Hay desfiles que presentan una colección y otros que construyen todo un universo. Cuando Ágatha Ruiz de la Prada aparece sobre la pasarela, lo segundo parece inevitable. La diseñadora madrileña ha presentado esta tarde su colección de Primavera/Verano 2027 en la Galería de Cristal del Palacio de Cibeles, una propuesta que juega con los volúmenes, el movimiento y, como siempre, con el color. Y es que hablar de su manera de interpretar la moda es hablar también de la extensión de un imaginario propio, reconocible y ligado a una forma muy personal de entender cada temporada. Sobre la pasarela, el verano se vive no solo a través de tonalidades vibrantes y tejidos frescos, sino también como una invitación a contemplar la moda desde un lugar mucho más divertido.
En un momento en el que la moda busca constantemente nuevas fórmulas con las que sorprender, Ágatha hace algo aparentemente sencillo: reivindicar el placer de vestirse. La diseñadora madrileña vuelve así a jugar con algunos de sus códigos más reconocibles, aunque sin limitarse a repetirlos. Entre ellos destacan los escotes halter, que han adquirido un gran protagonismo en esta última colección, junto a los lunares, los cuadros y las rayas en mil colores. El corazón, uno de sus emblemas universales, aparece reinterpretado en múltiples tamaños, mientras las esferas se vuelven fluidas y los pétalos se transforman en cintas, renovando algunos de los elementos que llevan décadas definiendo su lenguaje visual.
Esa misma libertad se trasladaba también a las siluetas. Nos encontramos desde vestidos holgados, que exploran las formas amplias, hasta pantalones inspirados en la icónica silueta globo, sin olvidarnos, por supuesto, de los conjuntos que enfrentan estampados y tonalidades aparentemente opuestas con absoluta naturalidad. La escenografía acompañaba esa sensación de fantasía: grandes arcos multicolores enmarcaban el recorrido y dejaban aparecer a las modelos poco a poco, como si cada look formara parte de una nueva escena. A sus pies, los zapatos de cuadros vichy dominaron claramente la pasarela, con plataformas en diferentes colores que incorporaban corazones y flores, llevando algunos de los símbolos más reconocibles de Ágatha hasta el último detalle.














































