosques milenarios que se visten de blanco, también es lugar de culto para quienes buscan senderos y miradores naturales hacia el mar Tirreno y el Jónico, ya sea con raquetas de nieve o recorriendo senderos. (gambarie.it)
© @pianoprovenzana
© @pianoprovenzanaEtna Nord – Piano Provenzana (Sicilia, Italia)
El país de la bota repite en la lista por una de esas pistas que no puede faltar en la check-list de un esquiador. Y es que no en cualquier lugar se puede deslizar por la nieve y, a la vez, por la ladera de un volcán. Esta experiencia surrealista en uno de los volcanes más vivos del planeta no es lo único que llama la atención a aficionados y profesionales, aunque el paisaje, marcado por la dualidad cromática de la blancura inmaculada y el negro intenso de la roca volcánica, recuerde a un paisaje lunar.
La estación de Etna Nord, con un entorno forestal único que resguarda a los esquiadores del viento, alcanza una cota de 2.400 metros, haciendo que la vista caiga directamente hacia el mar Jónico. En los días claros, la sensación de vértigo hace creer que se puede esquiar hasta llegar al mar. Aunque parte de las infraestructuras se dañaron en la erupción de 2002, el complejo se renovó y continúa operando, condicionado como siempre por la actividad volcánica y la meteorología.
© ShutterstockTroodos (Chipre)
El lugar perfecto para acercarse al máximo a los dioses es el punto más elevado del Monte Olimpo, a 1.951 metros, presidiendo la isla de Chipre. Los enamorados del esquí y del verano lo tienen todo aquí, pues este es uno de los pocos lugares del Mediterráneo donde practicar esquí alpino en un entorno insular. El pequeño dominio cuenta con pistas como Sun Valley o Hera y Zeus, siendo esta última la más exigente.
La pequeña estación de Troodos, gestionada por la Federación de Esquí de Chipre, debido a la distribución de su característico pino negro, cuenta con pistas estrechas salpicadas de árboles centenarios que refugian del viento, pero que también obligan a una conducción más técnica. Además, dispone de cuatro remontes que cubren diferentes vertientes de la montaña, así que no es difícil alcanzar la pista, deslizarse hasta el final, coger un coche y plantarse en la ciudad costera de Limassol en menos de una hora. (mytroodos.com/skiing/)
© ShutterstockOukaïmeden (Marruecos)
Para visitar una de las estaciones de esquí más altas de África hay que despojarse de todas las ideas que un esquiador tiene de un entorno esquiable. Y no porque no lo sea, sino porque aquí todo funciona diferente y según el tiempo y el entorno permite. Ubicado a 80 km de Marrakech, en la cordillera del Alto Atlas, su cota máxima se alcanza en la cima del Jebel Attar, a 3.268 metros. A diferencia de estaciones europeas, el paisaje aquí se define por un contraste radical entre el blanco de la cumbre y los tonos rojizos de la roca del Atlas, además de tener una infraestructura funcional, pero claramente alejada de los estándares modernos.
La operatividad de la estación depende enteramente de la meteorología, pues aquí la nieve artificial no existe, y la actividad depende en gran medida de la meteorología y de la irregularidad de las nevadas. A esto hay que sumarle el entorno y los servicios a pie de pista, donde los après-ski se cambian por vendedores de artesanía y guías locales que ofrecen transporte en burro en sustitución de las lanzaderas modernas.
© ShutterstockGlencoe Mountain (Escocia)
Imaginemos las remotas Tierras Altas de Escocia, y ahora volvamos a pensar en ellas, pero remontándonos a 1956. Ese fue el año en el que se inauguró una de las primeras estaciones de esquí comerciales del país, rodeada de un paisaje salvaje típico de la orografía escocesa donde las cumbres de roca oscura se elevan sobre los páramos. Técnicamente, la estación de Glencoe Mountain se desarrolla sobre la montaña Meall a’ Bhuiridh, alcanzando una cota superior cercana a los 1.100 metros.
Sus 20 pistas y 8 remontes hacen que sea especialmente valorada por los esquiadores experimentados debido a que alberga algunas de las pendientes más pronunciadas y desafiantes de todo el Reino Unido, como la famosa pista The Flypaper. Además, el mayor atractivo visual de la estación es su ubicación, que ha servido de escenario para diversas producciones cinematográficas por su espectacularidad. Sus descensos permiten divisar los lagos glaciares de los valles circundantes, haciendo de la experiencia en este entorno puro salpicado de refugios de piedra una maravillosa escapada.
© ShutterstockVogel (Eslovenia): Un balcón sobre un lago glaciar
En los límites del Parque Nacional de Triglav, el único parque nacional del país, se encuentra la estación de esquí de Vogel. Ubicada en el corazón de los Alpes Julianos y a gran altura sobre el lago Bohinj, su posición crea un efecto visual de balcón natural, lo que otorga a las pistas una perspectiva que guarda una gran similitud con los fiordos noruegos, donde las paredes montañosas parecen descender de forma abrupta hacia las aguas.
Un teleférico panorámico transporta a los visitantes desde la orilla del lago hasta la cota de 1.535 metros en pocos minutos, donde una red de remontes da servicio a alrededor de 20 km de pistas de diversos niveles. Con una urbanización mínima por tratarse de un área protegida, Vogel distribuye sus pistas de forma que evita las grandes aglomeraciones y aprovecha la forma natural del terreno, en el que destacan las vistas a la cumbre del Triglav, el pico más alto de Eslovenia, y los paisajes de cuento que lo envuelven.
© Shutterstock
© ShutterstockZao Onsen (Japón): Los monstruos de nieve
Una de las estaciones de esquí más grandes y con mayor trayectoria de Japón se extiende sobre la ladera de un complejo volcánico en la prefectura de Yamagata, y gran parte de su fama proviene de un fenómeno meteorológico que transforma el paisaje: los juhyo o monstruos de nieve. Estas figuras se forman debido a los vientos gélidos que provienen de Siberia, cargando de humedad los pinos, que se cubren de capas sucesivas de hielo y nieve hasta ocultar sus formas reales.
Las formas blancas gigantes flanquean las más de dos decenas de pistas interconectadas, con tal expectación que, durante la temporada alta, la estación organiza sesiones de esquí nocturno donde se iluminan los ‘monstruos’ con proyectores de colores. Más de 30 remontes permiten acceder a pistas entre las que se incluyen algunas de largo recorrido. Para hacerla aún más apetecible, la estación está integrada con el histórico pueblo balneario de Zao Onsen, de casi 2.000 años de antigüedad, donde relajarse tras un duro día de esquí.
© mzaarskiresortMzaar (Líbano)
La estación de esquí más extensa y desarrollada de todo Oriente Próximo, con un dominio de 80 km esquiables repartidos en 42 pistas, se asienta en una ubicación de lo más particular. A tan solo una hora por carretera desde Beirut, el pico más alto de la estación, el Jebel Mzaar (2.465m) permite divisar, en los días más claros, la capital libanesa y la línea de costa del mar Mediterráneo para soñar con el mar mientras se disfruta del frío invernal.
Su sistema de remontes, uno de los más avanzados de la región, interconecta zonas como Refuge y Junction, además de otras áreas del dominio. Además de cubrir todos los niveles técnicos, el complejo está diseñado bajo un concepto de exclusividad, que se refleja en sus hoteles de cinco estrellas, residencias de lujo con acceso directo a los remontes y una calidad de mantenimiento premium. Además, su temporada de apertura suele ser larga, pues empieza en diciembre y acaba a principios de abril, dependiendo de las precipitaciones de la cordillera. (mzaarskiresort.com)




