El príncipe Guillermo de Inglaterra, 44 años, y el príncipe Haakon de Noruega, de 52, están atravesando un momento muy desafiante en su camino como herederos. Tras casarse y formar una familia, en la actualidad afrontan las enfermedades de sus esposas. Kate Middleton y la princesa Mette-Marit, un sinfín de escándalos en sus casas reales y no tienen el respaldo ni el apoyo de sus hermanos, que han abandonado sus deberes como miembros de la realeza. El hijo mayor del rey Carlos III es, por decirlo de alguna manera, el espejo en el que se mira el primogénito de Harald de Noruega, muy especialmente ahora que su mujer se ha sometido a un trasplante que tanto recuerda a la operación en la que se detectó a la princesa de Gales cáncer.
Maridos por encima de príncipes
Después de que la semana pasada se hiciera público que la princesa Mette-Marit había recibido un trasplante de pulmón, se informó que el príncipe Haakon adaptaba y cancelaba en parte su agenda oficial para poder cuidar de ella. En esta era, los príncipes herederos no están dispuestos a dejar a su familia a un lado y en eso el príncipe Guillermo de Inglaterra fue pionero cuando en enero de 2024 lo dejó todo para cuidar a Kate Middleton. La generación de Guillermo y Haakon se casó por amor y tiene claro que los amores de su vida, las madres de sus hijos, sus compañeras de vida y de trono, son lo primero, por encima de la Corona. Un cambio de patrón que en generaciones pasadas resultaría impensable.
Sin el apoyo de sus hermanos
Se da la circunstancia de que tanto Guillermo como Haakon no pueden contar con el apoyo de sus hermanos. La relación de Guillermo y su hermano, el príncipe Harry, ha hecho correr ríos de tinta, está contada en una biografía y ha servido para hacer un documental de Netflix. Los hermanos adolescentes que vivieron un infierno tras la muerte de Diana y que juraron que estarían siempre juntos, no se hablan y no tienen ningún trato. De hecho, el duque de Sussex rompió todo vínculo con la familia real inglesa, se marchó del país para vivir en Estados Unidos y ya no representa al rey Carlos III, aunque sigue conservando su título de príncipe.
La princesa Marta Luisa de Noruega, hermana de Haakon, también protagonizó otra espantada royal, aunque en mejores términos que la de Harry. Ella tampoco ha perdido su título de princesa, por expreso deseo de su padre, pero tiene prohibido usarlo en contextos comerciales. La Princesa anunció que se alejaba de la Familia Real, pero sigue manteniendo una relación cordial con sus padres y su hermano, aunque no es apoyo institucional para el rey Harald ni para el príncipe Haakon. Aunque la Princesa pasa temporadas en Estados Unidos, también sigue unida a Noruega, país en el que viven sus tres hijas.
Cuñados algo incómodos
Para muchos consortes, entrar en una Familia Real es todo un desafío. No resulta fácil encajar, estar siempre bajo escrutinio y adaptarse a una vida pública donde el protocolo lo inunda todo. Eso les ocurrió a los cuñados del príncipe Guillermo y del príncipe Haakon. Tanto el chamán Durek Verrett como Meghan Markle son de California (Estados Unidos) y todo lo que es la realeza les resultaba algo lejano y de otra época. Ninguno de los dos supo ver la trascendencia de casarse con el hijo de un príncipe y el choque cultural fue evidente, lo que les granjeó algunas antipatías entre las opiniones públicas noruega y británica. En realidad, ninguno de los dos logró nunca encajar en una institución que les resulta tan ajena y en unas sociedades mucho más tradicionales que la estadounidense. De hecho, tanto Durek como Meghan han desarrollado sus carreras profesionales de la manera que han considerado tras sus matrimonios: el chamán sigue siendo el gurú espiritual de las estrellas de Hollywood y Meghan, aunque ya no ejerce como actriz, profesión que desarrollaba antes de casarse con Harry, han creado todo un imperio de lifestyle con documentales y productos para el hogar.
Las polémicas que les persiguen
La Casa Real británica siempre ha estado en el centro del huracán. En la década de los 90, los divorcios de los hijos de Isabel II y el accidente de Diana les hacían acaparar la primera plana, ahora es el Caso Epstein el que ha puesto en el punto de mira a la monarquía de Carlos III. Curiosamente, también en Noruega, la Corte se ha visto salpicada por el magnate estadounidense, que ha sometido a la popular monarquía de Harald a un escrutinio sin precedentes. Mientras, en Reino Unido, Carlos III y, muy especialmente el príncipe Guillermo, han apartado al expríncipe Andrés de todo por sus vinculaciones con Epstein y tras su detención por presunta alta traición, en Oslo, la Casa Real ha apoyado a la princesa, de quien también se ha conocido que tuvo una estrecha relación con el millonario. Mette-Marit ofreció una entrevista en televisión, en la que estuvo junto a su marido, donde dijo que fue "engañada y manipulada", aunque reconoció que debería haber investigado más sobre la persona a la que consideraba su amigo. Casi a la vez que saltó el escándalo, también se informó que la enfermedad respiratoria de la Princesa había avanzado mucho y que urgía un trasplante que se ha producido, apaciguando así la controversia que generaron sus vínculos con Epstein.
Un hijo en prisión
En algo en lo que no hay paralelismos entre Guillermo y Haakon es en el Caso Marius Borg, el hijo que la princesa Mette-Marit tuvo antes de casarse. El joven, de 29 años, acaba de ser condenado a cuatro años de prisión al ser declarado culpable de 34 delitos, entre ellos dos de violación, violencia doméstica, amenazas y un largo etcétera. De momento, los tres hijos de los príncipes de Gales, George, Charlotte y Louis, son impecables y muy queridos. Junto con sus padres forman una piña perfecta que representa el futuro de la institución.










