A veces, las novias no necesitan dar excesivas vueltas a la decisión de quién confeccionará su vestido, pues su primera idea es la más acertada y tan solo visitan un atelier. Esto le ocurrió a Alba, quien para su boda en Elche, Alicante, se trasladó hasta Madrid, al taller de Helena Mareque, para hacer su look soñado realidad. “Tenía clarísimo que mi vestido de novia lo haría ella. Me encanta su estilo, es una auténtica artista”, admite. Nos cuenta que siempre ha admirado su capacidad para jugar con los tejidos. “Logra que cada diseño sea espectacular”, agrega.
Para la firma que ha vestido a un sinfín de recién casadas virales y estilosas, nuestra protagonista tan solo tiene palabras bonitas. Y es que su diseñadora cuenta con un amplio historial de éxitos, algo que terminó por conquistar a Alba: “me fascina su capacidad para transformar un look con un simple detalle, algo que dice mucho de su experiencia y visión. Además, el proceso artesanal en su taller fue clave para que todo quedara perfecto”.
El minimalismo en el origen de la prenda
Si le preguntamos acerca de cuál fue el punto de partida cuando se dispuso a plantearse su estilismo, qué requisitos eran imprescindibles, Alba señala: “sabía que quería un vestido precioso, pero también fiel a mi estilo. Vi muchísimos vestidos e inspiración en redes sociales (las cookies nos acechan…), pero ninguno se parecía a lo que tenía en mente: un diseño sencillo, de seda, liso, con caída y que marcara sutilmente la silueta”.
Cada novia es un mundo y algunas prefieren diseños armados y siluetas clásicas, en el caso de esta alicantina, la idea era no renunciar a la practicidad, a través de una apuesta minimalista. “Para sentirte guapa tienes que estar cómoda, y con este tipo de vestido es con el que me siento yo misma. Desde la primera reunión, Helena entendió a la perfección lo que buscaba”, recalca.
De la capa al chal
Más de un año antes del ‘sí, quiero’, Alba acudió a su primera cita al taller de Helena Mareque. Allí la creadora le propuso diferentes materiales para la capa y quedó prendada de uno de ellos. “También me probé varios vestidos del atelier para ver la caída de la seda, maravillosos todos ellos. En septiembre elegí la capa definitiva, que cuando la vi fue amor a primera vista y comenzamos a dar forma a la toile paralelamente”, apunta.
"Cuando por fin tuve el vestido, no quería probármelo demasiado para no cansarme de verlo. Aunque la idea estaba clara, al tratarse de una decisión tan importante, me asaltaron dudas. Helena supo calmarme y ponerme los pies en la tierra. A un mes de la boda, el estrés aumentó porque no encontraba los zapatos para la prueba final. Tenía que llevarlos sí o sí".
Desde que iniciara el proceso, nuestra protagonista tenía claro que no llevaría un segundo look. Quería el mismo vestido para la ceremonia al completo, pero que evolucionara al ritmo que lo hacía la celebración, por lo que optaron por una propuesta convertible. En el cóctel mantuvo la capa, que combinó con una gran pamela. “Para el baile y por si refrescaba, me hicieron un chal de gasa de seda blanca muy ligera”.
"En mi época de estudiante trabajé como modelo, así que me hizo gracia que después de una prueba, Helena me propusiera participar en una sesión para un grupo que iba a visitar el atelier. Lo hice encantada", señala a modo de anécdota.
Complementos a todo color
Un toque rosado lo puso el ramo de novia, una creación muy elegante, de tallo largo, con rosas de jardín en color rosa y melocotón. “Pedí consejo a Helena sobre colores y estilo, y más tarde Mamen Blasco me mostró unas flores que nos encantaron. Durante la celebración, le dimos el ramo a mi ‘yayo’ para que lo llevara al cementerio al día siguiente, en honor a mi ‘yaya’”, nos explica.
Todo un reto, nos cuenta Alba, fue encontrar los zapatos. Lejos del clásico blanco, esta estilosa novia buscaba un diseño en color negro. Tras investigar en Madrid, dio con un diseño de Aquazzura que le fascinó y que adquirió online. A esto le sumó unas joyas que pertenecieron a su abuela, fallecida dos años antes del enlace. “Llevé sus pendientes y una pulsera con los signos del zodiaco de sus tres hijos, que coinciden con los de mis padres y mi hermana. Fue muy emotivo”, relata.
El accesorio más espectacular de su look fue una pamela, aunque al principio su objetivo era otro. “Quise llevar una sombrilla espectacular de fibras naturales para la entrada, pero no encontré ninguna ni vi el modo de que me la hicieran porque de palma se iba a quedar mal, según me dijeron en un taller muy típico de Elche donde trabajan la palma”, asegura. Por eso se dejó guiar por el consejo del atelier, que era buscar una alternativa en Zahati. Quedó encantada con uno de sus sombreros: “Helena lo adoró. Le añadió el velo, que le dio un toque aún más especial”.
