Sabemos que los genes son clave en el desarrollo del embrión que acabará convirtiéndose en un bebé: sus rasgos físicos, la presencia de determinadas enfermedades o incluso neurodivergencias, tiene una relación directa con ellos. De ahí el duelo genético de muchas madres que recurren a la ovodonación (a óvulos procedentes de una donante) para conseguir, en una clínica de fertilidad, el embarazo que no logran alcanzar de manera natural.
Si hay algo que amortigua ese duelo es la epigenética y los cambios que el ambiente y la propia madre ejercen sobre el bebé que está gestando. ¿De qué manera impacta la epigenética en el desarrollo del feto? La Dra. Estefanía Moreno Luna, ginecóloga especialista en Medicina Reproductiva del Grupo Tambre, da todos los detalles al respecto.
La madre gestante no cambia la genética, pero su gestación sí deja huella biológica en el desarrollo.
¿Qué es la epigenética?
La epigenética es el estudio en la expresión de los genes, es decir, cómo se “encienden” o “se apagan” determinados genes. No implica ninguna alteración en la secuencia del ADN. Dicho de forma sencilla: no es solo “qué genes tengo”, sino cómo se utilizan esos genes en un momento concreto de la vida, especialmente en etapas tan sensibles como el embarazo.
¿Cómo influye en el desarrollo del feto?
La epigenética juega un papel fundamental y decisivo en el desarrollo del feto. De hecho, es uno de los principales mecanismos que permite que una sola célula se convierta en un feto con órganos, tejidos y sistemas complejos, todo partiendo del mismo ADN en todas las células.
Y aquí hay un punto importante: la influencia epigenética no es magia ni “re-escribe” la genética; modula procesos del desarrollo que pueden tener impacto en crecimiento y salud a corto y largo plazo.
¿Qué aporta emocionalmente a la madre gestante saber qué es la epigenética?
Aporta tranquilidad y vínculo. En consulta, una preocupación frecuente (especialmente con donación) es: “¿Lo sentiré mío?”. Entender la epigenética ayuda a comprender que el embarazo no es un papel secundario.
La gestación implica una relación biológica real; se trata de la perfecta interacción entre el embrión y el útero materno, por tanto, no solo importa un buen embrión sino también importa un buen útero y una placentación óptima. Eso suele aliviar miedos y bajar el peso del tabú social que aún existe en torno a la donación.
¿Existen diferencias epigenéticas entre embriones concebidos de forma natural y embriones concebidos mediante técnicas de reproducción asistida? ¿Cuáles?
Lo que sabemos hoy es que la gran mayoría de niños nacidos tras reproducción asistida evolucionan igual que los concebidos de forma natural, y la evidencia general es tranquilizadora. Dicho esto, la investigación ha observado que el periodo preimplantacional es muy sensible y se sigue estudiando si ciertas condiciones (incluida la cultura embrionaria) pueden asociarse a pequeñas variaciones epigenéticas, sobre todo en regiones de “impronta”. En términos clínicos, lo más relevante es que algunos trabajos describen un aumento del riesgo relativo de trastornos de impronta (muy raros), por lo que hablamos de una línea de investigación activa, no de una alarma para pacientes.
¿Puede la epigenética hacer que un feto gestado a partir de ovodonación se parezca a la madre gestante?
Aquí conviene ser muy claros: el parecido físico (ojos, rasgos faciales) depende principalmente del ADN del óvulo y el espermatozoide. Lo que sí puede ocurrir es que, desde la implantación, exista una interacción biológica entre endometrio y embrión que influya en aspectos del desarrollo (por ejemplo, crecimiento fetal, metabolismo, respuesta a ciertos entornos). Es decir: la madre gestante no cambia la genética, pero su gestación sí deja huella biológica en el desarrollo.
En el caso del hombre, ¿puede la epigenética influir de alguna forma si el feto ha sido gestado con esperma de donante?
Cuando se usa semen de donante, la información genética paterna proviene del donante, pero la biología del embarazo sigue siendo determinante. El padre transmite no sólo el ADN , sino también marcas epigenéticas y señales moleculares presentes en el espermatozoide. El estado de salud y el estilo de vida del padre antes de la concepción pueden alterar esas señales epigenéticas en el esperma. Por ejemplo: alimentación, obesidad, estrés crónico, consumo de alcohol y tabaco, edad paterna...
Por eso, aunque cambie el origen del espermatozoide, el embarazo sigue siendo un “ecosistema” que participa activamente en cómo se desarrolla el bebé.
No es solo “qué genes tengo”, sino cómo se utilizan esos genes en un momento concreto de la vida, especialmente en etapas tan sensibles como el embarazo.
¿Cómo influye el estilo de vida de la madre en la expresión genética del feto?
Influyen todos los factores medioambientales como los hábitos nutricionales, el descanso, una vida activa y exposición a tóxicos condicionan el entorno biológico del embarazo. Por eso insistimos en medidas muy concretas: cero tabaco, cero alcohol, evitar drogas, y una alimentación saludable (tipo mediterránea, rica en frutas, verduras, legumbres y grasas saludables). Esto favorece un buen entorno metabólico y una placentación adecuada, que son pilares del desarrollo fetal.
¿Puede el estrés afectar en esa expresión genética del futuro bebé?
Puede influir, especialmente cuando hablamos de estrés intenso y sostenido. El estrés afecta a sistemas hormonales como el eje del cortisol y puede modificar el entorno del embarazo, con efectos que se están estudiando también desde la epigenética.
Y un mensaje importante: no se trata de culpabilizar a la madre. La mayoría de las mujeres viven estrés en algún momento y el cuerpo (incluida la placenta) tiene capacidad de amortiguar. Lo que recomendamos es apoyo, descanso y estrategias realistas para reducir carga emocional, porque cuidar la salud mental también es cuidar el embarazo.





