La de Sybilla Sorondo (Premio Nacional de Moda en 2015) es una historia que se escribe por fascículos. Cuando se le plantea que es la diseñadora más influyente de nuestro país después del maestro Balenciaga, responde con naturalidad: “Es un gran piropo y seguramente me viene grande”. Un primer instinto nos lleva a pensar que es falsa modestia, pero tras unos minutos nos damos cuenta de que ella solo concibe hablar de su trabajo en plural. El “nosotros” sustituye al “yo” para alguien que, sin reparos, se define como “pesada y cabezota”.
Su trayectoria es indisoluble de su entorno y así lo reconoce: “Me sentía más cómoda con gente con la que había trabajado y que valoraba el proceso”. Esa necesidad de entrelazar talentos llegó a oídos de Wes Gordon, actual director creativo de Carolina Herrera, quien la invitó a participar en su último desfile Primavera/Verano, una verdadera “carta de amor a Madrid” para la que Sybilla reinterpretó varios de sus diseños insignia. “Me sorprendió que conociera tan bien mi trabajo. Debo decir que me trataron con mucho respeto y cariño", desvela nuestra protagonista, curiosamente nacida en Nueva York, sede de la firma fundada por la icónica venezolana hace más de cuatro décadas. "Las colaboraciones son el futuro”, asegura. Y precisamente de eso va esta exposición.
Un rico engranaje
Muchas prendas de Sybilla no pudieron ser fotografiadas en su día y quedaron en el olvido. Solo a través de la imagen han podido congelar el recuerdo de algunas otras para traerlas hasta el presente. Preparando la muestra, sin embargo, se le presentó un reto importante, pues el peso aquí no recae en la ropa, sino en el conjunto de elementos que conforman la fotografía. La ropa es un engranaje entre tantos para capturar ese instante efímero e irrepetible en el que la luz, los gestos o el color comparten protagonismo. La comisaria de la exposición y su hermana del alma, Agustina Covián, hizo de filtro y se encargó de tomar distancia para sintetizar el legado artístico de la diseñadora.
Ecos de época
- Sybilla encarnó la efervescencia creativa del Madrid de los 80. Su visión aportó modernidad y logró que el diseño español triunfara internacionalmente en mercados tan rompedores en su día como Italia o Japón.
- Su verdadero legado radica en haber sabido capturar la energía de una generación entera que despertaba a la vanguardia. “Soy producto de una época de este país”, afirma la diseñadora, que concibe su trayectoria como el resultado de las sinergias tejidas con los fotógrafos, artistas y artesanos del momento.
Juntos es mejor
En un ejercicio de humildad, Sybilla entiende estos retratos como los frutos de amistades que son parte de su historia en igual medida que las propias prendas: “Los momentos vividos haciendo estas imágenes han sido de lo más importante no solo en mi carrera sino en mi vida. Hay algo bastante endogámico entre todos nosotros”. Las primeras creaciones de la diseñadora fueron capturadas en blanco y negro por los objetivos de Miguel Oriola o Pepe Lamarca, donde las modelos se nos presentan como criaturas celestes en movimiento, dejando tras de sí un aura mística.
“Que me nombren junto a Balenciaga es un gran piropo y, seguramente, me viene grande”
Es a finales de los 80 cuando consolida su identidad visual, gracias a su estrecha colaboración con dos grandes creativos: Juan Gatti y Javier Vallhonrat. La estética de Sybilla evoluciona para adquirir un aire de mayor fantasía, sofisticación y color, ofreciendo al cuerpo femenino nuevas figuras y maneras de expresarse que nuestro país no había visto. “Mis colaboraciones con John Galliano o Christian Lacroix me llevaron a crear imágenes memorables, pero las realizadas con Sybilla son, probablemente, las que mantienen un carácter de unicidad más acusado”, nos cuenta Vallhonrat.
Legado para las nuevas generaciones
La Galería Plaza del Gato, donde se alojarán estas piezas hasta el 19 de septiembre de 2026, fue cofundada por Sybilla con el arquitecto Andrés Serra para dar visibilidad a artistas que no han recibido el reconocimiento que merecen. Y quizás esto aplique también para ella misma, ahora que se embarca en una nueva etapa dando a conocer su obra -y su universo- a las nuevas generaciones.
En esta etapa más reciente de su firma, puede presumir de haber vestido a Anna Castillo, Lucía Rivera o Lola Índigo, aunque más le ha ilusionado descubrir que Jocomomola (la línea más juvenil que diseñó en los 90) está triunfando en las apps de ropa de segunda mano: "Me doy cuenta de que, al contrario de lo que se piensa, la gente joven aprecia un buen corte, se emociona con los tejidos y los colores, valora la artesanía y lo que se sale de lo común. Hay cultura de moda y curiosidad". Frente al consumo desaforado, que tus creaciones resistan el paso del tiempo no es poca cosa.
Ante la IA, memoria
Con tantas firmas que nacen y mueren rápidamente y directores creativos que permanecen solo unas pocas temporadas al frente de las grandes casas de lujo, es inevitable preguntarse si la moda, en el futuro, seguirá atesorando a grandes iconos. "No van quedando tantas marcas donde el diseñador sea el dueño y pueda tomar decisiones relevantes. Se busca que nadie sea nunca imprescindible y eso a menudo hace que las marcas vayan perdiendo personalidad", reflexiona tajante.
Después de haber tenido que poner en pausa su actividad en dos ocasiones por problemas económicos, Sybilla lo ve todo más claro: “Hay que utilizar la imaginación también en cómo poder comunicar y compartir nuestra visión cuando parece que lo que más cuenta es el dinero. La mejor defensa es hacer algo honesto y de calidad de manera original esperando que la gente lo encuentre y lo valore”.
“Hay que utilizar la imaginación para compartir nuestra visión cuando parece que lo que más cuenta es el dinero”
En pleno auge de la inteligencia artificial, el proceso creativo se ve amenazado por la soledad y la monotonía. Por eso es clave recordar que los modelos de aprendizaje automático solo se desarrollan a partir de objetos e ideas que ya existen. Si de verdad queremos hacer cosas innovadoras, necesitamos ejercitar eso de “ser humanos”, salir a buscar impulsos nuevos, de esos que solo te da la vida real, el contacto directo, la mirada del otro.