Un look desenfadado
Aunque existen muchos recogidos de tendencia con acabado pulido, nuestra protagonista recurrió a un moño desenfadado, con mechones al aire. Fue un trabajo de su peluquero, que junto a su maquillador de confianza, acertó de lleno. “Hace años trabajé como modelo con Javier Mas (peluquero) y Fanny González (maquilladora). Desde entonces tenía claro que cuando me casara los iba a contratar y los iba a dejar fluir. Les comenté lo de la pamela y Javi lo tuvo en cuenta para el peinado, que me encantó”.
Amor universitario
Además de todos los elementos que compusieron su estilismo, Alba nos desvela otros detalles de su gran día, que tuvo lugar el 24 de mayo de 2025. Esta jornada memorable se desarrolló entre la Basílica de Santa María de Elche, en Alicante, donde fue la ceremonia religiosa y la finca El Roalet de Kiko, lugar en el que lo celebraron.
Para llegar a este memorable momento, Alba y Hugo pasaron por diferentes etapas. Nuestros protagonistas se conocieron en la época universitaria, pues estudiaron exactamente la misma carrera. “No empezamos a salir hasta que nos fuimos a vivir a Madrid, tras terminar los estudios. Desde 2015 hasta hoy, nuestra relación se ha consolidado y fortalecido cada día”, desvela ella.
Cuando llegó el esperado instante de la petición de matrimonio, la pareja llevaba 10 años de relación. Una década de amor marcada por unos últimos años en los que Alba aprovechaba para tirar indirectas a quien sería su futuro marido. “Él sin embargo no tenía mucha prisa sobre este asunto y no fue hasta el 8 de marzo del 2024 cuando tomó la decisión de pedírmelo, en un viaje que hicimos a Turquía”, indica.
En un primer momento, Hugo tenía varios planes en mente, pero no salieron según lo previsto y se vio obligado a recurrir a la cuarta opción: improvisar sobre la marcha. “Ese día caía una tormenta bastante considerable durante todo el día. Al final me lo pidió después de una cena con vistas al Bósforo y la verdad es que fue precioso. Tardé en tomar consciencia de lo que había pasado porque no me lo creía, después de tanto tiempo deseando que llegara ese momento”, rememora.
Organizar su propia boda
Lejos de contar con profesionales externos, Alba confió en su propio criterio. “Soy project manager y desde hace un año organizadora de eventos y wedding planner, por lo tanto organicé mi propia boda”, confiesa. Su intención era no realizar el clásico banquete nupcial: “queríamos algo diferente, todo tipo cóctel pasado, pero con asientos para todos”.
“No queríamos que nadie tuviera que ir a mesas temáticas a hacer colas por comida ni que se viera forzado a sentarse en una mesa con personas asignadas. Queríamos fluidez, que la gente disfrutara e interactuara con libertad”, nos cuenta.
"Tuvimos muchas sorpresas para los invitados: hinchables, glitter, juegos, saxofonista, hora loca, fuegos artificiales… Incluso una sorpresa para mí. Hugo organizó un mini concierto de cumbia argentina que fue todo un éxito. Todos los invitados disfrutaron muchísimo y quedaron encantados con toda la boda en general, estamos muy contentos del resultado", apostilla.
Decoración con frutas y flores de temporada
Estos novios se pusieron en manos de proveedores de suma confianza para decorar su gran día. En la iglesia contaron con Floristería Margarita, porque la pareja que se casaba antes que ellos la contactó. Lo bueno es que coincidieron en gustos y el resultado les convenció, con limones y dos columnas con notas de color en la entrada. En la finca, apostaron por el trabajo de Mamen Blasco. “Encantadora y con un gusto excelente. Elegimos las flores y los recipientes tras varias reuniones y todo quedó espectacular”.
Lo más especial del día, en palabras de Alba, fue lo mucho que disfrutaron y el hecho de que ella y Hugo se unieran en matrimonio. Estuvieron el uno al lado del otro durante toda la jornada. “Estaba prácticamente toda la gente que queremos, incluso amigos y familiares que vinieron de otras ciudades e incluso otros países. Fue muy emocionante sentir tanto amor y compañía. Nos llevamos recuerdos que guardaremos para siempre en el corazón”.
Sobre el look del novio, Alba añade antes de concluir: "el traje de Hugo se lo hizo en la sastrería Momos Tailors, que es de unos amigos suyos de la infancia, con los que iba al colegio".
Antes de cerrar su historia, nuestra protagonista aconseja a otros prometidos que no renuncien a su enlace ideal, solo porque un espacio o profesional tenga un protocolo concreto. “Un consejo que le daría a futuros matrimonios es que persigan el tipo de boda que sueñan, pero siempre dejándose aconsejar por un profesional del sector en el caso de que no sepan cómo orientarlo”. Defiende que este es un día muy especial y esto implica que deba imponerse el formato que desea la pareja.

































