Tras el lujo, las joyas de alta costura y un poder inédito, se esconde una sombra que entristece su gran día. El aniversario de la jequesa Moza Bint-Nasser se ha visto empañado por la muerte del que ha sido el amor de su vida. Fue el pasado mes de julio cuando la Corte Real de Catar anunció el fallecimiento de quien había sido el Emir más influyente de su historia, el hombre que hizo del país un nuevo destino y quien convirtió a la jequesa en una de las mujeres más destacadas de Oriente Próximo. Lejos de haber cumplido con un papel enmarcado en el ostracismo, Moza ha sido considerada la primera dama de la nación, la primera de la historia de una monarquía árabe del Golfo. Ahora, la madre del actual Emir cumple 67 años rodeada de un halo de misterio, tras una vida enmarcada en las críticas de las facciones de los Al-Thani.
El aniversario más triste de la Jequesa de Catar
El 8 de agosto de 1958 nació una mujer cuyo destino quedaría unido a la dinastía Al Thani. Su padre, un destacado líder de la oposición al emir Jalifa bin Hamad, se opuso abiertamente a las políticas de una de las familias más poderosas del Golfo, lo que obligó a la familia de Moza a exiliarse a países como Kuwait y Egipto. Sin embargo, su matrimonio en 1977 con el príncipe heredero, Hamad bin Jalifa Al Thani, terminó por sellar la reconciliación entre ambas partes. Hoy, tras casi cinco décadas de unión, la pérdida de su esposo ha marcado un giro drástico. La jequesa afronta sus 67 años alejada por completo de la vida pública. No obstante, con el fallecimiento del Emir no solo ha tenido que despedir a quien desafió las normas de un país para sellar su amor, sino a su principal valedor político.
Envuelta en un profundo luto, ha tenido que soplar las velas tras los muros palaciegos, planteando la incógnita sobre si este alejamiento representa una retirada definitiva de la vida pública o si, por el contrario, continuará con la labor filantrópica que ha marcado el rumbo de Catar desde su llegada a la Corte Real. Y es que, cuando resuena el nombre de Moza bint Nasser, resulta inevitable pensar en los tres pilares que han caracterizado su vida: solidaridad, elegancia y un constante desafío por posicionarse en un país donde las mujeres han quedado relegadas tradicionalmente a un segundo plano. Sin embargo, ella consiguió profundizar tras esos planos a través de su influencia extendida. especialmente en el ámbito de la educación, la cultura y la acción social, siendo entonces uno de los rostros más reconocibles de la transformación internacional de Catar.
Este hecho la ha situado en una posición completamente diferente a la del resto de las mujeres de la realeza del Golfo. Moza se convirtió en pionera al ejercer un papel de proyección internacional, impulsada por la profunda complicidad que la unía a su esposo. A pesar de haber tenido tres mujeres, Hamad bin Jalifa Al Thani solo le otorgó un rol público a ella, a quien consideraba el gran amor de su vida. En un entorno donde las muestras de afecto en público se perciben como un quiebre del protocolo, el emir no dudaba en dedicarle guiños y elogios en sus discursos. De las otras dos esposas con las que contaba el monarca, por el contrario, apenas se conocen datos.
Tal fue el amor que Hamad sintió por Moza, que pronto quedó claro que lo suyo iba mucho más allá de un pacto de conveniencia. A pesar de que el emir tuvo 24 hijos con sus tres esposas, designó como heredero —y actual emir de Catar tras su abdicación en 2013— a Tamim bin Hamad, el segundo hijo de su matrimonio con Moza. Aquel traspaso de poder no solo consolidó la influencia de la jequesa, sino que permitió a la pareja alejarse de las estrictas obligaciones institucionales y disfrutar de su unión con mayor libertad durante sus últimos años juntos. Fue de este modo, a través del amor y el poder que Moza logró convertirse en una mujer excepcional, donde la belleza se convirtió en su sello personal. Todo ello a través de lujo, la excentricidad y el poder.
Rara era la ocasión en la que Moza no lucía alguna de sus valiosas joyas, como sus legendarias piezas de Cartier o sus aguamarinas combinadas con impresionantes anillos. Y es que su patrimonio personal se calcula en miles de millones de euros, una fortuna que le ha permitido convertirse en un auténtico referente del lujo internacional. Sin embargo, a sus 67 años, pese al deslumbrante impacto que siempre ha generado su imagen, su próxima aparición pública no despertará interés por su vestuario ni por sus joyas, sino por el nuevo papel que asumirá en los próximos años tras haber quedado únicamente como madre del actual emir.









