Organizar escapadas con amigos es, a medida que crecemos, mucho más complicado, pues cada uno tiene su vida y circunstancias. Cuadrar agendas puede resultar una tarea titánica. Esto, sumado al creciente interés por descubrir nuevos destinos y, en algunos casos, el miedo a viajar solos, ha favorecido el crecimiento del conocido como social travelling, o lo que es lo mismo: viajes organizados en grupo con desconocidos. Sobre el papel esta parece una opción ideal para sumar experiencias, pero, ¿compensa económicamente? ¿es una alternativa para todo tipo de viajeros? ¿tiene perspectiva de futuro?
En el mercado actual existen numerosas agencias cuyos servicios permiten que nadie ‘se quede con las ganas’ y que la falta de compañeros de aventuras no sea una excusa para disfrutar de aquello que más les gusta, viajar. Una de las primeras en salir fue WeRoad, compañía creada por Paolo de Nadai y Fabio Bin en 2017 en Italia que nació de la necesidad de conectar personas, culturas e historias. Esta no se define como una agencia de viajes al uso, sino como una que cubre la necesidad de socializar y generar nuevas amistades.
Nos vemos por el mundo es el sueño de Alba Izquierdo, una aventurera que decidió dejar su puesto en la oficina de un banco para trabajar en una empresa de viajes, hasta que la pandemia le arrebató su trabajo soñado, pero la impulsó a crear su propia agencia y vivir de lo que realmente le hace feliz.
Qué incluyen y qué no
La fórmula general de estos viajes suele ser similar. Se establecen franjas de edad y se definen los destinos por el tipo de visita a realizar: cultural, naturaleza, de ocio... En los días previos a la salida se crea un grupo de WhatsApp para que los participantes comiencen a interactuar y para facilitar la comunicación una vez se llega a destino. Normalmente, estos paquetes incluyen el alojamiento en habitaciones compartidas, en algunos casos con la posibilidad de escoger dormitorio privado con un incremento sobre el precio base; actividades en destino, algunas comidas y la compañía de un coordinador.
El problema es, más bien, lo que no incluye. En primer lugar, en muchos casos hay que poner un bote que suele rondar los 200 euros para pagar cosas como propinas y otras actividades. A esto hay que sumarle las comidas o cenas que no se especifiquen y, lo más importante, los billetes de avión. Todo esto lleva a la primera pregunta, ¿realmente compensa? En el caso de los vuelos tener que cogerlos en fechas preestablecidas sin flexibilidad aumenta el importe de los mismos y en muchos casos reduce las posibilidades de escoger según qué aerolínea. Ante esto, Stefano Arossa, commercial regional manager de WeRoad, indica que la realidad es que no es tan caro si se calcula lo que costaría realmente el viaje por cuenta propia. Respecto a los vuelos, añade que "esto permite que cada viajero elija su aeropuerto de salida y aproveche las ofertas de aerolíneas, sin estar limitado a un único punto de partida. Al final, esto también facilita que personas de distintas ciudades, incluso de diferentes países, puedan unirse al mismo viaje".
En el caso de Nos vemos por el mundo, no se trata de una cuestión económica o de escoger esta porque sea más barata. Su fundadora apunta que "quien nos elige no busca lo más barato, busca lo que le haga sentir algo. Ofrecemos flexibilidad porque cada viajero es distinto, pero lo importante no es eso, sino la experiencia que hay detrás: el acompañamiento, la cercanía y el acceso a una forma de viajar mucho más auténtica. Muchos vienen por el destino, pero repiten por cómo se han sentido durante la experiencia. Eso no se puede empaquetar en un precio".
¿Una propuesta con futuro?
Si bien muchos viajeros pueden sentir cierta reticencia a estas propuestas, las principales compañías coinciden en que han visto incrementada la demanda en el último año y esperan que siga al alza los próximos. "Ha crecido de una forma muy bonita, a través de personas que ya han viajado con nosotros. El boca a boca está siendo clave, cuando alguien vive algo especial, lo comparte. Creo que cada vez son más los que buscan viajes que les aporten algo más que fotos y ahí es donde nosotros encajamos", explica Alba Izquierdo.
Por su parte, Arossa considera que "tiene mucho sentido que siga creciendo, especialmente porque está muy ligado a cómo viaja la generación millennial. Es una generación que valora mucho las experiencias, pero también tiene un estilo de vida bastante flexible: amigos repartidos por distintas ciudades, agendas difíciles de coordinar y una tendencia clara a no querer posponer planes. Si quieren viajar, lo hacen. Aquí es donde este formato encaja perfectamente. Les permite decidir sin depender de nadie, pero sin renunciar a compartir el viaje con otras personas que están en la misma situación. Aunque es una generación hiperconectada buscan cada vez más espacios donde la conexión sea real y un viaje así, donde se comparten varios días, planes y experiencias fuera de la rutina, lo facilita mucho".
¿Cuál es el perfil del viajero que reserva?
Antes de decantarse por una opción u otra es importante hacer una buena búsqueda, pues para estar cómodo y que la experiencia resulte positiva lo mejor es encontrar grupos con edades similares e intereses afines, porque no es lo mismo viajar con quien está interesado en la parte más cultural de un destino, que quien busca descubrir su naturaleza u ocio nocturno.
Para WeRoad, los clientes son en su mayoría millennials y adultos jóvenes, de entre 25 y 49 años y la gran parte son mujeres. "En España, el 60% de la comunidad activa es femenina. Ellas eligen este formato porque les permite viajar sin tener que coordinar con amigos o pareja", destaca Stefano. Por su parte, Alba considera que "más que un perfil concreto, son personas que no quieren viajar para tachar destinos, sino para vivirlos. Gente que quizás viaja sola, pero no quiere sentirse sola".
Más pros que contras
Si bien se pueden encontrar pegas como tener que compartir habitación o los costes extra que inflan la factura total, parece que la experiencia de las compañías y de sus usuarios revela más ventajas. "Por ejemplo, una aventura por carretera en Estados Unidos o Islandia puede ser muy cara si viajas solo o en pareja, pero unirte a un grupo permite compartir gastos, como el alquiler del coche", explica Arossa. A esto se le suma el hecho de que todo esté organizado de antemano, lo que permite olvidarse de la planificación y de tener que hacer una búsqueda previa de restaurantes, puntos de interés... Además, en algunos casos se cuenta con guías locales que permiten explorar cada lugar a fondo. “Trabajamos con personas locales de confianza, creamos grupos muy cuidados y pasan cosas que no están en ningún programa, cenas especiales, momentos inesperados y conexiones reales. Y hay algo clave: yo estoy aquí, no es una agencia que organiza desde fuera, sino una experiencia que acompaño desde dentro", añade Izquierdo.
A veces, el miedo, la vergüenza o la inseguridad hace que muchas personas pierdan oportunidades o que no cumplan algunos de sus sueños, por lo que otro punto muy importante es que estas escapadas ayudan a salir de la zona de confort, a ponerse a prueba y a conocerse mejor.









