En Preparados, listos, ¡llegó el bebé! (Ed. Espasa), la Dra. Laura Álvarez, conocida como La pediatra Laura, ofrece una guía práctica sobre todo lo que hay que saber acerca de cuidados y crianza en los primeros años de vida, pero con una premisa fundamental: vivir esta experiencia sin culpa.
Porque, además de dar respuesta a muchos de los interrogantes que surgen ya desde el embarazo y parecen sobrevolar el día a día de un bebé, insiste en la importancia de sentirse más en calma y más seguros y disfrutar de un momento que pasa demasiado rápido. Hemos charlado con ella.
Hay señales que sí debemos valorar, como la falta de respuesta a estímulos, una rigidez o flacidez llamativas o que un niño pierda habilidades que ya había adquirido
¿La inseguridad y la culpa están más presentes en los padres de hoy que en los de otras generaciones?
Creo que la inseguridad y la culpa son algo que ha estado siempre presente en la crianza, pero hoy en día tenemos acceso a muchísima información y, aunque eso es positivo, también genera más presión. Parece que tenemos que hacerlo todo perfecto: la alimentación, el sueño, el desarrollo, las emociones… Además, antes se criaba más en comunidad y ahora muchas familias se sienten bastante solas. En consulta veo a padres muy implicados, que se esfuerzan muchísimo, pero que constantemente sienten que podrían hacerlo mejor. Y precisamente uno de los objetivos de este libro es ayudarles a confiar más en sí mismos, entender mejor a sus hijos y vivir la crianza con menos culpa.
¿Han dejado los padres de confiar en su propio instinto como se hacía antes?
Creo que las familias sí siguen confiando en su instinto, y así me lo demuestran en consulta, aunque quizás existan más dudas debido al exceso de información. La información es necesaria, pero debería ayudarnos a sentirnos más seguros, no lo contrario. Siempre animo a las familias a buscar fuentes fiables, escuchar a los profesionales y, sobre todo, observar a sus hijos. Cada bebé es diferente y nadie lo conoce mejor que quienes están con él cada día.
¿Qué te ha aportado tu experiencia como madre a la hora de tratar con tus pacientes y sus familias? ¿Ha cambiado tu forma de ejercer la Pediatría?
Ser madre me ha permitido entender muchas situaciones desde otro lugar. Como pediatra conocía perfectamente la teoría, pero vivir en primera persona el cansancio, las noches sin dormir o las preocupaciones por tus hijos te da otra perspectiva. Creo que ahora soy más consciente de lo importante que es escuchar a las familias y que muchas veces no necesitan únicamente una explicación médica, sino sentirse comprendidas y acompañadas. Y es que, aunque sea pediatra, cuando se trata de tus propios hijos también surgen muchas dudas y miedos y eso te hace conectar más con las familias.
¿Qué debería despertar de verdad la voz de alarma sobre el desarrollo de un bebé en sus primeros meses de vida?
Lo primero que intento transmitir a las familias es que cada niño tiene su ritmo y que el desarrollo no es una competición. Que el hijo de unos amigos ya se gire o se siente no significa que nuestro bebé tenga que hacerlo al mismo tiempo. Más que fijarnos en una habilidad aislada, debemos observar cómo evoluciona el bebé en conjunto. Hay señales que sí debemos valorar, como la falta de respuesta a estímulos, una rigidez o flacidez llamativas o que un niño pierda habilidades que ya había adquirido. Para eso también son importantes las revisiones pediátricas, que nos permiten detectar posibles dificultades sin que las familias tengan que vivir pendientes de cada pequeño avance.
¿Cómo librarse de las miradas reprobatorias de quienes opinan sobre la crianza con el argumento de que «siempre se ha hecho así»?
Creo que casi todas las familias han escuchado alguna vez esa frase. Lo más habitual es que esos comentarios vengan de personas que nos quieren y que nos quieren dar consejos “a buenas” desde su experiencia, pero eso no significa que sean acertados y que debamos seguirlos.
La medicina avanza y las recomendaciones cambian porque cada vez tenemos más conocimientos, por ejemplo, antes se aconsejaba acostar a los bebés boca abajo y hoy sabemos que deben dormir boca arriba para reducir el riesgo de muerte súbita. Siempre les digo a las familias que no tienen que justificar continuamente sus decisiones, pueden escuchar los consejos con cariño, pero también poner límites. Al final, lo importante es criar con información fiable y sentirse respetados en las decisiones que toman.
Parece que tenemos que hacerlo todo perfecto: la alimentación, el sueño, el desarrollo, las emociones… Además, antes se criaba más en comunidad y ahora muchas familias se sienten bastante solas
¿Qué hacer cuando los padres se sienten desbordados por el cansancio o las dudas?
Lo primero es entender que no tenemos que poder con todo, y disminuir las expectativas suele ir bien, ya que la llegada de un bebé es maravillosa, pero también muy exigente. La falta de sueño, el cansancio acumulado y la responsabilidad constantes hacen que muchas veces situaciones pequeñas se vivan como grandes problemas.
Por eso insisto mucho en la importancia de pedir ayuda, repartir las tareas y bajar un poco el nivel de exigencia; no pasa nada porque la casa no esté perfecta o porque necesitemos un rato para nosotros. A veces nos centramos tanto en el bienestar del bebé que nos olvidamos de nosotros mismos, y esto no debe ser así.
¿Qué consejo darías para que los padres puedan disfrutar de la crianza a pesar de los momentos difíciles?
Les diría que los días son largos, pero los años cortos. A veces estamos tan pendientes de cuánto comen, cuánto duermen o qué habilidad deberían haber conseguido que nos olvidamos de disfrutar de las pequeñas cosas y de lo rápido que crecen. Por eso, que disfruten de esta etapa al máximo, que reduzcan expectativas y, aunque no sea todo perfecto, ser madre o padre es el mayor regalo que hay.








