Los reyes Felipe y Letizia han viajado este viernes al Vaticano para mantener la primera audiencia con el Papa León XIV. Un viaje que es la antesala de la visita que el Santo Padre realizará este verano a España, la primera de su pontificado. La audiencia ha tenido lugar en la biblioteca privada del Papa y es la segunda vez que don Felipe y doña Letizia se reencuentran en un acto oficial con el Vicario de Cristo.
La reina Letizia ha hecho uso del Privilége du Blanc (el privilegio de blanco) que permite que pueda vestir de este color ante el Obispo de Roma. En el mundo, además, de doña Letizia, solo pueden presentarse así la reina Sofía, la gran duquesa María Teresa, la gran duquesa Stéphanie, Charlene de Mónaco y Paola y Matilde de Bélgica por ser reinas católicas. El resto de las mujeres, incluidas las princesas católicas, deben hacerlo de negro, según dicta el protocolo. Esta deferencia simboliza la pureza, la inocencia y la paz y se otorga a las monarquías de estos países por haber mantenido su fidelidad a la iglesia católica, especialmente durante la Reforma protestante.
La Reina ha acudido a Roma con un impecable vestido blanco de tweed y ha prescindido de la mantilla, que sí llevó el pasado 15 de mayo cuando tuvo lugar la primera solemne misa en la plaza de San Pedro de León XIV como cabeza de la Iglesia Católica. Como complementos, doña Letizia ha optado por un bolso rectangular de color nude de la firma Magrit a juego con sus zapatos. Como joyas, sus pendientes largos de perlas australianas y diamantes que tiene en su joyero desde que era princesa y que se ha puesto en multitud de grandes ocasiones.
Los regalos de los Reyes al Papa
Tras saludar a las autoridades eclesiásticas, los Reyes han posado para la prensa y han accedido al Palacio Apostólico, donde ha tenido lugar la audiencia que ha durado 50 minutos y donde ha tenido lugar la tradicional entrega de regalos. Los obsequios de don Felipe y doña Letizia al papa León han sido un facsímil del libro de horas de Felipe II del siglo XVI, el manuscrito predilecto del monarca y que acompañó al Rey durante toda su vida, ante sus éxitos y fracasos. Fue escrito y miniado por los frailes Andrés de León, Julián de la Fuente el Saz y Martín de Palencia. Es la obra más rica y característica realizada en el escritorio del Real Monasterio de El Escorial, donde se conserva. Además, le han entregado una manta de butaca, fabricada a mano en lana merina y seda natural por el taller de artesanía textil Ábbatte, miembro de la Alianza por la Lana, un proyecto que busca promover y proyectar el valor de la lana española como patrimonio vivo y ayudar al desarrollo rural.
El otro acto del Rey en Roma
Aunque es la segunda vez que nuestros Reyes y el Papa León se reencuentran, doña Letizia coincidió con él en un viaje relámpago que hizo a Roma en octubre de 2025 para acudir a la ceremonia internacional del Día Mundial de la Alimentación en calidad de embajadora especial para la nutrición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), un cargo que lleva ejerciendo desde junio de 2015, con motivo de su 80º aniversario. En la inauguración estuvo el Pontífice, la presidenta del Consejo de Ministros de Italia, Giorgia Meloni, y el rey de Lesoto. Como en aquella ocasión no se trataba de una visita oficial al Vaticano, la Reina no eligió el color blanco, sino un traje rojo.
El nuevo título del Rey
Una vez que ha acabado el encuentro en el Vaticano con el Papa, los Reyes se han desplazado hasta la Basílica de Santa María la Mayor de Roma para la toma de posesión de Felipe VI como protocanónigo honorario. Este templo está ligado a la monarquía española desde tiempos de Carlos I, que gobernó en el siglo XVI, aunque incluso antes, los Reyes Católicos, contribuyeron económicamente a su embellecimiento. Está consagrada a la Virgen María y considerada como la primera iglesia dedicada a ella en Occidente. Se convirtió desde entonces en un puente entre la fe romana y la Corona española. Un siglo después, el 7 de octubre de 1647, el Papa Inocencio X, tras una petición de Felipe IV, instituyó mediante la Constitución apostólica Sacri Apostolatus, la llamada Obra Pía de Santa Maria la Mayor. Era un acuerdo por el que, a cambio de una renta anual al cabildo de la basílica, tenía que celebrar oraciones y actos litúrgicos en honor de la Corona hispánica. Desde entonces, los sucesivos monarcas españoles se han convertido en benefactores del templo y han contribuido a la realización de obras de restauración y mejora.
El título que ha recibido don Felipe en Santa María la Mayor es histórico y ceremonial y no implica funciones religiosas reales ni responsabilidades. Es un agradecimiento a la Corona española y desde hace siglos, todos los reyes de España heredan automáticamente esta distinción.
En su toma de posesión como protocanónigo honorario, Felipe VI ha pronunciado un discurso. "Tengo el honor de renovar, en este acto solemne, el vínculo entre la Corona y la Santa Sede que se encarna en esta basílica papal de Santa María la Mayor. Al dirigirme hoy a Su Eminencia y a los miembros de su Cabildo, quiero agradecerles su hospitalidad y la dedicación con la que custodian este tesoro de la cristiandad y de la cultura universal. La dignidad de protocanónigo honorario, que hoy asumo, es un compromiso de los reyes de España hacia esta basílica y su cabildo; un compromiso de lealtad y custodia que, hace más de trescientos cincuenta años, instituyó el Papa Inocencio X. Hoy, desde donde me encuentro, puedo contemplar los brillos del artesonado de esta espléndida basílica, realzados gracias a un proyecto de iluminación que lleva sello español. Cómo no recordar ante esta visión aquella “nevicata miracolosa”: la nevada estival que –según la leyenda- trazó el perímetro de esta casa de la fe sobre el monte Esquilino.", comenzó el Rey.
Los reyes Juan Carlos y Sofía visitaron por última vez esta basílica en 2018 cuando presidieron la inauguración de la nueva iluminación de la iglesia y su restauración después de que la Fundación Endesa firmara un acuerdo con el Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano. Juan Carlos I sigue siendo protocanónigo honorario, un título que aceptó en su viaje a Roma en 1977, más de un año después de ser proclamado Rey.






























