Doña Sofía transita el duelo y sigue llorando a su hermana, pero necesita volver a sentirse útil, hacer planes con su familia y sus amigos, y su agenda ya está llena de compromisos. La vida sigue. Se tomó tres semanas de descanso desde el 19 de enero, cuando la vimos en el cementerio de Tatoi, Atenas, con lágrimas en los ojos y abrazada a la bandera griega que había cubierto el ataúd de la princesa Irene… Pero ya está de vuelta con la sonrisa de siempre y muchas ganas de seguir ayudando.
Irene viajó desde Reino Unido, donde estudia, para acompañar a su abuela, que seguirá vistiendo de luto por un tiempo, y a su madre el pasado fin de semana
El pasado día 6, como avanzó ¡HOLA!, acudió con doña Elena y doña Cristina a la casa de Teresa Urquijo y José Luis Martínez-Almeida para conocer a su hijo, Lucas. El día 10 visitó la instalación fotovoltaica de 96 placas —las donó su fundación con el apoyo de Caser Seguros— del Banco de Alimentos de Bizkaia, con sede en Basauri. Y esta semana va a recibir dos reconocimientos en Las Palmas de Gran Canaria.
Su entorno nos decía, a principios de febrero, que fueron unas “semanas tremendamente difíciles”, pero no “se identifica con esa imagen de mujer deprimida y sola que han querido atribuirle algunos medios. Está bien, fuerte de salud, y sus hijos y sus nietos, que van y vienen, la acompañan constantemente”. Y tenemos las primeras imágenes que lo demuestran. De negro y con uno de sus collares favoritos de perlas, doña Sofía reaparecía acompañada por la infanta Cristina y su nieta Irene, que viajó desde Reino Unido, donde estudia, para acompañarlas a una cita musical histórica.
Zubin Mehta el legendario director de orquesta, volvía al Auditorio Nacional los días 14 y 15 para recibir el homenaje que le brindó Ibermúsica por su 90 cumpleaños, y doña Sofía no podía faltar en este inicio de gira homenaje por España. Se conocieron en Granada, en 1964; la Reina, entonces princesa, lo llevó a las cuevas del Sacromonte para que conociera la zambra gitana y, 62 años después, podría decirse que la amistad no ha dejado de crecer.
Doña Sofía disfrutó en familia de una de sus mayores aficiones, fue testigo de un gran tributo al maestro, que seguirá cortando el aire con su batuta “hasta que le falte el aliento…” y, finalmente, también pudo abrazar a su querido amigo, tras escuchar el Concierto para violín n.º 1 de Max Bruch y la Cuarta sinfonía de Chaikovski.
La última vez que estuvieron juntos fue en 2024, y los acompañó la princesa Irene, también gran admiradora de esta leyenda viva de la música. Ahora todo es diferente y seguro que afloraron muchos recuerdos, pero cuando abandonaron el auditorio, doña Sofía caminaba sonriente del brazo de su nieta, sabiendo que al día siguiente por la mañana —justo un mes después de la muerte de su hermana— volvería a disfrutar, ya sola, del segundo concierto. Otra cita con la música que incluyó la obertura Leonora III y la Octava sinfonía de Beethoven, así como la Novena sinfonía de Schubert ("La grande"). Obras que fueron interpretadas por la West-Eastern Divan Orchestra —proyecto musical impulsado por Barenboim, que se sentó al lado de doña Sofía— junto a la violinista María Dueñas, galardonada con el Premio Princesa de Girona de las Artes y las Letras 2023.









