Las cartas inéditas de Felipe IV salen a subasta: el arte de amar por escrito que también unió a Alfonso XIII y Victoria Eugenia


Los escritos revelan cómo las relaciones y el poder se entrelazaban en la historia


La reina Victoria Eugenia en 1956© GTRES
24 de marzo de 2026 a las 19:34 CET

El amor de antaño se escribía en verso, sobre papel, como fiel reflejo de un sentimiento incondicional que se expresaba a través de líneas cuidadosamente trazadas y que, con el paso del tiempo, ha perdurado, conservando historias que de otro modo habrían caído en el olvido. Sin embargo, los hechos sucedieron de otra manera, y hoy podemos ser testigos de una época a la que, sin esas cartas, no tendríamos acceso. Ahora, unas misivas escritas por el rey Felipe IV salen a subasta con un altísimo precio de partida, evocando, en cierto modo, el inicio más romántico de Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Exposición Victoria Eugenia, Galería de las Colecciones Reales, Madrid© Galería de las Colecciones Reales, Madrid
Exposición Victoria Eugenia, Galería de las Colecciones Reales, Madrid

El Rey que se confesaba en papel

La casa de subastas Durán ha desvelado la existencia de unas cartas del rey Felipe IV, padre del último monarca de los Austria —Carlos II—, que evocan el final de una dinastía y que hoy vuelven a cobrar actualidad gracias a la aparición de estas misivas, hasta ahora desconocidas. Aunque su origen es un completo enigma, incluyen un mensaje que aporta un valioso contexto: "si las cartas no cambian la historia, sí aclaran muchos de sus aspectos", adentrándose especialmente en las "intimidades de Palacio". Se trata de un conjunto que saldrá a subasta el próximo 25 de marzo de 2026, con un precio de salida de 70.000 euros. Un "Interesantísimo conjunto documental —de 40 misivas—, inédito hasta el momento, que muestra el carácter más desconocido y personal del rey Felipe IV", señalan desde Durán.

Retrato de Felipe IV, localizado en el Museo del Prado© Getty Images
Retrato de Felipe IV, localizado en el Museo del Prado

Y es que, la documentación existente refleja una relación más que sincera entre el Rey y sor Magdalena, quien era Doña Luisa Manrique Enríquez, hija del Almirante de Castilla, Marquesa de La Laguna y religiosa del Convento de Carmelitas Descalzas de Malagón. Una mujer a la que, según las cartas, confió tanto asuntos de Estado y de guerra como detalles de su vida más íntima. En ellas aparecen referencias a embarazos, enfermedades, comedias o, retratos. Pero, sobre todo, revelan sin reservas la sensibilidad del monarca, como su incertidumbre ante la llegada de su joven sobrina, doña Mariana de Austria —de quien llega a decir que se sentía más amante que marido—, la alegría por los nacimientos y, en ocasiones, la muerte de los infantes, así como el afecto hacia su hija, la infanta María Teresa. Un conjunto documental que, en cierto modo, remite a una forma de amar y comunicarse hoy casi perdida. Una forma que, dos siglos más tarde, también daría inicio a otra historia: la de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, cuyo vínculo comenzó, precisamente, entre cartas.

El inicio silencioso de un amor en Londres

"Mon cher Alfonso, Seulement encore trois mois et alors nous voilà unis pour la vie. Quelle douce pensée, n’est-ce pas, cher ? Je ne souffre qu’ici-bas la vie… —Mi querido Alfonso, Solo quedan tres meses más y entonces estaremos unidos para toda la vida. Qué dulce pensamiento, ¿no es así, querido? La vida solo se soporta aquí abajo…"–, escribía Victoria Eugenia a Alfonso XIII, en el inicio de un amor que nació, casi en silencio, tras un encuentro en el Palacio de Buckingham y que continuó entrelazado al papel, bajo la discreción de quienes guardaban un secreto de Estado. Aunque el compromiso oficial no fue anunciado hasta febrero de 1906, Alfonso XIII y Victoria Eugenia comenzaron una historia de amor epistolar casi diaria —y secreta— a través de tarjetas postales que la princesa británica enviaba al rey de España.

La reina Victoria Eugenia en 1956© GTRES
La reina Victoria Eugenia en 1956

Ambos se comunicaban en francés, ante la dificultad que suponía para Ena expresarse en español y la facilidad de Alfonso XIII para desenvolverse en ese idioma. Una forma de entender el amor y la distancia que no era nueva. Dos siglos antes, Felipe IV ya había hecho de la correspondencia un espacio de confidencia y desahogo. Hoy, esas cartas salen a la luz en una subasta que permitirá adentrarse en sus pensamientos más íntimos, desde sus preocupaciones de Estado hasta deseos tan reveladores como la espera de la muerte del Papa para favorecer la canonización de fray Juan de la Cruz, o la satisfacción ante la elección de un pontífice más afín a sus intereses.

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