Estas son las vitaminas que debes tomar durante la menopausia para mejorar la salud de tus huesos


Nuestra experta te cuenta cómo prevenir la osteoporosis que afecta al 30% de las mujeres mayores de 50


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23 de marzo de 2026 a las 7:00 CET

Ayer fui a hacerme unos análisis y tengo miedo de ir a recogerlos. ¡Oh! ¿Qué ha pasado? ¿Es posible que tenga principios de osteoporosis? ¿Qué me está sucediendo? Siempre me dejo para el último momento y, esperando el instante perfecto para cuidarme, el tiempo se me pasó.

Nuestros huesos están vivos, igual que nuestra masa muscularEstán en un proceso constante de destrucción y reconstrucción en el que las células óseas se renuevan de manera continua, hasta reemplazar gran parte de nuestro esqueleto aproximadamente cada diez años.

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A partir de los treinta años comienza una pérdida progresiva de masa ósea —entre un 0,5 y un 1 % anual— que suele acelerarse durante la perimenopausia. En esta etapa también puede aparecer una disminución de la masa muscular, conocida como sarcopenia, un proceso que debilita aún más la estructura ósea. Estos cambios forman parte del paso del tiempo y del envejecimiento hormonal, aunque su impacto depende en gran medida del estilo de vida, especialmente del nivel de actividad física. Lamentablemente, alrededor del 30 % de las mujeres españolas mayores de cincuenta años son diagnosticadas con osteoporosis.

La osteoporosis se caracteriza por una disminución de la densidad mineral ósea y por un deterioro de la microarquitectura del hueso, lo que aumenta su fragilidad y el riesgo de fracturas. Es más frecuente después de la menopausia debido a la reducción de los estrógenos, hormonas que regulan el equilibrio entre las células que destruyen hueso (osteoclastos) y las que lo forman (osteoblastos). Cuando este equilibrio se altera, la destrucción ósea supera a la formación y se produce una pérdida progresiva de masa ósea.

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Osteoporosis: ¿es tan temible como dicen?

Las cifras sobre osteoporosis suelen ser alarmantes: un gran número de mujeres tiene riesgo de sufrir fracturas, especialmente de cadera, columna o muñeca, lo que puede afectar seriamente la movilidad e incluso la esperanza de vida. Sin embargo, es importante aclarar algo fundamental: tener huesos frágiles o perder masa muscular no es una consecuencia inevitable de la menopausia.

Los cambios hormonales pueden favorecer cierta pérdida de masa muscular y una redistribución de la grasa hacia el abdomen, especialmente en mujeres sedentarias. Sin embargo, estos cambios no son exclusivos de esta etapa, ya que también pueden aparecer durante la etapa fértil o en mujeres sometidas a un exceso de carga física.

Hoy sabemos que la salud ósea depende de múltiples factores que van más allá del estado hormonal. El ejercicio —especialmente el trabajo de fuerza—, una adecuada ingesta de calcio, vitamina D y proteínas y el cuidado del estilo de vida desempeñan un papel esencial en la remodelación del hueso. Además, durante la posmenopausia no desaparecen por completo los estrógenos: predomina otro tipo, la estrona, que también participa en el metabolismo óseo. La progesterona parece intervenir en la formación del hueso vertebral desde etapas tempranas de la vida, mientras que la densidad del fémur depende en mayor medida de la disponibilidad de calcio y vitamina D.

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Qué debilita los huesos

Durante muchos años se pensó que la osteoporosis era principalmente una consecuencia directa de la disminución de estrógenos tras la menopausia. Sin embargo, la investigación actual muestra que se trata de un proceso mucho más complejo. Hoy se entiende como una enfermedad multifactorial e integrativa, en la que intervienen numerosos sistemas del organismo a lo largo de la vida.

Diversos factores pueden debilitar los huesos con el paso del tiempo. La edad y la predisposición genética influyen, pero también lo hacen múltiples condiciones médicas. Enfermedades endocrinas, alteraciones de la tiroides, problemas en las glándulas suprarrenales o desequilibrios hormonales previos a la menopausia —como la amenorrea hipotalámica o el exceso de prolactina— pueden afectar al metabolismo del hueso. Del mismo modo, trastornos digestivos o enfermedades gastrointestinales pueden impedir la correcta absorción de nutrientes esenciales para la formación ósea.

