"Carlitos, haz magia": la frase de Alcaraz que le ayuda a confiar en sí mismo y por qué funciona según la psicología


El diálogo interno del tenista le ayuda a mejorar, superar mejor cualquier desafío y sentirse mejor consigo mismo


carlos alcaraz© Getty Images
Paula MartínsColaboradora de Estar Bien
6 de julio de 2026 a las 6:30 CEST

En el deporte de élite, la diferencia entre la victoria y la derrota a menudo no reside en las capacidades físicas, sino en lo que ocurre dentro de la mente. Bien lo sabe Carlos Alcaraz. En los momentos más complejos de los torneos, especialmente en aquellos partidos donde las cosas no salen como esperaba y no cumple con sus propias expectativas, el tenista murciano recurre a un mantra muy particular. Se mira a sí mismo y se repite una frase motivacional idéntica: "Carlitos, haz magia".

Este patrón conductual no es exclusivo de la raqueta de El Palmar; es una fórmula que otros grandes astros del deporte, como Cristiano Ronaldo, repiten de forma constante antes y durante sus encuentros más decisivos. En psicología, esta poderosa herramienta tiene nombre propio: self-talk o diálogo interno. Y es que lo que nos decimos a nosotros mismos posee un poder extraordinario.

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Por qué debes mejorar tu diálogo interno

Teresa Herrero (@teresaherrero.coach), coach de desarrollo personal y gestión emocional, señala con claridad los efectos inmediatos de cuidar nuestra voz interior: "La forma en la que nos hablamos puede aumentar nuestra confianza, ayudarnos a regular los nervios y mantener el foco en momentos de presión".

A menudo se tiende a mitificar este tipo de conductas, pero la especialista evita el misticismo detrás de los rituales de los deportistas: "Cuando alguien se dice ‘tú puedes’, no está haciendo magia ni intentando convencerse de que es invencible. Lo que está haciendo es dirigir su atención hacia pensamientos que le ayudan a rendir mejor". De este modo, la experta detalla que este recurso funciona como un escudo mental: "Es una manera de sustituir la duda, el miedo o la inseguridad por un mensaje que le permite volver a centrarse en lo que depende de él. El miedo no desaparece, pero deja de ocupar todo el espacio".

Lo curioso es que, aunque no seamos atletas olímpicos, todos practicamos este mecanismo de manera innata. Al respecto, la psicóloga manifiesta: "Lo hacemos muchas veces sin darnos cuenta. Antes de una entrevista de trabajo, de una oposición, de una competición o de una conversación importante. La diferencia es que algunas personas utilizan ese diálogo interno para impulsarse y otras, sin querer, para ponerse la zancadilla".

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Una conducta que empezar en la infancia

Sabido es que todo lo que aprendemos de pequeños marca un antes y después en nuestra vida. Por eso, esta conversación íntima cala de forma profunda desde las etapas más tempranas de la vida, moldeando nuestra autoestima. Por ello, la especialista sugiere que su aprendizaje debería ser temprano: "Si cada vez que un niño prueba algo nuevo se envía mensajes negativos a sí mismo es mucho más probable que termine abandonando antes de desarrollar la habilidad. No porque no sea capaz, sino porque su diálogo interno juega en su contra desde el principio".

Para evitarlo, la coach propone un cambio de enfoque desde la infancia: "En cambio, si desde la infancia aprendiéramos a hablarnos con frases como 'voy a intentarlo', 'todavía no me sale, pero puedo seguir practicando', o 'aunque me equivoque, aprenderé algo', probablemente desarrollaríamos una relación mucho más sana con el error y con nosotros mismos”. No obstante, Teresa Herrero advierte que no debemos caer en el positivismo tóxico o irreal. "No se trata de repetirse frases vacías o de pensar que todo saldrá bien por arte de magia. Se trata de utilizar un lenguaje que nos ayude a avanzar en lugar de bloquearnos", explica.

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Motivación frente a vanidad: ¿Dónde está el límite?

A menudo, cuando vemos a un profesional reforzándose verbalmente en público, surge la duda de si estamos ante una muestra de seguridad o un ataque de egocentrismo. Al abordar la diferencia entre motivarse y ser vanidoso, la experta aclara con precisión: "Motivarse consiste en recordarse a uno mismo los recursos que ya tiene para afrontar un reto. Es una herramienta para gestionar la presión, reforzar la confianza y mantener el foco cuando aparecen los nervios o las dudas". Por el contrario, la vanidad opera desde un lugar completamente distinto. "Busca demostrar constantemente superioridad o alimentar la necesidad de reconocimiento y validación externa. El foco ya no está en el reto, sino en cómo quiero que los demás me perciban", distingue la especialista.

De hecho, juzgar la seguridad ajena es muy común (pero no debería serlo). Cuando una persona se muestra segura de sí mismo es habitual que siempre haya alguien que le tache de vanidoso o prepotente: "Muchas veces, cuando vemos a una persona segura de sí misma, que se anima antes de un reto o que verbaliza frases como 'puedo hacerlo' o 'he trabajado para esto', enseguida aparecen etiquetas y juicios que hablan de prepotencia o ego. Y no necesariamente es así”.

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De hecho, el self-talk genuino nace desde la aceptación y el autoconocimiento, no desde la soberbia. "Una persona puede llevar a cabo el self-talk del que hablamos desde la humildad. No está afirmando que sea mejor que los demás. Está recordándose todo el esfuerzo, la preparación y las horas de trabajo que hay detrás para afrontar ese momento con la mayor confianza posible", detalla Herrero.

