Asraf Beno rompía a llorar este martes en Supervivientes All Stars al hablar del sufrimiento de su mujer, Isa Pantoja, a causa de su familia y, en concreto, de su madre. "Ella está muy mal”, confesaba. "Es increíble el dolor que se sufre en casa. Es muy difícil ver a tu pareja pasarlo tan mal intentando luchar contra su mente para estar bien de cara a sus hijos y su pareja, pero a veces no puede. Le está haciendo mucho daño. Le está haciendo mucho daño", decía refiríendose a su suegra, Isabel Pantoja.
El concursante de Supervivientes contaba a sus compañeros Víctor Janeiro y Rosa Benito que la tonadillera escribió un WhatsApp a Isa justo antes de que ésta se sentara en el plató de De Viernes. "Quiero verte", le decía en el mensaje. Isa se ilusionó mucho, como contó ella misma el pasado viernes en el citado programa de Telecinco, y llegó a mirar billetes de avión para ir a ver a su madre. "Significó algo muy importante para mí", relataba.
"Tú, después de seis años, vuelves a mi vida, cuando yo ya he aprendido a vivir sin ti, y me escribes dándote golpes de pecho, queriéndome tanto, tanto amor, que mencionas hasta a lo que yo más quiero, que sabes que ahí es donde más daño me puedes hacer, ¿y me dejas otra vez de escribir?", se preguntaba, para afirmar después que eso no tiene perdón.
No solo hay que querer, sino querer de la forma que la otra persona necesita para sentirse bien
Cuando la madre o la familia de una persona causan tanto dolor (Isa asegura estar en tratamiento por ansiedad y depresión y haber tenido pensamientos "oscuros"), ¿cómo saber si romper definitivamente con ella es la decisión correcta? Se lo hemos preguntado a Mar de Manuel, psicóloga de yees! (https://yees.es), quien propone que, dado que no es una decisión en absoluto sencilla, optemos por recordar que hay varios tipos de familia, en cuanto a la familia que tú escoges, como pueden ser tus amigos o tu pareja, y la familia que nos 'toca'.
"Vamos a dar un pasito más y vamos a presuponer, aunque no siempre sea así, que todas las familias quieren a sus hijos. Pero querer no es suficiente", subraya. "Ojalá lo fuera, pero no lo es. No solo hay que querer, sino querer de la forma que la otra persona necesita para sentirse bien. Y no siempre nos quieren de una forma saludable, de una forma que nos ayuda a crecer, desarrollarnos y sentirnos bien".
Es una vez que hemos llegado a este punto, tras haber hecho esa valoración, cuando la psicóloga recomienda plantearse la decisión de romper o no definitivamente con la familia.
Mar de Manuel pone sobre la mesa otro aspecto que es necesario tener en cuenta, y es que se da por hecho que todos los hijos han de querer a sus padres. "Es una norma no escrita y socialmente aceptada, aunque no necesariamente realista", señala. "Y cuando no se cumple aquello que socialmente se espera, la persona puede entrar en conflicto consigo misma, generándose un gran malestar y una tremenda y demoledora culpa".
"Es importante saber que no tenemos la obligación de sentir amor por nuestra familia", subraya. "Los sentimientos no se pueden imponer ni elegir. Si les queremos, mucho mejor, pero no debería ser una obligación por el simple hecho de haber nacido en esa familia". Lo que sí podemos elegir es, según nos cuenta, el tipo de relación queremos mantener, qué límites necesitamos y qué personas queremos tener a nuestro lado.
"Al final, quizá no se trate tanto de encontrar cuál es la decisión 'correcta', sino de elegir aquello que nos permita vivir con mayor bienestar, dignidad y paz".
Cómo dar el paso, una vez que se tiene claro que es lo más adecuado
Cuando el trato con la familia o con un familiar cercano, como una madre, hace daño al individuo y éste finalmente toma la decisión de alejarse y de romper definitivamente, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo dar el paso? La pregunta clave para ello sería, para la psicóloga de yees!, la siguiente: "¿para mí, de qué forma sería menos difícil?".
Nos cuenta que hay personas que prefieren romper radicalmente el contacto y otras que necesitan hacerlo de forma progresiva. Algunas limitan la forma de comunicación; es decir, deciden no tener contacto presencial, pero mantienen algún tipo de comunicación, por ejemplo, a través de alguna red social. Otras prefieren limitar la frecuencia y optan por verse una vez a la semana, al mes, cada dos meses o incluso una vez al año. Otras personas, en cambio, prefieren comunicar directamente su decisión de alejarse.
Al final, quizá no se trate tanto de encontrar cuál es la decisión 'correcta', sino de elegir aquello que nos permita vivir con mayor bienestar, dignidad y paz
"No hay una única forma de hacerlo. Lo importante es que cada persona encuentre aquella manera que le resulte más llevadera, que responda a sus necesidades y que sea fruto de una reflexión", recomienda. "Cuando estamos hablando de decisiones que pueden cambiar nuestras relaciones de forma temporal o definitiva, es importante intentar que la decisión no nazca únicamente de la impulsividad o de un momento de dolor, sino también de haber pensado qué necesitamos, qué límites queremos poner y qué nos puede ayudar a estar mejor".






