La boda de Sofía y Jon en Galicia

La historia de Sofía, la novia que transformó su vestido sencillo con un chaleco desmontable

Una semana antes del sí quiero tuvo que hacer cambios en el look y en la lista de invitados, pero el resultado fue espectacular

por Estrella Albendea

Toda boda está repleta de momentos, escenas que perviven en la memoria de los novios y sus invitados, pero siempre hay algunos que superan en emoción al resto y dan sentido al gran día. Para Sofía y Jon no hubo nada superior a ese instante en el que cruzaron las puertas de la iglesia: “Lo más especial para nosotros fue la entrada en la iglesia. En ese momento vimos que todo había merecido la pena, ¡Ya estábamos allí y nos íbamos a casar por fin! Allí estaban todos los nuestros compartiendo nuestra felicidad y acompañándonos”. Todo un gesto que puso punto final a una etapa de incertidumbre, puesto que se casaron este año, al igual que otras parejas, entre restricciones y modificaciones de última hora, pero con más ilusión si cabe.

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Para su gran día la novia se decantó por un diseño de Sara Lage, porque se confiesa una fiel seguidora de su trabajo. “Le pone su sello personal a todo lo que hace, todos sus vestidos son siempre reconocibles y pone alma gallega en todas su creaciones. Además se encargar personalmente de todos los procesos durante la creación del vestido (la primera entrevista, los diseños, el patronaje, la toile, las pruebas...) y eso hace que establezcas un vinculo con ella muy especial”, explica.

Un vestido con sello personal

Hay quienes siguen las tendencias en moda nupcial desde el principio y hay otras novias, como Sofia, que se topan con ellas cuando buscan la comodidad. Así sucedió en su caso, pues el largo midi o tobillero que ha dominado en este 2020 fue el elegido por ella misma, porque es con el que se siente mejor, al igual que con los kimonos y los tejidos fluidos. “He ido a muchas bodas y he visto a muchas novias todo el día con la cola colgada del brazo, eso era algo que quería evitar, para mi era muy importante estar muy cómoda y no verme disfrazada. Quería poder saltar, bailar, caminar y que no pesase”, nos cuenta.

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Es cierto que hicieron bastantes cambios durante la etapa de confinamiento, Sofía admite que siempre confió en la diseñadora y no se planteó casarse con otro diseño, independientemente de las circunstancias. Y es que cuando conoció a la creadora gallega se enamoró de su amabilidad y su saber hacer, que se reflejaron durante todo el proceso. Tras una primera entrevista para conocer los gustos de la novia, llegó la segunda en la que: “me planteó tres diseños inspirados en todo lo que habíamos hablado y seleccionamos uno sobre el que después hicimos todas las modificaciones que fueron surgiendo”. Aunque tuvieron que paralizar las pruebas, consecuencia de las limitaciones por la situación, tan solo una semana antes del 'sí quiero', transformaron el vestido. “Lo pusimos patas arriba con todas las ideas que se nos habían ocurrido durante los meses de confinamiento y Sara sacó su varita mágica”.

¿El resultado? Un diseño sencillo pero con absoluta personalidad, que contaba con un espectacular chaleco con cola desmontable y que cumplía el principal requisito de la novia: que se adaptara a los diversos momentos del día. “Antes de abrir el baile, me quité el chaleco y me quedé con el vestido de lana de seda y bambula de corte midi y con el body de tul de seda. Un vestido puzzle en toda regla”, reconoce Sofía. Los accesorios terminaron de completar el estilismo: unos pendientes minimalistas, unas sandalias de terciopelo, una redecilla-joya, obra de Suma Cruz (que rodeaba un impoluto moño de bailarina) y un ramo de lo más especial. 

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Un ramo sencillo, aunque poco clásico

Elaborado por Elena Suárez and Co., el ramo estaba hecho con varas de Delphinium, dado que era temporada y se ajustaba a lo que la novia tenía en mente: “tenía claro que quería un ramo de flor única y larga”. Lejos de las nuevas tradiciones que optan por dar como detalle a las grandes amigas y familiares de los novios distintas versiones del ramo, en esta ocasión se decidieron a hacer algo más original: “Se lo dimos a mi hermano pequeño y me hizo mucha ilusión porque no se esperaba nada”.

