Tras un tiempo alejados de los grandes focos, Nicola Peltz y Brooklyn Beckham han protagonizado un regreso por todo lo alto en el Festival de Venecia, donde ella ha recibido el galardón Rising Star en la gala de los Kinéo Awards, celebrada de forma paralela en esta 83ª edición de la Mostra. Cómplices y dispuestos a conquistar Europa en esta fase de distanciamiento del imperio familiar y mediático de los Beckham, un detalle en uno de los looks de ella ha reabierto uno de los grandes misterios de la realeza europea. ¿Lleva la actriz las grandes esmeraldas de la Gran Duquesa Vladimir, una de las mujeres más influyentes de la corte Romanov?
Era imposible que esos pendientes pasaran desapercibidos, incluso en una alfombra roja saturada de alta joyería. Sin embargo, la historia puede ir mucho más allá: la nuera de David y Victoria Beckham -hija, a su vez, de una de las grandes fortunas estadounidenses- podría estar luciendo unas gemas de calidad excepcional y con siglos de recorrido. Esta posibilidad, no verificable pero históricamente plausible, ha inundado las redes sociales y devuelve a la actualidad uno de los mayores movimientos de joyas de la historia moderna.
La caída del Imperio ruso y la dispersión de las joyas Romanov: cómo las joyas imperiales transformaron la joyería
Conviene recordar que la dinastía Romanov gobernó Rusia desde 1613 hasta 1917, cuando la Revolución rusa provocó el colapso del Imperio y la ejecución del zar Nicolás II y su familia. Durante tres siglos, los Romanov acumularon una de las colecciones de joyas más importantes del mundo: diamantes históricos, perlas orientales, esmeraldas colombianas, rubíes birmanos… piezas que pasaban de generación en generación dentro de la corte imperial. Cuando comenzó el derrumbe del régimen, estas joyas salieron del país con el exilio de miembros de la familia, mediante ventas privadas para financiar su huida o, posteriormente, a través de subastas del gobierno soviético, que liquidó parte del tesoro imperial.
Una de las que huyó con parte de su tesoro fue la Gran Duquesa María Pávlovna (conocida como la Gran Duquesa Vladimir), una de las figuras más influyentes de la corte Romanov y que, a diferencia del núcleo familiar del zar Nicolás II, no murió ejecutada en el episodio más conocido de la caída de la realeza rusa. Ella logró escapar de Rusia gracias a una operación británica y falleció en el exilio en el 1920. Su colección de joyas, una de las mayores de la época, salió del país con ella y acabo siendo vendida para costear su vida o la de su descendencia.
Ese movimiento masivo de gemas inundó Europa y transformó la joyería de los años veinte y treinta. La entrada de estas piezas en el mercado situó a Cartier en el centro de un comercio sin precedentes: la maison actuó como intermediaria clave entre aristócratas en exilio, gobiernos que liquidaban activos y coleccionistas estadounidenses con un apetito creciente por joyas históricas. En ese contexto, las esmeraldas Romanov -incluidas las colombianas de la Gran Duquesa Vladimir- circularon entre Londres, París y Nueva York, remodeladas, desmontadas o recombinadas para adaptarse al gusto moderno.
Barbara Hutton, otra rica heredera estadounidense en el centro de esta historia
Entre los grandes compradores de aquella época destacó Barbara Hutton, heredera de la cadena Woolworth y una de las mujeres más ricas del siglo XX, conocida como la Million Dollar Baby. En 1936 adquirió las célebres esmeraldas de la Gran Duquesa Vladimir y las hizo remodelar en varias ocasiones tanto por Cartier Londres como por Cartier París, integrándolas en nuevas piezas que reflejaban el estilo de la alta sociedad internacional. Así lo recoge la plataforma oficial de investigación histórica creada por Francesca Cartier Brickell, descendiente directa de la familia Cartier y autora del libro The Cartiers (Penguin Random House, 2020).
Hutton llegó a encargar una tiara con esmeraldas que habían pertenecido a una duquesa rusa y la llamó la tiara Vladimir, una de las muchas joyas que lució en el famoso retrato que le hizo Cecil Beaton. Según publicó Tatler en un artículo histórico, esas esmeraldas fueron "vendidas tiempo después para financiar uno de sus divorcios [se caso siete veces], y la casa Van Cleef & Arpels las adquirió y las vendió por separado".
Nicola Peltz ha marcado territorio: ella juega en otra liga
Tras ese despiece, las gemas entraron en el mercado privado, donde su rastro se vuelve impreciso. Es precisamente ese vacío documental el que convierte en misterio contemporáneo la posibilidad -no verificable, pero históricamente plausible- de que algunas de aquellas esmeraldas imperiales hayan terminado en colecciones actuales como la de los Peltz, cuya fortuna se estima en unos 1.600 millones de dólares, fruto de inversiones y empresas en Wall Street.
Y así, en Venecia, Nicola Peltz no solo ha brillado por su premio: ha marcado territorio. Igual que Barbara Hutton convirtió las esmeraldas imperiales en un emblema de estatus, Nicola reaparece con unas gemas que la alejan del universo Beckham y la acercan a una tradición de poder y patrimonio que precede a cualquier imperio mediático contemporáneo. De momento no hay confirmación de que sean exactamente aquellas esmeraldas -las piezas han sido montadas, desmontadas y combinadas con otras gemas durante décadas-, aunque la semejanza es muy llamativa. Pero el mensaje es el mismo: Nicola Peltz, una nueva Million Dollar Baby, juega en otra liga.