La preparación es, precisamente, el pilar que sostiene estas afirmaciones.  "Si pensamos en deportistas de élite como Carlos Alcaraz o Cristiano Ronaldo, detrás de esas frases de automotivación no hay improvisación. Hay miles de horas de entrenamiento físico, técnico y mental. Han aprendido que el rendimiento no depende solo de cómo entrenan el cuerpo, sino también de cómo entrenan la mente y del tipo de conversación que mantienen consigo mismos cuando la presión aumenta", comenta la experta. 

En este sentido, conviene cambiar la mirada analítica hacia quienes usan estas herramientas: “Cuando alguien se habla con respeto, reconoce sus capacidades o se anima antes de un desafío, no deberíamos interpretar automáticamente que tiene un ego desmedido. En muchos casos, simplemente está utilizando una herramienta que lleva años entrenando para dar lo mejor de sí”.

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Un hábito que tú también puedes copiar

Llegados a este punto, la gran pregunta es si cualquiera de nosotros puede incorporar el self-talk en su día a día. La respuesta de la especialista es rotundamente afirmativa, aunque con ciertos matices: "Nuestro cerebro necesita coherencia. Por eso, las frases de automotivación funcionan mejor cuando son realistas, creíbles y están apoyadas en hechos. No se trata de engañarte, sino de recordar aquello que sí es cierto".

En este sentido, la clave del éxito radica en el equilibrio emocional de la frase. "Debemos emitir mensajes que reconocen que existe miedo, presión o incertidumbre, pero también recuerdan los recursos con los que cuenta la persona para afrontarlos", manifiesta la experta, quien además añade un recordatorio fundamental sobre la vulnerabilidad humana: "Es importante entender que la automotivación no consiste en sentirse seguro todo el tiempo. Nadie lo está. Incluso los deportistas de élite sienten nervios antes de una gran competición".

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La verdadera ventaja competitiva radica en la gestión de esa incomodidad. Como bien explica la coach: "Ellos han aprendido a no convertir esos nervios en una señal de incapacidad. Han entrenado su diálogo interno igual que entrenan su técnica o su físico. Por eso, cuando aparecen pensamientos negativos, tienen herramientas para redirigir su atención hacia aquello que sí pueden controlar".

Finalmente, el fin último de este hábito no es la infalibilidad, sino la resiliencia. “Al final, el objetivo no es convencerse de que todo va a salir perfecto. Es recordarse que, pase lo que pase, uno tiene recursos para intentarlo, adaptarse y volver a levantarse si algo no sale como esperaba. La clave está en que el mensaje genere confianza y seguridad, no que parezca un eslogan aprendido de memoria. Porque el diálogo interno más útil no es el que suena más bonito, sino el que realmente eres capaz de creer cuando más lo necesitas”, concluye la especialista.

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Guía práctica: cómo entrenar tu voz interior en 3 pasos

Hablarnos bien es una habilidad que se aprende. Aunque no es un cambio que ocurra de un día para otro, ganar consciencia sobre tu voz interior es el primer paso para transformar esos mensajes limitantes que te frenan en el día a día. Para comenzar a ponerlo en práctica, la experta nos sugiere seguir estas tres sencillas pautas:

  • Detecta cómo te hablas cuando algo sale mal. El primer paso requiere autoobservación. "Muchas personas descubren que jamás le hablarían a un amigo como se hablan a sí mismas. La pregunta es sencilla: ¿Le dirías eso a alguien a quien quieres? Si la respuesta es 'no', ¿por qué te lo dices a ti?”, reflexiona la coach.
  • Sustituye la crítica por un mensaje que te ayude a avanzar. No busques la perfección, busca la utilidad. "Se trata de cambiar un pensamiento que bloquea por otro que sea más útil. Por ejemplo, sustituir un ‘no voy a ser capaz’ por un ‘voy a hacerlo lo mejor que pueda’ o un ‘me he equivocado’ por un ‘¿qué puedo aprender de esto?’. El objetivo no es pensar en positivo a toda costa, si no hablarte de una forma que favorezca la acción en lugar del bloqueo”, detalla la especialista.
  • Entrénalo antes de los momentos importantes. La constancia es el secreto del éxito a largo plazo. Al respecto, Teresa Herrero concluye: "Igual que un deportista no empieza a entrenar el día de la competición, el diálogo interno tampoco se improvisa cuando aparece la presión. Es útil reservar estas frases para momentos concretos, como antes de una reunión importante, una entrevista de trabajo, una competición, un examen o una conversación difícil. Con el tiempo, ese tipo de mensajes empiezan a formar parte de nuestra forma habitual de pensar". 
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Al final, igual que entrenamos el cuerpo para responder mejor ante un reto físico, también podemos entrenar nuestra mente para afrontar con mayor confianza los desafíos del día a día. La forma en la que nos hablamos no solo influye en cómo nos sentimos. También condiciona cómo actuamos, cómo afrontamos los errores y la confianza con la que decidimos seguir intentándolo. "Al final del día es clave recordar que la confianza no consiste en pensar que nunca vas a fallar. Consiste en recordar que, aunque falle algo, tendrás recursos para volver a intentarlo", sentencia la experta.