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Seis escapadas en bici por Madrid, para alejarnos un poco de la ciudad

El que no pedalea en la región de Madrid es porque no quiere. En el sureste y suroeste, hay antiguos trazados ferroviarios, prácticamente llanos y bien acondicionados como vías verdes, que permiten rodar sin esfuerzo entre campos de cultivo y espectaculares masas de bosque mediterráneo. En la sierra, amplias pistas forestales sin apenas desnivel, por las que ciclistas avezados y noveles trepan a las alturas entre prados y pinares, gozando del Madrid más puro y solitario.

por Andrés Campos

PUERTO DE LA FUENFRÍA

Por el puerto de la Fuenfría pasan una calzada romana y otra borbónica, construida esta última para que los reyes fuesen de su palacio de Madrid al de La Granja, en Segovia, atravesando cómodamente la sierra de Guadarrama.

Los reyes de este puerto, sin embargo, son los ciclistas que aprovechan el suave trazado de la llamada carretera de la República, una pista forestal de 10 kilómetros que, en poco más de una hora, permite plantarse arriba pedaleando desde el área recreativa de Las Dehesas, en Cercedilla.

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La subida es más llevadera si uno se detiene a admirar la cascada de la Ducha de los Alemanes y la senda de los Poetas, con sus miradores de Aleixandre y Rosales.

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VÍA VERDE DEL TAJUÑA

Pocos planes más dulces que seguir en bici el trazado llano de un antiguo tren que transportaba remolacha desde los pueblos de la vega del Tajuña hasta la fábrica de azúcar de La Poveda, en Arganda, atravesando los paisajes agrícolas del sureste de Madrid. Son 49 kilómetros desde Arganda hasta Ambite, ya en la linde con Guadalajara. Pero si se hace solo el tramo de Perales de Tajuña a Ambite (25 kilómetros) o el de Carabaña a Ambite (13 kilómetros), ya es una pedalada interesante, porque lo más bonito de la vía verde, lo más rústico, se halla al final. El camino está bien indicado y acondicionado con asfalto de color rojo, y perfectamente descrito en viasverdes.com.

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DE MANZANARES EL REAL A MATAELPINO

No hace falta ser un experto ciclomontañero para disfrutar en bici del paisaje más abrupto y espectacular de Madrid: la Pedriza. Este agitado «mar de granito» se puede contemplar a corta distancia mientras se pedalea desde el aparcamiento que hay frente al Centro de Visitantes de la Pedriza (tel. 918 53 99 78), en Manzanares el Real, avanzando por una ancha pista de tierra señalizada como sendero de gran recorrido GR 10 (trazos de pintura blanca y roja) y como Camino de Santiago desde Madrid (flechas amarillas y conchas del peregrino). A tres kilómetros del inicio, descubriremos la ermita de San Isidro de El Boalo, rodeada de hermosos prados y peñas graníticas. Por el mismo camino llegaremos luego a Mataelpino, que está al pie de la Maliciosa, la montaña más bella y reconocible de la sierra de Guadarrama. En ir y volver (10 kilómetros, en total), echaremos tres cuartos de hora. Más información, en turismobcm.org.

RASCAFRÍA Y EL PAULAR

Para iniciarse en el cicloturismo o pedalear con niños, es perfecto el carril-bici que va de Rascafría (rascafria.org) al monasterio de Santa María de El Paular. Son algo menos de dos kilómetros por camino llano, asfaltado y sombreado por chopos, algunos de varios siglos de edad. La vuelta, para variar, la podemos hacer cruzando el Lozoya por el puente del Perdón y doblando por el primer camino a la izquierda, la senda de los Batanes, para ver el llamado Bosque Finlandés y las ruinas del molino de los Batanes, donde se fabricó el papel en que se imprimió la primera edición del Quijote. Sin detenerse, se tarda 20 minutos. Parando aquí y allá, se echa la mañana entera.

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VÍA VERDE DEL RÍO GUADARRAMA

Algunos madrileños, muy pocos, aún recordarán el tren que hace poco más de medio siglo (hasta 1965) iba a Almorox, vía Navalcarnero, lleno de capitalinos deseosos de zambullirse en el río Alberche, la llamada «playa de Madrid». Hoy, parte de su trazado es una vía verde acondicionada de 4,5 kilómetros, desde la estación de Cercanías de Móstoles-El Soto hasta el río Guadarrama, donde queda en pie un vistoso puente de hierro, de finales del siglo XIX. Luego, por camino ya sin acondicionar ni señalizar, pero fácil y cómodo de seguir, se puede continuar hasta Navalcarnero (12 kilómetros, solo ida). Muy tranquilamente, parando para tomarse un respiro, un trago y un bocadillo, se puede ir y volver en un par de horas. Todos los detalles, en viasverdes.com.

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GARGANTA DE PICADAS

La vía de un tren fantasma, que nunca llegó a funcionar, nos va a permitir recorrer uno de los rincones más agrestes de Madrid: la garganta de Picadas, que el río Alberche surca en el suroeste de la región, entre Pelayos de la Presa y Aldea del Fresno. Un embalse la anega desde 1952, duplicando como un espejo la belleza del bosque de encinas y pinos piñoneros que se aferra a sus escarpadas riberas y que es una de las manchas de bosque mediterráneo mejor conservadas de la región. Cinco puentes (el mayor de los cuales nos servirá para cambiar de margen) jalonan este recorrido que comienza en el área recreativa del embalse de Picadas (en el kilómetro 50 de la carretera M-501, nada más cruzar el puente de San Juan) y acaba en la propia presa. Son 14 kilómetros, yendo y volviendo por el mismo camino. En bici, una hora. A pie, dos.

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