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Sofía y Jon, una historia de amor del norte 

El destino y la buena intuición de un amigo quisieron que Sofía y Jon se conocieran. “Jon tiene 32 años y es de Guipúzcoa, se dedica a banca, le encanta el deporte (¿habrá alguno que no haya practicado?), tocar la guitarra y cantar. Yo tengo 29 años soy de La Coruña y soy ortodoncista, me gusta bailar, leer y viajar. Nos presentó un amigo común en San Juan de Luz, yo vivía en Madrid y Jon en Guernica, unos meses después de conocernos nos mudamos a Bilbao donde residimos actualmente”, relata la novia. La pedida de mano llegó el 10 de noviembre de 2019, cuando regresaron de un concierto en Madrid. Explica Sofía que no se ha quitado el anillo desde entonces y que sus padres regalaron a su ya marido “unos gemelos de Suarez por la pedida que llevó puestos el día de la boda, para ellos era importante que él tuviera algo para toda la vida”.

No obstante, aquel momento en el que se plantearon organizar su compromiso no se imaginaban todo lo que podría suceder, especialmente en 2020. Dar forma a todos los preparativos fue un reto. “Fueron meses llenos de altibajos, de estrés, de risas y llantos. ¡Teníamos que organizar una boda a 600 km y confinados!”. Y encontró ayuda en la Asociación de Profesionales de Bodas de España y ¡HOLA! Novias, puesto que el DOGA (Diario Oficial de Galicia) y las restricciones variaban con el paso del tiempo. Necesitaban, conocer “cómo se iba desarrollando la situación en las distintas comunidades y a qué podíamos atenernos”, asegura Sofía.

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Ajustarse a la normativa para una boda diferente

Los novios pasaron de plantear un enlace con 190 invitados a tener 78, tuvieron que cambiar en tres ocasiones de localización, también el espacio que utilizarían para su preboda y del mismo modo su luna de miel. “Tuvimos mucha suerte al rodearnos de grandes profesionales que nos ayudaron en todo lo que necesitamos, dándonos alternativas. Elena Suárez y su equipo se trasladaron tres días al pazo nuevo para ver cómo podíamos reorientar la decoración floral de todos los espacios. Tuvimos que cambiar el emplazamiento de nuestra preboda, debido al cambio de la normativa, a dos días de la misma y el catering (Boketé) nos dio todas las facilidades del mundo, incluso facilitándonos un nuevo espacio con vistas al mar y la marina de La Coruña que nos hacía mucha ilusión, nos apoyaron en todo. Cambiamos también el viaje que teníamos pensado hacer, así que esa luna de miel africana que teníamos en mente tendrá que esperar un poquito. Aunque no nos quedamos sin viaje, cogimos el coche en Galicia y nos hicimos un tour de norte a sur de Portugal que disfrutamos muchísimo”.

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No obstante, siempre hay mucho más positivo que negativo. Una de esas cuestiones que fue un alivio para los novios, fue la de contar con un pazo amplio, que les permitió no tener ningún tipo de problema con lo relativo al aforo. En definitiva, la pareja define su gran día como toda una celebración del amor. “Si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes, dicen, sin duda tenía algo pensado para nosotros mucho más mágico que lo que nosotros habríamos podido imaginar jamás”. 

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Sofía y Jon consiguieron celebrar su enlace el día que siempre imaginaron, el 15 de agosto, “el día de Santa María, nos parecía una fecha especial. Luchamos contra viento y marea para que así siguiera siendo, siempre y cuando las normativas nos lo permitieran”, expresa Sofía. Por ello tiene un mensaje para todos aquellos que plantean si cancelar sus planes: que hagan una lista de pros y contras, se planteen sus planteen su situación, se rodeen de grandes profesionales y entiendan que “no existe una decisión correcta o incorrecta, que no se dejen influenciar por comentarios u opiniones externas”. Porque así lo hicieron ellos y decidieron continuar el camino teniendo en cuenta que “este año, todos los nuestros están aquí, sanos y nos pudieron acompañar, ¿quién sabe si el año próximo podríamos decir lo mismo? “. Carpe diem, como diría Horacio.

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