Katharine Worsley era, dentro y fuera de la monarquía británica, una figura querida, respetada y profundamente singular. Profesora de música antes de entrar en la Casa Real británica en 1961, se convirtió en duquesa de Kent al casarse con el primo hermano favorito de Isabel II, el duque de Kent, uno de esos miembros de la "vieja guardia" que representan estabilidad, continuidad y una forma de entender la monarquía a la vieja usanza. Con unas maneras impecables, Kate -como también la llamaban- supo adaptarse a una estructura rígida, pero también abrirla y modernizarla sin protagonizar ningún enfrentamiento y siempre con el respaldo de Isabel II. Ahora, con la publicación de su testamento, valorado en 1,7 millones de euros, vuelve a romper moldes: es el único testamento de un Windsor que puede leerse en décadas, una excepción en una familia cuyos documentos sucesorios permanecen sellados durante generaciones.
La duquesa de Kent falleció el pasado septiembre y Carlos III rompió en su memoria 400 años de tradición celebrando el primer funeral católico para un miembro de la Familia Real británica en la historia moderna. Un hito más de este reinado y la muestra de que para el soberano ella fue una mujer importante. Lo cierto es que sin ser muy conocida, Katharine Worsley dejó un legado muy por encian de otras consortes que se han hecho mucho más populares, ya que ella fue la que allanó el camino para que mujeres sin linaje aristocrático accedieran a la realeza por matrimonio, con una avanzada formación y una educación excepcional demostró que no había que nacer en la realeza para represenar al Estado y con el tiempo tomó decisiones insólitas como su conversión al catolicismo o el dejar las funciones oficiales para cumplir su sueño, dar clases en un colegio bajo un seudónimo.
El testamento de la duquesa de Kent: una rareza entre los Windsor
En las últimas horas la prensa británica ha tenido acceso al testamento de la duquesa de Kent, el hecho en sí es toda una sorpresa aunque no tanto el contenido. Daily Mail publica que según los registros testamentarios dejó 1.433.696 libras esterlinas en el Reino Unido, lo que vienen a ser unos 1,7 millones de euros repartidos entre hijos y ahijados. Mientras a su marido, el duque de Kent, le legó los ingresos procedentes de los intereses de su fideicomiso familiar, el Worsley Settlement, el grueso del dinero se repartió entre sus tres hijos: George Windsor, de 64 años, conde de St Andrews; Lady Helen Taylor, de 62 años; y Lord Nicholas Windsor, de 55 años.
"Todos sus bienes personales, entendidos como posesiones personales tales como joyas, muebles y enseres domésticos, fueron legados al Duque de Kent, aunque su testamento estipulaba que él debía distribuir cualquier artículo de acuerdo con cualquier nota que ella hubiera dejado", publica el citado medio británico. Del mismo modo dejó legados 5.000 libras esterlinas (unos 5.900 euros) a cada uno de sus nueve ahijados. Mientras, lo que son como posesiones personales tales como joyas, muebles y otros enseres, fueron legados también a su marido, quien debe distribuir aquellos artículos que por motivos emocionales ella hubiera dejado a alguno de sus seres queridos.
El nieto elegido: por qué Downpatrick recibe el legado singular
Los registros testamentarios que proporciona Daily Mail, redactados el 5 de octubre de 2022 y firmado simplemente como Katharine Kent, en presencia de un asistente persona, sí recogen una diferencia: su participación en una propiedad en Edwardes Square, en Kensington, al oeste de Londres y en uno de los barrios más caros del mundo, se legara a su nieto Edward Edmund Maximilian George Windsor, Lord Downpatrick. En un testamento, por lo demás, ordenado, proporcional y sin muchas sorpresas, este es el único de los diez nietos que recibe un legado individual con especial relevancia.
Edward Windsor, Lord Downpatrick, es mucho menos conocido que sus dos hermanas, Lady Marina y Lady Amelia Windsor, y es el nieto mayor, el primogénito del primogénito y ahijado de Diana de Gales. Al parecer siempre ha tenido una relación cercana y discreta con la duquesa, reforzada por afinidades personales, incluida la fe católica que ambos comparten, y se le atribuye un perfil profesional serio y reservado, algo muy valorado en los Windsor y sus satélites.
A la luz de este documento, la excepcionalidad que acompañó a Katharine Worsley durante toda su vida vuelve a hacerse visible. Porque si algo explica la curiosidad que ha despertado este testamento "menor" es, precisamente, que los testamentos de los Windsor no se conocen. Desde 1910, el Tribunal Superior británico, a petición del Palacio y mediante una práctica judicial consolidada, sella los testamentos de los miembros de alto rango de la familia real, excluyéndolos del registro público durante al menos 90 años. Hoy, el presidente de la División de Familia custodia en una caja fuerte una treintena de testamentos reales blindados, entre ellos los de Isabel II, la Reina Madre, la princesa Margarita o el duque de Edimburgo. En ese contexto de opacidad histórica, que protege la intimidad patrimonial de la Corona Británica durante generaciones, la publicación del testamento de la duquesa de Kent, una consorte discreta, sin rango dinástico y ajena al núcleo institucional, se convierte en una rareza que permite ver la parte de la vida real que casi nunca se deja ver.