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La nutrición juega un papel clave. Una dieta pobre en calcio, vitamina D y otros minerales importantes —como fósforo, silicio o magnesio— puede favorecer la desmineralización del hueso. Algunas enfermedades digestivas, gastritis crónica o cirugías que afectan al estómago o al intestino también pueden dificultar la absorción de estos nutrientes. Asimismo, el uso prolongado de ciertos medicamentos, como corticoides, inhibidores de la bomba de protones o inhibidores de la aromatasa, se ha asociado con una mayor pérdida de densidad ósea.

El metabolismo de la glucosa es otro factor relevante. La hiperglucemia crónica, frecuente en la resistencia a la insulina o en la diabetes, puede alterar directamente las células del hueso. En estas condiciones se forman productos de glicación avanzada (AGEs) que se depositan en el colágeno óseo, volviendo el hueso más rígido y frágil. Además, los niveles elevados de glucosa favorecen la inflamación crónica y el estrés oxidativo, procesos que estimulan la resorción ósea y aumentan la pérdida urinaria de minerales como calcio y magnesio.

A todo ello se suman factores ambientales y de estilo de vida. El sedentarismo, el consumo de tabaco o alcohol, la falta de ejercicio de fuerza y la exposición prolongada a metales pesados o disruptores endocrinos pueden contribuir al deterioro del tejido óseo. Finalmente, el metabolismo del calcio depende de un delicado equilibrio hormonal en el que participan la hormona paratiroidea (PTH), la vitamina D activa, la calcitonina, las hormonas tiroideas y la insulina.

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Los suplementos que mejoran la salud de tus huesos

La salud ósea durante la menopausia no depende de un solo nutriente. Diversas vitaminas y minerales trabajan en conjunto para mantener la densidad y la resistencia del hueso, regulando procesos como la mineralización, la inflamación y el equilibrio entre las células que forman y destruyen tejido óseo. Durante esta etapa puede ser útil prestar especial atención a algunos nutrientes clave.

  • Vitamina K2 (1-100 mcg/día). Puede interactuar con medicamentos anticoagulantes, por lo que en estos casos debe consultarse con un profesional sanitario.
  • Vitamina D (800 UI/día como mantenimiento; hasta 4000-5000 UI/día en caso de déficit bajo supervisión). Es esencial para la absorción intestinal del calcio y el mantenimiento de la densidad mineral ósea.
  • Vitamina C (1000-3000 mg/día). Es esencial para la absorción intestinal del calcio y el mantenimiento de la densidad mineral ósea.

Además de las vitaminas, existen otros nutrientes y compuestos que pueden contribuir al mantenimiento del tejido óseo y muscular:

  • Proteínas (aprox. 1–1,2 g/kg de peso corporal/día). Forman parte de la matriz estructural del hueso y ayudan a mantener la masa muscular, que protege la densidad ósea.
  • Calcio (aprox. 1000 mg/día). Mineral esencial para la mineralización del hueso. Siempre que sea posible se recomienda priorizar su obtención a través de la alimentación.
  • Magnesio (400–600 mg/día). Participa en la activación de la vitamina D y en múltiples procesos relacionados con la mineralización ósea.
  • Manganeso (1,8–3 mg/día) Contribuye a la formación de tejido conectivo y al metabolismo óseo.
  • Zinc (1,8–3 mg/día): Participa en la renovación del tejido óseo y en la actividad de los osteoblastos.
  • Omega-3 (1000–3000 mg/día):  Ayudan a mantener un entorno antiinflamatorio que favorece la salud del hueso.
  • Lactoferrina (100–250 mg/día):  Proteína con propiedades inmunomoduladoras que en estudios experimentales ha mostrado estimular la actividad de los osteoblastos y reducir la de los osteoclastos.
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REFERENCIAS

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