Este miércoles 9 de septiembre, Oslo ha sido el punto de encuentro de las principales casas reales europeas para despedir a Harald V de Noruega, fallecido el pasado 28 de agosto a los 89 años. Una procesión ha partido desde el Palacio Real hacia la catedral de Oslo, reuniendo en las calles de la capital a reyes, reinas, príncipes y princesas de varias generaciones, donde no ha faltado, como era de esperar, la reina Letizia. Vestida de pies a cabeza de negro, aferrada al protocolo que dicta la ocasión, se ha ganado los halagos de la prensa noruega e internacional por su representación de la elegancia y la sobriedad como señal de respeto a quien fuera monarca del país nórdico durante más de tres décadas.
La reina Letizia, máxima solemnidad con su vestido misterioso en el funeral del rey Harald V
"El objetivo no es llamar la atención con el negro, sino desaparecer visualmente detrás del significado del acto", nos señala Marta Callejo, experta en protocolo y el estilo de las mujeres de la realeza. La reina Letizia ha entendido a la perfección esta premisa y se ha decantado por un modelo sobrio que había adquirido para otro funeral dos años antes y accesorios negros e igual de discretos que el vestido: el bolso Doma Insignia Satchel de Carolina Herrera, medias de cristal y unos salones negros de punta y tacón kitten, de Magrit.
El 8 de abril de 2024, los Reyes asistieron a la misa en memoria de Fernando Gómez-Acebo, sobrino del rey Juan Carlos, que había fallecido en marzo. Una ceremonia celebrada en la Catedral de las Fuerzas Armadas de Madrid para la que doña Letizia decidió estrenar un vestido negro que no supimos reconocer en su momento. De procedencia aún desconocida, este diseño presenta un cuello redondo y mangas tres cuartos, está realizado en tweed ligero (un tejido de punto perfecto para el entretiempo) y adornado sutilmente con hileras de finos volantes, tanto en los puños como en la falda midi.
Hoy, para el funeral del rey Harald de Noruega, la Reina ha prescindido de aquel broche de perlas que perteneció a la reina María Cristina, pero eso no significa que su look estuvo exento de homenajes a través de las joyas. Siguiendo al pie de la letra el protocolo real, ha vuelto a recurrir a las perlas por su profundo significado, que hemos ya analizado a fondo.
Un collar histórico de perlas y tocado de diadema
La mujer de Felipe VI rescató el collar de 37 perlas de Victoria Eugenia. Es de perlas rusas y Alfonso XII lo regaló a su primera esposa, la reina Mercedes, en 1878. En origen, llevaba 41 perlas purísimas y pesaba más de dos kilos, y fue realizado en la Rusia Imperial.
Este collar, sin embargo, no suele ser el que más usa; se lo hemos visto en unos premios de periodismo o en la Pascua Militar, en ocasiones acompañado de unos pendientes que forman parte de su joyero personal desde hace 15 años: una hilera vertical de siete diamantes que culmina en una gran perla redonda.
Cuando hablamos de los tocados, suele aparecer una de las diferencias más interesantes entre una invitada convencional y una integrante de una familia real. "No es obligatorio, pero sí es altamente recomendable en funerales de Estado o de la realeza, sobre todo en el Reino Unido, donde la etiqueta lo considera casi parte del uniforme femenino del luto", explicaba Callejo.
Esperábamos que, por tanto, en Oslo aparecieran diseños discretos, como un pillbox o un fascinador de pequeño tamaño. Los tocados excesivamente altos, brillantes o teatrales hubieran quedado de lugar. En el caso de varias reinas y princesas asistentes, como Amalia de Países Bajos, Charlene de Mónaco o la propia reina Letizia, la triunfadora ha sido la diadema.
El pelo también debe acompañar esa sensación de orden: "El peinado ideal es recogido o semirrecogido bajo, lo que proyecta orden y sobriedad y genera armonía con el conjunto". El pelo suelto es menos habitual en un protocolo estricto, pero la monarquía noruega no se conoce por su rigidez.








