"No me pongas mucho aceite porque engorda". "¿Torreznos? No, son lo peor". "No compres queso, ni carne, que tienen mucha grasa…". Según los nutricionistas, deberíamos darles una vuelta a estas frases tan comunes. Te contamos por qué y cómo conseguir que las grasas sí sea buenas para ti.
Efecto saciante
Ángela Quintas, química especializada en nutrición, explica que las grasas son "un macronutriente esencial que el cuerpo utiliza como fuente de energía". Forman parte de nuestras células, del cerebro y del sistema nervioso; intervienen en la producción de hormonas y permiten absorber vitaminas fundamentales como la A, D, E y K. Además, cuando son de calidad, ayudan a regular la inflamación y a que nos sintamos saciadas.
No engordan
Nuestro cuerpo no funciona como una suma automática de lo que comemos. "No es decir 'como grasa, acumulo grasa'", indica la dietista y nutricionista Paloma Quintana. Los alimentos aportan nutrientes y estos envían señales que en el caso de las grasas "saludables" son positivas. Ayudan a que no estés inflamada y hacen que comas menos. De hecho, cuando las eliminamos de forma drástica puede ocurrir justo lo contrario de lo que buscamos. "En dietas muy bajas en este nutriente se ha visto que el cuerpo termina acumulando más grasa", explica Quintana. Esto ocurre porque interpreta que le falta este componente esencial y, además, comemos peor. Por eso las grasas deben formar parte de tu dieta. Pero ojo al detalle: tienen que ser buenas.
Existen distintos tipos
"Encontramos las grasas saludables en el aceite de oliva, el pescado azul, los frutos secos, las semillas o el aguacate", enumera Quintas. Son las que deberían formar parte habitual de tu día a día. Protegen el corazón, ayudan a regular la inflamación y favorecen un metabolismo más estable. Después están las saturadas, presentes en carnes grasas, embutidos o mantequilla. "No son veneno, pero tampoco deben ser la base de la alimentación", aclara la experta. Finalmente, las trans: ultraprocesados, bollería industrial, snacks, fritos de mala calidad… son las que conviene evitar. Y ¿qué ocurre con caprichos grasos como los torreznos? No pasa nada por comerlos de vez en cuando. "Eso sí, mejor de buena calidad, como los de cerdo ibérico y cocinados en su propia grasa", concluye Quintana
¿Qué más debes saber?
Las grasas saludables ayudan a mantener la estructura de las neuronas y eso mejora el ánimo, la memoria y la concentración.
Consejos de experta (con Paloma Quintana, dietista-nutricionista):
- Escoge pescados pequeños. Cuanto más lo sea, más sano: caballa, boquerones o sardinas aportan omega 3 y grasas saludables.
- Carnes de calidad. No descartes la grasa de la ternera o del cerdo ibérico. Si son de buena calidad, aportan grasas necesarias y sabor, haciendo la dieta más agradable y sostenible.
- Evita la oxidación. No calientes demasiado los aceites vegetales y trata de no reutilizarlos porque se degradan y generan compuestos dañinos que favorecen la inflamación. Además, cada vez que reutilizas el aceite se multiplican las sustancias malas.
- Aceite de oliva, el rey. Aliña con "oro líquido" ensaladas, añade un chorrito a tus huevos o cremas y úsalo en crudo. Dos cucharadas soperas son suficientes para beneficiarte.
- Frutos secos, sí. Almendras, nueces, anacardos… "Inclúyelos en tu alimentación algunos días a la semana, pero con una condición: que sean naturales y sin fritura. Son una fuente saciante de grasas buenas y nutrientes esenciales".






