Con la información que los científicos han ido dando a conocer en los últimos años, parece casi imposible no exponerse a los llamados disruptores endocrinos y a determinados contaminantes. Sin embargo, es importante intentar reducir esa exposición al máximo, puesto que esas sustancias pueden interferir negativamente en la probabilidad de conseguir el embarazo cuando este se está buscando e incluso, en el éxito de los tratamientos de fertilidad, tal y como nos informa la Dra. María José Martínez-Cañavate, ginecóloga y directora de Ginemed y Ginefiv Madrid. La especialista pone de manifiesto que esas sustancias también pueden afectar al desarrollo del feto; en cualquier caso, manda también un mensaje tranquilizador al respecto: "No se trata de vivir con preocupación constante, sino de adoptar medidas razonables que permitan reducir aquellos factores ambientales sobre los que sí tenemos capacidad de actuación".
¿De qué manera pueden afectar los contaminantes a la fertilidad?
Cada vez existe más evidencia científica de que determinados contaminantes ambientales pueden influir en la salud reproductiva. Muchos de ellos actúan como disruptores endocrinos, sustancias capaces de alterar el funcionamiento normal de nuestras hormonas, que son fundamentales para la reproducción.
En la mujer, esta exposición puede afectar a la calidad de los óvulos, la ovulación o la receptividad del endometrio. En el hombre, puede repercutir en la producción, concentración, movilidad y calidad genética de los espermatozoides. Además, algunos estudios sugieren que una exposición elevada a determinados contaminantes podría asociarse a una menor probabilidad de embarazo y a peores resultados en tratamientos de reproducción asistida.
Aunque la fertilidad depende de muchos factores, como la edad, la genética o los hábitos de vida, cada vez entendemos mejor que el entorno en el que vivimos también desempeña un papel relevante.
La mayoría de las personas están expuestas diariamente a pequeñas cantidades de distintos contaminantes ambientales.
¿Cuáles son los más habituales en los hogares españoles y en qué productos se suelen encontrar?
La mayoría de las personas están expuestas diariamente a pequeñas cantidades de distintos contaminantes ambientales. Entre los más frecuentes destacan los bisfenoles y los ftalatos, presentes en algunos plásticos, envases alimentarios, cosméticos o productos de higiene personal. También encontramos sustancias perfluoroalquiladas o PFAS, utilizadas en determinados materiales antiadherentes, textiles impermeables y envases resistentes a la grasa.
Otros contaminantes habituales son algunos pesticidas presentes en alimentos, los retardantes de llama utilizados en muebles y aparatos electrónicos, o metales pesados como el mercurio y el cadmio.
Lo importante es entender que no suele tratarse de una exposición puntual, sino continua y acumulativa a lo largo de los años. Por eso, cada vez más especialistas recomiendan adoptar medidas sencillas para reducir la exposición cotidiana, especialmente cuando se busca un embarazo o durante la gestación.
¿Cómo pueden afectar, si se logra el embarazo, al desarrollo del feto?
El embarazo es una etapa especialmente sensible porque el feto se encuentra en pleno proceso de desarrollo. Sabemos que algunas sustancias químicas presentes en el medio ambiente pueden atravesar la placenta y llegar al bebé en formación.
Diversos estudios han relacionado determinadas exposiciones con alteraciones en el crecimiento fetal, un mayor riesgo de parto prematuro o bajo peso al nacer. También se investiga su posible influencia sobre el desarrollo neurológico, inmunológico y endocrino del futuro niño.
No debemos interpretar esto como una causa directa e inevitable de problemas de salud, ya que intervienen muchos factores. Sin embargo, sí sabemos que reducir la exposición a contaminantes potencialmente nocivos durante el embarazo es una medida preventiva razonable y respaldada por la evidencia científica disponible.
¿Y a la salud del bebé tras el nacimiento, a lo largo de su vida?
La investigación actual apunta a que algunas exposiciones durante la etapa fetal pueden tener efectos que se manifiesten años después. Es lo que se conoce como programación fetal o programación de la salud a largo plazo.
