Cuando un niño o adolescente es diagnosticado de cáncer, la vida de toda la familia cambia por completo. Es en ese instante, el acompañamiento deja de ser un apoyo puntual para convertirse en una necesidad constante. Con esa idea nació en 2006 la Asociación 1001 Esperanzas, impulsada por un grupo de padres con hijos en tratamiento oncológico.
1001 Esperanzas se ha consolidado como una red de apoyo integral que acompaña a las familias desde el diagnóstico y durante cada etapa del camino, con un objetivo claro: que nadie tenga que enfrentarse solo a una situación así. En reconocimiento a su labor, fue declarada de Utilidad Pública en 2025.
Presta su apoyo principalmente en la unidad de oncología pediátrica del Hospital HM Montepríncipe liderada por la doctora Blanca López-Ibor. Sin embargo, su labor no se limita al entorno hospitalario: la asociación acompaña también a los niños en sus hogares cuando no pueden desplazarse, impulsa encuentros con los padres fuera del hospital y está presente en cada espacio donde se la necesita.
Su función va mucho más allá de la ayuda puntual. 1001 Esperanzas cubre necesidades médicas, facilitando el acceso a tratamientos y medicamentos especializados. Pero también atiende aspectos fundamentales del día a día: desde material de ortopedia —camas articuladas en casa, prótesis, etc.— hasta recursos que permiten mejorar la calidad de vida durante el tratamiento.
"La idea es que el hospital se convierta en una segunda casa para el niño o el adolescente y sus familias. Es un trabajo en equipo"
Acompañar también es sostener el día a día
Uno de los pilares más importantes es su red de voluntariado, considerada el verdadero alma de la asociación. Son los que acompañan a los niños y a sus familias, juegan con ellos y crean espacios de desconexión para que continúen con su maduración y crecimiento. Forman equipo con médicos, enfermeros, profesores y resto de personal del hospital, poniendo al niño en el centro.
"Trabajamos para que los niños sigan siendo niños y para que sus familias sean capaces de acompañarlos mientras intentan continuar con su vida"
Además, 1001 Esperanzas apoya el funcionamiento del aula escolar dentro del hospital para que los niños continúen con su formación académica. También organizan actividades y salidas con estos niños y adolescentes y sus familias.
El acompañamiento no se limita al hospital. Los voluntarios también se desplazan a los domicilios cuando las familias no pueden trasladarse al hospital, y la asociación facilita apoyo psicológico especializado para ayudar a gestionar emocionalmente todo el proceso.
Porque si algo define a esta entidad es su enfoque global: no solo apoyan al menor enfermo, sino a toda la familia —padres, hermanos— ayudándoles a integrar la enfermedad en su vida cotidiana. Incluso en los momentos más difíciles, su presencia sigue siendo constante.
Su lema, "Contigo paso a paso", resume una forma de estar que ha convertido a 1001 Esperanzas en un pilar imprescindible para muchas familias.
¿Qué significa para vosotras “acompañar” a una familia en un proceso así?
Significa poder arropar a una familia desde el momento en que recibe el diagnóstico. Es intentar dar normalidad a una situación que claramente no es normal, cuando su mundo se descoloca por completo.
Muchos niños pequeños no saben que están enfermos, y el objetivo es que tengan una vida lo más normal posible. En muchos otros casos o el caso de los mayores, que sí son conscientes, se trata de acompañarlos y apoyarlos, crear un ambiente propicio para que se desarrollen, que puedan traer a sus hermanos y amigos al “hospi”, continuar con su vida sin alejarse de su entorno.
¿Por qué es tan importante apoyar no solo al niño, sino a todo su entorno familiar?
Porque la enfermedad no afecta solo al niño o al adolescente, afecta a toda la familia. El impacto es emocional, económico y organizativo.
Cuando una familia entra en este proceso, su vida cambia completamente. Por eso es fundamental acompañar también a los padres y a los hermanos, ayudarles a salir del conflicto emocional en el que muchas veces entran y crear una red de apoyo que les permita seguir adelante.
