La Casa de Glücksburg continúa protagonizando una cadena de tradiciones enlazadas a la propia dinastía con motivo de la abdicación de la reina Margarita II de Dinamarca –que se efectuó el 14 de enero de 2024–, gesto que dio paso al reinado del rey Federico X de Dinamarca, dejando un legado inconmensurable que ahora continúa de la mano del nuevo soberano. Ha sido hace apenas unas semanas cuando se ha ejecutado un nuevo cambio, lo que ha llevado a Federico –y también a Mary de Dinamarca– a convertirse en propietarios del Castillo de Marselisborg, un rincón cargado de historia.
Los rincones más destacados del icónico castillo
"La Casa Real confirma que el cambio de propiedad se produce como consecuencia natural de la sucesión al trono", informó SE og HØR, confirmando la incorporación del palacio al patrimonio de los Reyes de Dinamarca, evocando –de esta forma– una historia que se remonta al siglo XIX. Y es que, a pesar de que la residencia oficial de los reyes daneses se sitúa en Copenhague, siendo el Palacio de Amalienborg, el patrimonio del monarca y la reina Mary no se limita únicamente a un palacio y ahora su nuevo castillo. La Familia Real del país escandinavo se sitúa como una de las mayores poseedoras de joyas, propiedades y un imponente patrimonio que, a través de la tradición, se ve engrandecido con el paso del tiempo.
La nueva propiedad, perimetrada a través de trece hectáreas de preciosos jardines, así como con una valoración estimada en 1,5 millones de coronas danesas –200.000 euros–, es una de las residencias más admiradas por los miembros de la Familia Real, siendo su refugio más personal –y también de desconexión– durante las vacaciones de Pascua y Navidad. Un lugar perfecto para aquellas breves escapadas cuando la agenda oficial de los miembros reales se ve diluida por determinados motivos, o que ha llevado a ser escenario de algunos de los encuentros más significativos de los Glücksburg.
Un lugar de encuentro formado por un estilo inglés, con estanques y esculturas –y una destacada piscina–, seguido por un edificio de dos plantas en el que, en la primera, se encuentran situados los apartamentos privados, así como los dormitorios de la familia real, frente a la planta baja, donde se sitúan unas grandes escaleras con imponentes salones en los que destacan colecciones de arte, así como esculturas que evocan el legado de la dinastía.
Sin embargo, y a pesar de que se trata de uno de los rincones más espectaculares de Dinamarca, el interior del palacio no se encuentra abierto al público, por lo que lo único que tú –como visitante– puedes conocer son los románticos jardines que cercan parte de este bello palacio situado en la ciudad de Aarhus, en la península de Jutlandia, Dinamarca.
La historia de la nueva residencia de los Reyes de Dinamarca
El imponente palacio cuenta con una historia que repasa, en cierta forma, el legado de la propia dinastía. Diseñado por el arquitecto Hack Kampmann, tuvo que ser sometido a una serie de remodelaciones que lo convierten en un edificio casi diferente al de su momento inicial, tras un incendio que acabó con gran parte del histórico edificio que se construyó entre 1899 y 1902.
Una residencia que llegó a manos de los ciudadanos daneses, pues el Castillo de Marselisborg fue un regalo del pueblo hacia el entonces príncipe Christian –posterior Cristian X de Dinamarca– tras contraer matrimonio con la princesa Alexandrina en 1898. No obstante, tras este inmenso regalo, la propiedad pasó a manos de la Corona, otorgando el derecho exclusivo de su uso al monarca reinante como residencia de verano, lo que ha llevado a la reina Margarita II a entregar las llaves –de forma oficial– a su hijo, ya convertido en rey de Dinamarca.
Un hecho que, en parte, recuerda a los inicios de la propia vida de la Reina, en 1967, cuando su padre, el rey Federico IX de Dinamarca, cedió el palacio a una jovencísima princesa Margarita como regalo de bodas, lo que llevó a hacer de esta histórica residencia uno de los lugares más románticos para la familia real, con una tradición que ahora sigue tomando forma de la mano de la 'nueva' familia real de Dinamarca.