Algunos estudios sugieren que determinados contaminantes podrían estar relacionados con un mayor riesgo de alteraciones metabólicas, obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares, trastornos del neurodesarrollo o alteraciones hormonales en etapas posteriores de la vida.
Todavía queda mucho por investigar para comprender completamente estas asociaciones, pero existe un consenso creciente sobre la importancia de proteger el entorno durante los primeros mil días de vida, desde la concepción hasta los dos años de edad, ya que constituyen un periodo clave para el desarrollo futuro del individuo.
Algunos estudios señalan presencia de microplásticos en la placenta. ¿Es así? ¿Esto qué puede implicar?
Sí. En los últimos años se han publicado investigaciones que han detectado microplásticos en placentas humanas, así como en sangre materna, líquido amniótico y otros tejidos. Se trata de un hallazgo relativamente reciente que ha despertado un enorme interés científico.
A día de hoy todavía no conocemos con exactitud qué consecuencias puede tener esta presencia sobre la salud materna o fetal. Sin embargo, preocupa que estas partículas puedan inducir inflamación, estrés oxidativo o transportar otras sustancias químicas potencialmente dañinas.
Es importante transmitir un mensaje de prudencia y no de alarma. La investigación está avanzando rápidamente y aún necesitamos más estudios para comprender el verdadero impacto clínico de estos hallazgos. No obstante, constituyen una nueva llamada de atención sobre la necesidad de reducir la contaminación ambiental y la exposición innecesaria a plásticos.
¿Qué productos evitar si se está buscando el embarazo y por qué?
Más que hablar de productos prohibidos, preferimos hablar de hábitos que ayuden a minimizar la exposición a sustancias potencialmente perjudiciales.
Por ejemplo, recomendamos evitar calentar alimentos en recipientes de plástico, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y optar por envases de vidrio o acero inoxidable siempre que sea posible. También puede ser útil elegir cosméticos y productos de higiene con formulaciones sencillas y evitar el uso excesivo de ambientadores o productos perfumados.
Asimismo, es importante evitar el tabaco y limitar la exposición al humo ambiental. Son medidas relativamente simples que, aunque por sí solas no garantizan un embarazo, contribuyen a crear un entorno más saludable para la fertilidad tanto femenina como masculina.
Una vez lograda la gestación, ¿cuáles son los que se han de evitar?
Durante el embarazo conviene mantener las mismas recomendaciones y reforzar algunas precauciones adicionales. Es aconsejable evitar la exposición innecesaria a pesticidas, insecticidas, pinturas, disolventes o productos químicos de uso doméstico sin las medidas de protección adecuadas.
También se recomienda evitar el consumo de tabaco y limitar la exposición al humo de terceros. En cuanto a la alimentación, es importante seguir las recomendaciones habituales para embarazadas respecto al consumo de pescados con alto contenido en mercurio y priorizar una dieta basada en alimentos frescos y poco procesados.
No se trata de vivir con preocupación constante, sino de adoptar medidas razonables que permitan reducir aquellos factores ambientales sobre los que sí tenemos capacidad de actuación.
Pequeños cambios mantenidos en el tiempo pueden ayudar a reducir esa carga ambiental y favorecer una mejor salud reproductiva y gestacional.
¿Cómo saber si un producto o, incluso, un alimento tiene o no disruptores endocrinos o sustancias dañinas?
No siempre es fácil para el consumidor identificar estas sustancias, ya que muchas veces no aparecen claramente señaladas o pueden encontrarse bajo distintas denominaciones. Por ello, es recomendable revisar el etiquetado, optar por productos con listas de ingredientes más sencillas y priorizar marcas que apuesten por una mayor transparencia.
En el caso de los alimentos, una de las mejores estrategias sigue siendo basar la dieta en productos frescos, poco procesados y adecuadamente lavados antes de su consumo.
Lo más importante es entender que la exposición a contaminantes no depende de un único producto, sino del conjunto de pequeñas exposiciones que acumulamos a lo largo de nuestra vida. Por eso, pequeños cambios mantenidos en el tiempo pueden ayudar a reducir esa carga ambiental y favorecer una mejor salud reproductiva y gestacional.