¿Qué habéis aprendido de los niños que os ha cambiado la forma de ver la vida?
Hemos aprendido que hay problemas que dejan de ser problemas. Empiezas a medir las cosas de distinta manera, incluso en tu propio día a día. Estos niños nos dejan un legado increíble. Caemos menos en frivolidades, vemos las cosas con perspectiva y nos damos cuenta de lo que realmente importa.
¿Qué papel tiene vuestra presencia en los momentos más difíciles para las familias?
Nuestra presencia es estar para lo que haga falta. Un día puedes estar acompañando, otro día llevando a una madre a dar un paseo, otro comprando una almohada específica… simplemente estar.
Se crea una red muy fuerte entre familias y voluntarios. La ayuda no es solo emocional; también es económica y organizativa, porque, como ya hemos comentado, esta situación desestabiliza a las familias en todos los sentidos.
¿Qué significa para la asociación el "Family Day" de pádel y qué se siente al ver a tanta gente reunida por una causa así?
Para la asociación, este Family Day, que ya es el cuarto año que se organiza, es algo fundamental. Empezó siendo una iniciativa para recaudar fondos y ver qué tal funcionaba, y desde el primer momento tuvo mucho éxito. Ahora, se ha convertido en el evento del año de 1001 Esperanzas. Es una cita muy especial porque no solo permite recibir fondos, sino también reunir a amigos, familiares, personas que nos siguen y muchas familias que pasaron por la unidad hace años… lo que lo hace aún más significativo.
El motor fundamental del evento es el equipo de Rumbo Sport, pero también es importante destacar que tanto el Club Deportivo Jarama (que dona todas las instalaciones) como las empresas colaboradoras, participan de forma totalmente desinteresada. Todo es donado y el trabajo es íntegramente manual: voluntarios, junta directiva y personas que quieren ayudar. Nadie cobra nada, se hace por compromiso con la causa.
¿Qué os gustaría que nadie olvidara después de conocer vuestra historia?
Que las familias puedan aprender a integrar la enfermedad en la vida cotidiana y seguir adelante, con apoyo, acompañamiento y humanidad. Los voluntarios de 1001 Esperanzas hacen posible que muchas familias sean capaces de afrontar la vida con confianza y esperanza.
Family Day: Mucho más que un torneo de pádel
El deporte y la solidaridad se dan la mano en uno de los eventos más esperados del año: el Family Day benéfico de pádel «1001 Esperanzas». Este evento, organizado con la colaboración de Rumbo Sport —encargados de la organización del evento y especialistas en torneos de pádel para empresas y otros eventos deportivos desde hace más de 25 años— y el Circuito de Pádel Estrella Damm, es una auténtica fiesta diseñada para toda la familia, amigos, en la que además, ¡HOLA! es colaboradora, apoyando su labor y contribuyendo a dar visibilidad a su causa.
El Family Day de Pádel se celebrará, por cuarto año consecutivo, el próximo domingo 19 de abril en la Ciudad Deportiva Jarama, cuyas instalaciones son asimismo donadas para la ocasión. Pero el pádel es solo el comienzo. Los asistentes podrán disfrutar de un día completo con:
- Puestos de comida y terraza bar (con productos donados íntegramente por marcas colaboradoras).
- Actividades infantiles: Retos deportivos, juegos de madera, pintacaras, minidisco, magia y cuentacuentos.
- Sorteos y subastas: Desde artículos de decoración y moda hasta piezas de arte y camisetas firmadas por famosos.
El año pasado, este evento reunió a 1.000 personas y logró recaudar 35.000 euros, destinados en su totalidad a mejorar la vida de niños y adolescentes en tratamiento oncológico y de sus familias. No importa tu nivel de pádel; el torneo cuenta con modalidades masculina, femenina y mixta en un ambiente inmejorable. Y si no juegas al pádel, la entrada al recinto es libre para disfrutar de todas las actividades. Y, si no puedes asistir, anímate a realizar una donación para que 1001 Esperanzas pueda, día a día, continuar cumpliendo con su misión social.








