Tras la muerte Harald V, el príncipe heredero Haakon Magnus se ha convertido en Haakon VIII, el cuarto rey de la Noruega soberana tras la separación definitiva de Suecia en 1905. Su reinado tiene firmes apoyos, por un lado, está la reina Sonia, su madre, que ha servido de sostén durante los últimos años de su marido y ha acompañado a su hijo en los actos de máxima relevancia institucional; por otro lado, está la nueva princesa heredera, Ingrid Alexandra, una joven carismática que ha exprimido al máximo el tiempo al lado de su abuelo para convertirse ahora en la mano derecha de su padre. Sin embargo, en la jerarquía real hay una figura que está por encima de ellas dos: la nueva reina Mette-Marit, una mujer que llegó a la Casa Real noruega envuelta en mucho ruido pero que pronto demostró que lo suyo, por elección o por obligación, es un discreto segundo plano.
La casa real noruega ha anunciado oficialmente que su tratamiento será de reina, igual que Sonia, y, con ello, ha publicado el primer retrato oficial de la nueva reina con tiara. No ha sido un año fácil para Mette-Marit que, además de sus problemas de salud, se ha visto obligada a dar explicaciones por su cercanía en el pasado a Jeffrey Epstein, el magnate fallecido convicto por delitos sexuales. Pese a todo, Haakon siempre ha estado a su lado y siempre le ha dado su lugar. Ahora, cuando comienza su reinado, no ha sido una excepción.
Amor y desesperación
Los nuevos reyes de Noruega se conocieron en el verano de 1999 en el festival de rock Quartfestivalen de Kristiansan, entonces el príncipe heredero acababa de graduarse en la Universidad de California en Berkeley, un tiempo en el que había disfrutado del anonimato de los Estados Unidos, es más, contó que lo primero que hizo al llegar al descubrir que pasaba desapercibido fue sentarse en una cafetería a leer el periódico. De ese primer encuentro el nuevo rey Haakon dijo lo siguiente: "Ella era como una luz. Fue como si una luz entrara en la habitación... Me causó una gran impresión. Así recuerdo nuestro primer encuentro. Mette no lo recuerda así. Recuerdo momentos, pero no siempre los pongo en orden cronológico. Lo que puedo decir con certeza es que estaba fascinado y que me fascinaba aún más cuando hablábamos".
La conexión entre ellos fue intensa y según fueron hablando lo suyo fue avanzando. "Nos reíamos juntos y tuvimos que ser honestos el uno con el otro. Lo pasaba muy bien con ella. Nos reunimos varias veces después de ese verano y en otoño. Logramos mantenerlo en secreto y nos veíamos en casas de amigos que teníamos en común o en mi casa. Solo lo sabían algunos. Después de todo, ella tenía un hijo pequeño, por lo que no era del todo seguro que nos convirtiéramos en pareja", contó Haakon en la biografía con la que colaboró al cumplir los 50 años.
Aunque ellos querían tiempo para conocerse más, todo se precipitó cuando la relación fue descubierta y entonces llegó el ruido, mucho ruido, porque la nueva reina de Noruega no era lo que determinados sectores querían para el príncipe heredero: Mette-Marit era madre soltera, el padre de su hijo había tenido problemas con la justicia, había estado buscando pareja en un concurso de televisión y no tenía una carrera profesional que la avalara como un activo para la institución.
El final de la historia ya lo conocemos, tras el capítulo de "Amor y desesperación", así lo calificó el propio Haakon, llegó la boda en el verano del año 2000. Esto fue posible porque Harald y Sonia apoyaron a la pareja y así lo dejó claro el rey el día de la boda: "He leído muchas veces que eres una chica ordinaria que hoy se ha convertido en Princesa. Eso no tiene nada que ver con la impresión que yo tengo después de conocerte. No eres una mujer ordinaria, eres una mujer excepcional, eres fuerte, valiente y hoy has hecho una elección excepcional porque estás excepcionalmente enamorada de Haakon", dijo el rey Harald.
Harald V: "Tenemos una gran respeto por lo que significas"
Mette-Marit de Noruega, ante el discurso de su suegro rompió a llorar, tenía 27 años llevaba meses e escarnio público y constantes "actos de contrición" para lograr el visto bueno. Entonces el rey Harald sentenció: "La Reina y yo estamos muy orgullosos de ti y tenemos un gran respeto por lo que significas". Mette-Marit significaba muchas cosas: el nuevo milenio comenzaba con una madre soltera casándose con un príncipe heredero y con el apoyo del rey, que además era la máxima autoridad de la Iglesia de su país, algo que se reformó en el año 2012, pero sobre todo significaba que para el soberano la institución era lo más importante pero no a cualquier precio.
"Yo no era la candidata más típica para el papel de princesa, y eso supuso un cambio muy grande para mí… Los primeros años los empleé en familiarizarme con el papel que había asumido y en ver los asuntos a los que debía dedicar toda mi atención", dijo la reina al cumplir los diez años de matrimonio. Efectivamente la mujer del soberano se incorporó poco a poco a las labores institucionales, realizó cursos en universidades de Oslo y Londres, y se preparó como enviada especial del programa de las Naciones Unidas sobre el SIDA desde 2006. Mientras, como madre, la reina Mette-Marit luchó durante décadas para que su hijo Marius no tuviera una "vida pública" al no pertenecer a la institución, y en enero de 2004 nació la princesa heredera, Ingrid Alexandra, la primera mujer que reinará en Noruega; en diciembre de 2005 nació el príncipe Sverre Magnus.
Años tranquilos
La vida siguió para la pareja heredera sin grandes sobresaltos y la popularidad de la princesa Mette-Marit no paraba de subir, sin embargo, en torno al año 2013 comenzó a ausentarse de la vida oficial. El príncipe Haakon acudía solo a los actos institucionales o en compañía de su madre, mientras su mujer era un misterio. La prensa noruega buscaba explicación para las "excusas constantes" para no asistir, su popularidad se desplomó por completo e incluso circularon rumores de crisis en su matrimonio. Al final la Casa Real noruega tuvo que revelar que la princesa no se encontraba muy bien de salud y en el 2018 llegó el diagnóstico definitivo: una variante poco común de fibrosis pulmonar crónica.
"Durante varios años he tenido problemas de salud ocasionalmente y ahora sabemos más sobre su origen. Esta condición significa que mi capacidad de trabajo variará. El Príncipe Heredero y yo decidimos informar sobre esto ahora, en parte porque en el futuro será necesario planificar períodos sin un programa oficial. En relación con el tratamiento, y cuando la enfermedad esté más activa, será necesario ", contó Mette-Marit en un comunicado.
Desde entonces, tal y como se anunció, la presencia de Mette-Marit en la vida pública no ha sido constante. En 2018 se sometió a una intervención quirúrgica y han sido frecuentes sus periodos de "actividad reducida", algo que ha quedado en evidencia durante sus últimos meses como princesa heredera tras el empeoramiento de la fibrosis pulmonar que le fue diagnosticada. Y es que la actual reina asume el trono junto a Haakon VIII tras haber recibido un trasplante de pulmón. A pesar de esta delicada situación, comienza una nueva etapa para ellos que no tiene por qué ser muy diferente a la anterior, sobre todo porque el rey Haakon asume la jefatura del Estado en un momento en que la princesa heredera Ingrid ya ha dado pasos firmes para convertirse en un pilar de su reinado.














